El camino que lleva a lo que antaño fue la opulenta sede de la Academia de Bellas Artes de Cádiz es un lúgubre laberinto entre puntales de obra, escaleras deterioradas que suben y bajan, cajas y muebles embalados. Es la única forma segura de llegar a unas estancias en las que ya no hay ni rastro de esas lámparas de cristal que iluminaban su centenaria colección de esculturas, pinturas, grabados y el compendio bibliográfico artístico más importante de la ciudad. Todo sigue empaquetado y trasladado desde hace ocho años, ante el temor de que el edificio que lo alberga —la antigua Escuela de Artes y futura zona de ampliación del Museo Provincial— colapse.. Seguir leyendo
La institución centenaria, custodia de un valioso patrimonio de grabados, pinturas y esculturas, lleva ocho años desalojada de una sede que amenaza ruina
El camino que lleva a lo que antaño fue la opulenta sede de la Academia de Bellas Artes de Cádiz es un lúgubre laberinto entre puntales de obra, escaleras deterioradas que suben y bajan, cajas y muebles embalados. Es la única forma segura de llegar a unas estancias en las que ya no hay ni rastro de esas lámparas de cristal que iluminaban su centenaria colección de esculturas, pinturas, grabados y el compendio bibliográfico artístico más importante de la ciudad. Todo sigue empaquetado y trasladado desde hace ocho años, ante el temor de que el edificio que lo alberga —la antigua Escuela de Artes y futura zona de ampliación del Museo Provincial— colapse.. “Lo que defendemos es volver, pero lo que vemos es otra cosa bien distinta”, resume el director de la entidad, el fotógrafo Pablo Juliá, rodeado de las inmensas librerías del siglo XIX que componían toda su biblioteca, reubicadas ahora en otra zona del edificio más segura, pero también inaccesible a visitas. Fue a finales de 2018 cuando el delicado estado del inmueble que es su sede desde principios del siglo XIX obligó a la institución a embalar y desmontar todo su patrimonio y trasladarlo a una ala sin riesgo de colapso, donde permanece desde entonces guardado y sin acceso.. La institución mantiene, como puede, su actividad cultural en una sede cedida por el Ayuntamiento desde 2024. Pero la incapacidad de recurrir a la mayor parte de su amplia colección artística y bibliográfica atesorada en 238 años de historia cercena buena parte de la operatividad de la Academia. “Nos vemos obligados a rechazar una cantidad de peticiones de investigadores por no poder acceder a los fondos”, critica Juliá, apesadumbrado, mientras organiza la mudanza parcial de una limitada parte del patrimonio a esa sede municipal. Entre los bienes embalados se encuentra, además de todo su vasto patrimonio bibliográfico y documental, vaciados de yeso de esculturas clásicas encargadas a Roma en el siglo XVIII, valioso mobiliario antiguo, las pinturas que decoraban los techos de sus salas y diversas obras de artes plásticas que van desde el siglo XVIII hasta el siglo XX, como el medio centenar de obras de vanguardia realizadas en 1966 por diversos artistas como homenaje al poeta Rafael Alberti.. Pablo Juliá, presidente de la Real Academia Provincial de Bellas Artes de Cádiz, en la estancia que habría sido su despacho en la sede hoy abandonada. En su móvil, el estado anterior de la oficina.Fernando Ruso. Todo ese ingente patrimonio se atesoraba expuesto en las cuatro salas que la Academia tiene en la antigua Escuela de Arte, desde 1838. La institución llegó a ese lugar desde el Palacio de los Marqueses de Recaño, su sede fundacional en 1788, cuando el Ayuntamiento de Cádiz le ofreció trasladarse allí, después de que la Desamortización de Mendizábal dejase libre parte del antiguo convento franciscano de Cádiz. Esa mudanza fue, con los años, el germen del actual Museo Provincial de Cádiz —cuya colección de bellas artes procede, en parte, de fondos que le llegaron a la Academia en aquellas exclaustraciones—. El edificio quedó destinado en sus dos terceras partes al Museo y a la sede de la institución y la Escuela de Arte de la ciudad en el otro tercio. Hace 36 años ya que todo ese ala del inmueble está proyectado también como una ampliación del Museo que nunca llega a ejecutarse.. De hecho, la Academia es el último inquilino que queda en esa parte deteriorada del edificio, después de que la Junta de Andalucía trasladase el Conservatorio y la Escuela a un inmueble de nueva planta. En su origen, los planes pasaban porque ese edificio gestionado por la Junta, pero de antigua titularidad municipal, se rehabilitase para ese nuevo uso museístico compartido con la Academia con la inversión del Ministerio de Cultura, propietario de la colección museográfica provincial. Pero sin plan de intervención a la vista a corto plazo, el espacio languidece y la institución cultural contempla desesperada el atolladero en el que anda inmersa. “Parece que se ha perdido el interés”, se queja Juliá.. La Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía asegura que esa añorada ampliación del Museo “es una cuestión de la voluntad política del Ministerio de Cultura”, al que conmina a avanzar en “resolver administrativamente la fórmula para intervenir en el edificio”. Pero desde el Ministerio explican que acaban de invertir 735.000 euros en las obras de las dos monteras del edificio —después de años de atrasos por problemas de filtraciones— y que la segunda acción prevista es “la renovación de la museografía de la Casa Pinillos”, un inmueble cercano que lleva desde que se inauguró en 2012 esperando esa inversión para funcionar también como extensión del Provincial. “Dada la inmediatez de las elecciones en Andalucía, una vez se forme el nuevo gobierno nos reuniremos con la Consejería para retomar la coordinación en cuanto al Museo de Cádiz y al resto de intervenciones del Ministerio en la comunidad”, aclaran desde la Administración estatal, mientras resaltan la voluntad de colaborar en las demandas que le transmita la región.. El mobiliario y muchas de las obras de la histórica sede de la Real Academia Provincial de Bellas Artés de Cádiz empaquetado en una de sus estancias.Fernando RusoEl mobiliario y muchas de las obras de la histórica sede de la Real Academia Provincial de Bellas Artés de Cádiz empaquetado en una de sus estancias. Fernando RusoEstado actual de la biblioteca de la Real Academia Provincial de Bellas Artes de Cádiz, un valioso fondo histórico hoy inaccesible por el abandono de su sede. Fernando RusoEstado actual de la biblioteca de la Real Academia Provincial de Bellas Artes de Cádiz, un valioso fondo histórico hoy inaccesible por el abandono de su sede. Fernando Ruso. Lejos de esa cuita entre despachos, Juliá y el académico y exdirector del Museo, Juan Alonso de la Sierra, levantan un enorme plástico que actúa casi de telón. Al otro lado, decenas de esculturas clásicas de yeso aguardan un destino definitivo. “Se encargaron a la Embajada de España en Roma en el siglo XVIII para la enseñanza y llegaron por mar. Hay que tener en cuenta que la Academia tenía mucho dinero en una ciudad pujante y cosmopolita”, aclara Alonso de la Sierra, historiador del arte y autor, junto a su hermano Lorenzo, de los mejores tratados contemporáneos de patrimonio artístico de la ciudad. Una planta arriba, en otra antigua clase de la Escuela, un enorme entarimado protege las pinturas que decoraban el techo de una de sus salas, realizadas por la pintora decimonónica Alejandrina Gessler, conocida como Anselma.. El periodo presente de aletargamiento impuesto a la Academia por el preocupante estado de su sede contrasta con ese pasado fulgurante. Creada en el mismo furor clasicista en el que nació la de San Fernando de Madrid, la de Cádiz pronto entendió que aquello de ser “escuela de las tres nobles artes, arquitectura, pintura y escultura”, como rememora Alonso de la Sierra, también era una forma de poder. De ahí que, en su fundación, los gaditanos decidiesen fichar desde Roma al principal alumno del pintor Mengs, Domingo Álvarez Enciso, responsable de esa primera promoción de 1789 en la que se inscribieron 400 alumnos.. Luego, en la primera mitad del siglo XIX, vendría Nicolás de la Cruz y Bahamonde, conde de Maule y mecenas clave para enriquecer el patrimonio de la institución. También, el arquitecto neoclásico Torcuato Benjumeda, autor de algunos de los destacados edificios religiosos y civiles en la provincia y profesor en la institución. Con cada nuevo ingreso de un artista, “una donación de una pieza”, como añade Alonso de la Sierra. Y así hasta conformar ese valioso patrimonio que ahora espera, sin fecha clara, a poder volver a ser objeto de visitas, estudios e investigaciones, ahora detenidas. Quién le iba a decir a los fundadores de aquella escuela creada para enseñar las nobles artes que todos sus frutos acabarían embalados en decenas de cajas de mudanza.
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