Directora: Alauda Ruiz de Azúa. Con Blanca Soroa, Patricia López Arnaiz, Miguel Garcés.. Empezamos la lista por la película del año para lo bueno y para lo otro, no por fuerza lo malo. El último trabajo de Alauda Ruiz de Azúa acierta a colocarse en el centro de todas las polémicas y todas las conversaciones con su dicción precisa, transparente, casi geométrica. Se cuenta, como ya es de sobra conocido, el cataclismo que vive una familia el día que la hija mayor decide dejarlo todo para abrazar el Todo. Es decir, anuncia su intención de hacerse monja de clausura. La película hace un esfuerzo titánico por la contención, por la exposición equilibrada y casi geométrica. De un lado, una Iglesia que funciona dogmática y casi lasciva aprovechándose de la vulnerabilidad de una joven huérfana. Del otro, la debilidad neurótica de una tía que no entiende y el egoísmo de un padre miserable. Y ahí, en la equidistante ambigüedad, la penitencia de una película tan provocativa como ligeramente tramposa.. Director: Agustín Díaz Yanes. Con Susana Abaitua, Andrés Gertrúdix, Iraia Elias.. El regreso de Díaz Yanes a la dirección recupera la figura de la infiltrada a la vez que acierta a trazar el periplo de la banda terrorista ETA desde los años 90 hasta mediados de los 2000. La película hilvana con una precisión desusada la realidad y la ficción desde el corazón de un thriller modélico, vibrante y hondo. No es repetición, es hondura.. Director: Rafa Cobos. Con Luis Tosar, Jesús Carroza, Teresa Garzón.. El guionista Cobos ha hecho de su primer trabajo a los mandos para el cine (para la tele ya completó El hijo zurdo) un perfecto compendio de todas y cada de las obsesiones que ha perseguido en la escritura siempre pendiente del rastro de sangre que las heridas del pasado dejan en el presente. La historia de dos hermanos en los años 80, cada uno a un lado de la ley y hasta de la moral, sirve para revisar las claves del cine quinqui, de la Transición, de la memoria de todos y del mismo thriller como la metáfora perfecta de los que somos.. Directora: Sara Fantova. Con Olaia Aguayo, Josean Bengoetxea, Ainhoa Artetxe.. Jone, a veces es cine sensual, febril y empeñado en explorar la piel misma tanto de la película como de los que la habitan. Se cuenta la historia de un duelo (o varios) a través de los ojos de su protagonista (Olaia Aguayo). Tras perder a su madre, ahora contempla el lento deterioro de su padre aquejado de Parkinson. Todo discurre en una semana, la semana de la fiesta mayor de Bilbao, y ahí, en la hoguera de la celebración arden pesares, dudas y fiebres. Sara Fantova demuestra su buen hacer en la perfecta combinación de contrastes, en la telúrica exposición de un cine profundamente existencial y exageradamente vivo. Un debut tan consciente de ser debut que todo lo ofrece y todo lo consume. Cine contagioso.. Director: Alberto Morais. Con Laia Marull, Sergi López, Andrés Gertrúdix.. Morais cuenta la más tremenda y agria de las historias, pero desde la mayor (que también es la menor) de las calmas, desde la más acalorada y brutal de las frialdades. La idea de La Terra negra es convocar a los fantasmas de la España rural indomesticable e indomesticada, pero hacerlo desde la severidad brechtiana. Se habla de odios atávicos, de afrentas milenarias y de asesinatos cuya sangre deja una costra de pedernal, pero desde la claridad casi piadosa de una dramaturgia que se niega a sí misma. Morais construye así su historia con el gesto de una leyenda intemporal, un mito sin tiempo que hace de la paradoja su forma de estar en el mundo. Furiosa, emotiva y mundana, pero desde una quietud casi sagrada.. Directora: Avelina Prat. Con Manolo Solo, María de Medeiros, Branka Katic.. La primera película de Prat hablaba de la amistad de dos hombres que encuentran en su despiste mutuo el camino que no buscaban. Uno era búlgaro y el otro no. Ahora se cuenta la historia de otro hombre (siempre hombres) que un buen día se pierde. Como los de antes, pero de otro modo. De repente, sin que medie explicación ni aviso, su mujer se va, le abandona. Lo que provoca que él se invente una nueva vida lejos, en Portugal. Lo que sigue es el relato meticuloso y profundo de un camino de vuelta; un camino de regreso sin que quede claro nunca desde dónde y tampoco adónde. Prat hace de su cine una declaración de principios a favor de algo así como la geometría emocional, el rigor de las sensaciones. Es cine emotivo en su sencillez, claro en su dicción, profundo en su dialogar profundo.. Director: Juan Cavestany.. Fiel a la tradición de un género que tiene en Berlín, Sinfonía de una gran ciudad su referente colosal y clásico, Cavestany reconstruye el alma perdida de Madrid desde sus gestos más mínimos. La cámara navega entre los fantasmas escondidos en mercerías sepultadas, en video-clubs a punto de convertirse en puro polvo, en tiendas de muelles (que las hay), en las zapaterías de siempre, en los comercios más diversos de nunca jamás y en las formas y almas de las palabras que visten los letreros. Hay nostalgia, pero, y sobre todo, lo que importa es el reconocimiento, el reencuentro, la vida de todo aquello lo que resiste.. Director: Fernando Franco. Con Julia Martínez, Diego Garisa, Nacho Sánchez.. El plano secuencia del inicio a un paso del simple vértigo y roto por un accidente al que sigue una muerte da la pauta. Lo que sigue es un drama familiar tenso hasta el límite mismo de lo asumible, febril, profundo y esclarecedor en su más ferviente oscuridad.. Imagen de Una ballena.. Director: Pablo Hernando. Con Ingrid García Jonsson, Ramón Barea, Kepa Errasti.. La película confirma a su director con trabajos anteriores como Esa sensación o Berserker como una de las voces más peculiares del panorama de aquí. Y bastante del de allí, todo sea dicho. La historia de una asesina a sueldo casi indetectable de puro invisible da para un relato entre el Neo-noir, la fantasía y el costumbrismo muy cerca de la simple hipnosis. Además, hay monstruos.. Director: Jaume Claret Muxart. Con Jan Monter, Nausicaa Bonnín, Jordi Oriol.. Extraña y furiosamente poética, el debutante Claret Muxart describe el despertar sexual de un adolescente con una claridad por momentos cegadora y subyugante tan perfectamente real como imaginada, tan bella como turbadora. Sin duda, la opera prima española del año.. Directora: Irati Gorostidi. Con Maite Muguerza Ronse, Óscar Pascual López, Aimar Uribesalgo Urzlai.. Irati Gorostidi nos invita a repensar lo ya olvidado, lo que pasó en los años ochenta en España cuando, no tan de repente, el país se vio camino de una democracia. O mejor, se vio liberado de una dictadura y ante las posibilidades infinitas de un tiempo nuevo. Aro berria (Nueva era en euskera) cuenta la historia casi verídica (mucho de lo narrado pasó realmente y hasta les pasó a los padres de la directora) de unos jóvenes obreros que, tras intentar una huelga revolucionaria, se lanzaron al más radical de los experimentos: construir una vida nueva en una comuna que vino a llamarse Arco Iris. Merced a la fotografía sensitiva y artesanal de Ion de Sosa, la película posee la textura documental del metraje encontrado para no solo reproducir lo más fielmente posible el pasado, sino para reconstruir la emoción y la pasión misma de un sueño deslumbrante con todas sus aristas y, obviamente, todos sus errores. Lejos de ofrecer una lectura complaciente de un pasado idealizado y, mucho menos, una visión resentida por una aspiración truncada, Aro berria sorprende por su claridad y su vocación de presente.. Imagen de Ciudad sin sueño.. Director: Guillermo Galoe. Con Antonio Fernández Gabarre, Bilal Sedraoui, Jesús Fernández Silva, Deborah Vargas Torosio.. En Ciudad sin sueño (película y poema de Lorca a la vez) los personajes se dan vida a sí mismos. Todo en ella es fabulación y, sin embargo, perfectamente real. Los personajes de Ciudad sin sueño son unos fuera de la ley, en su sentido mítico y de western, a los que la sociedad y sus reglas les han colocado del otro lado, en la más cruel y rutinaria de las acepciones. Rodada en la Cañada Real, Ciudad sin sueño es en verdad la historia de Toni, un chaval de 15 años, que contempla con los ojos abiertos de par en par el viejo enfrentamiento entre lo nuevo (sus padres quieren otra vida en un piso de protección oficial) y lo viejo (su abuelo es el último ya de una estirpe que, y pese a todo, se sabe libre). También es la historia de un galgo, y de una deuda difícil de saldar, y de la memoria de un barrio (pues eso es) entero. Y desde ahí, Galoe compone un western realista, vibrante y nuevo que navega entre la ficción y la fabulación, entre lo que se cuenta y lo que nos cuenta. Una película con los ojos abiertos que, lejos de estar ahí para ser contemplada, nos mira, nos hace dudar y nos hasta nos desnuda.. Director: Adrian Orr.. La protagonista es Sara Toledo. Protagonista en la vida real y fabulada, en la imaginación y fuera de ellas. Cuando empieza la película estudia para la Evau y está a punto de cumplir 17 años. Cuando acabe todo, tendrá 23. Más de cinco años le ha llevado a Orr completar este prodigio. Por el camino, Sara se tropieza con un grupo de teatro y ahí descubre un universo vetado (que no solo distinto) al día a día de sus amigos y de la mecánica, llamémoslo así, de los barrios del extrarradio de las grandes ciudades. A nuestros amigos es claramente una película política por lo que tiene de revelación de una sociedad mal construida, injusta, cruel con la mayoría y extremadamente amable con los responsables de la injusticia. Se habla de desclasamiento y de clase obrera, se habla de la memoria de los cuerpos y de la dificultad de arrancar de sí el estigma de la pobreza. Y por ello, A nuestros amigos importa y es importante. Pero aún lo es más por la voz y la posición que adopta, que no es la de la admonición condescendiente o la del caritativo empático. No, A nuestros amigos crece ante la mirada como una provocación de cine veraz, impulsivo, colectivo y emocionante. Sin duda y desde ya, el más bello secreto del año.. Director: Nacho Vigalondo. Con Henry Golding, Beatrice Grannò, Aura Garrido.. Daniela Forever no es una película al uso, es la más brillante, y dolorosa también, representación de una película soñada. Un experimento clínico le ofrece a un hombre la posibilidad de regresar de entre los muertos a su amante en forma de sueño. En la vigilia, el personaje al que interpreta Henry Golding con más autoridad que empatía sufre la ausencia de su amor, una magnética Beatrice Grannò. La herida del duelo, a su manera terrible, también es una forma de amar. Insoportable sin duda, pero también irrenunciable. Mientras sueña, en cambio, todo vuelve a ser como nunca fue y nunca será en un universo perfecto de, precisamente, sueños cumplidos, de deseos satisfechos y de amor completo y sin fugas. Es decir, indeseable en su perfección. El sueño, en efecto, no es más que la pesadilla a la aboca el mismo sueño, el deseo sin la posibilidad del deseo mismo. Y así sigue un laberinto que revista Vértigo de Hitchcock de manera tan íntima y reconocible como insólita. Tan resplandeciente como turbia.. Directora: Belén Funes. Con Antonia Zegers, Elvira Lara, Mamen Camacho.. Tras la muerte del padre y marido, una hija (Elvira Lara) y una madre (Antonia Zegers) sobreviven en Barcelona. Cada una a su modo, son de fuera. Quizá como todos. La familia por parte del padre es toda ella de Jaén. La madre es chilena y se esfuerza como taxista en que las cosas funcionen. Pero cuesta. Cuesta ganar lo suficiente para pagar el alquiler en una nueva casa después de ser expulsadas de donde viven. Cuesta pagar los estudios en la facultad de Comunicación Audiovisual. Cuesta el desarraigo. Cuesta el dolor de la pérdida. Cuesta la humillación diaria. Cuesta todo lo que cuesta, que es, básicamente, todo. Belén Funes construye la película por capas y deja que la propia estructura por fuerza barroca de todas las historias que se cruzan, se contradicen y se soportan unas a otras asalten la mirada del espectador. Por momentos, Los Tortuga demanda para sí un misterio mágico entre realista y solo iluminado. A ratos, la pantalla adquiere la textura casi física de clásicos casi olvidados del cine español como La piel quemada, de José María Font. En algunos instantes, las historias, todas ellas, detienen su respiración en un soplo prodigioso de luz. Y siempre Los Tortuga se ofrece como un aliento de furia, como una exhalación.. Directores: José Mari Goenaga y Aitor Arregi. Con José Ramón Soroiz, Nagore Aranburu, Kandido Uranga.. Pocas películas tan claras, tan frontales, tan lejos de prejuicios y frases hechas. Toda Maspalomas, desde el primer al último plano, milita en la sinceridad, en la libertad, en el entusiasmo por lo cierto. Y ahí, en el que es el mejor trabajo de los responsables de películas como La trinchera infinita o Marco, se queda a vivir. Maspalomas es una película de amor, pero también lo es de liberación y, apurando, de resistencia. Sí, en tiempos de recortes de derechos básicos, resistir es algo más que simplemente una opción. Se cuenta la historia de un hombre mayor, digamos viejo, que, después de salir del armario contra y a pesar de todos, se ve obligado a volver a él; es decir, se ve de nuevo forzado a esconder su condición de homosexual como tiempo atrás, pero peor. Tras sufrir un ictus y sin recursos después de separarse de su última pareja, al protagonista no le queda otra que volver a la ciudad natal de la que huyó y recluirse en una residencia donde ser gay no parece una opción. De repente, vuelve todo. Todo lo malo. Vuelve el pasado, vuelve la hija que nunca aceptó la revolución personal -llamémoslo así- de su padre, vuelve la propia muerte disfrazada de la tradición, la cultura y la moral que ahora, por lo visto, se lleva en las encuestas. Vivificadora y libre de tabúes.. Imagen de Decorado.. Director: Alberto Vázquez.. El director de Unicorn Wars completa el que es uno de los milagros callados del año. Vázquez insiste en su mundo agobiante y tierno a la vez donde las peores pesadillas duermen al lado de los sueños más adorables. Esta vez se cuenta la historia de un hombre (perdón, ratón) atrapado en una profunda depresión. Sin trabajo, ha perdido no solo la casa, el sustento y las amistades, sino también la mismísima ilusión de vivir. Algo impensable hasta ayer mismo en un dibujo animado. Pero por aquello de que todo lo que es susceptible de empeorar acaba por no decepcionar y empeora, un buen día comienza a sospechar que todo lo que le rodea no es más que una enorme y rutilante farsa. Es decir, todo es mentira. Cuando su mejor amigo muera, las peores sospechas se confirmarán y la paranoia acabará por devorarlo todo. ¿Y si de lo que nos hablara Decorado no es de nada más que del sentido (o sinsentido, mejor) de la vida (o de la muerte, mejor)? Y así, de la extraña unión de lo tierno y lo tétrico surge esencialmente belleza; una belleza melancólica, turbia y muy triste, pero belleza al fin.. Directora: Carla Simón. Con Llúcia Garcia, Mitch, Tristán Ulloa.. Marina (Llúcia Garcia) tiene 18 años y viaja a Galicia desde Barcelona. Allí conocerá a sus abuelos y al resto de una familia con la nunca antes tuvo contacto. Sus padres murieron de sida. Lo que sigue es una película deslumbrante, enigmática, realista y mágica, silenciosa y a la vez ensordecedora; una película que se hace y deshace delante de los ojos del espectador como los recuerdos se forman y se contradicen cada vez que se les invoca. Todo discurre en dos tiempos, alrededor del año 2000 y en los 80. Todo es contemplado por la mirada de una joven que descubre un mundo ajeno que, para su sorpresa, no es nada más que su más personal e íntimo universo. Pero también es una película construida enteramente en la imaginación de la protagonista, en la evocación de unos padres que no conoció, que solo imaginó desde la más profunda añoranza, desde los diarios dejados por su madre, desde el dolor más sentido. Romería es una película que crece con cada visionado, que cuestiona un tiempo, el de la transición a la democracia, e invita a repensar el sentido de cuestiones como la memoria, el perdón y la pérdida.. Imagen de Sirat.. Director: Oliver Laxe. Con Sergi López, Bruno Núñez, Jade Oukid.. ¿Qué es exactamente Sirat? Si hacemos caso a la traducción del árabe, se trata del camino afilado como una cuchilla que conduce al paraíso. Si, en cambio, escuchamos a Oliver Laxe, el director de la producción con ese mismo título, entonces los significados, como los senderos, se bifurcan. ¿Hablamos de una película de ciencia ficción demasiado realista? ¿De un cuento de terror deslumbrado por el sol del desierto? ¿De un drama familiar absurdo? ¿De la perfecta descripción de un tiempo indescriptible? ¿De un western posapocalítpico? En verdad, Sirat es todo lo anterior y su más entusiasta refutación. Sirat cuenta la historia de un padre de apariencia normal que, en el tráfago de un desierto poblado de raveros (los amantes de la fiesta tecno), busca a su hija desaparecida. Mientras los demás saben que andan detrás de nada, él se imagina que sabe exactamente lo que desea y lo que ama profundamente. Su búsqueda es en compañía de su otro hijo menor aún más confundido que él. Pero inocente. Y así, padre e hijo se debaten contra un mundo que no entienden, un paisaje monumental que les ignora y un objetivo que les esquivo. Laxe confecciona así una rara y magnética bomba de relojería que confía en el cine para crear el escenario de una sensación, el espacio de una duda que no acaba. La película discurre por la pantalla a un ritmo y por la conciencia del espectador a otro, mucho más lento, más medido, más profundo. El resultado es una cinta tan profundamente triste, tan obstinadamente cruel, tan pudorosa en el barro que pisa, tan carnal y mística a la vez, tan bella en cada una de sus derrotas que no queda otra que rendirse; rendirse a todas y cada una de sus contradicciones, sus dudas, sus callejones sin salida, sus imposturas y sus detonaciones. Y seguimos sin saber qué es Sirat.. Director: Albert Serra. Con Andrés Roca Rey.. Albert Serra nos propone un documental taurino que, en verdad, no lo es. La idea es acercarse en su sentido más literal a las claves por fuerzas misteriosas que ordenan un arte que también es barbarie; un ejercicio de crueldad que en la misma medida lo es de belleza; un rito rural antiguo que, por su naturaleza, hace chirriar los goznes de la modernidad urbana. Se trata de algo por definición incomprensible que existe solo para dar sentido al verbo dudar. En el centro, Andrés Roca Rey es entregado en sacrificio. El teleobjetivo de la cámara acompaña al matador de toros nacido en Perú por diferentes corridas. Se le ve antes en el tiempo de vestirse y de escuchar en silencio las conversaciones de los otros. Se le ve después en el momento del sudor, de los golpes no curados y de las cogidas que no llegaron a ser convertidas ahora en herida abierta en la memoria. Y en el miedo. Y, sobre todo, se le ve durante, se le ve sobre la arena a la vez completamente desnudo y arropado por oleadas de sudor, erupciones de sangre, volcanes de adrenalina y vendavales surgidos de los pulmones de los toros. Jamás se vio tan cerca, nunca antes se vio tan adentro. Y, no menor, jamás se escuchó tan hondo: desde los resoplidos de los astados al monocorde ritual de halagos de los subalternos. Todo queda a la vista y al oído en su perfecto enigma. Es una película que entusiasma y repele en la misma medida, que seduce y subyuga con la misma fuerza a todos. Pero, sobre todo, es una experiencia que devuelve al cine la sensación de vida que también lo es de, en efecto, muerte.
La Lectura // elmundo
Con Sirat y Los domingos confirmados como los dos fenómenos del año, la que acaba es una temporada pletórica marcada por las reflexiones sobre el pasado, con especial incidencia en la Transición, y con resultados aceptables tanto en taquilla como en reconocimiento en festivales internacionales Leer
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