Durante casi una década, Madame Savoye escribió furiosas cartas a Le Corbusier quejándose de la bellísima villa que le había construido en 1929, el sumum de la arquitectura moderna: «Llueve en el vestíbulo, llueve en la rampa, y el muro del garaje está absolutamente empapado. […] Sigue lloviendo en mi baño, que se inunda con el mal tiempo». Le envió más de 50 misivas y telegramas: «sabes que la casa que has construido es inhabitable», llegó a decirle. Hoy, Villa Savoye es considerada el manifiesto arquitectónico de Le Corbusier, un monumento histórico. Como la Farnsworth House (1951) de Mies van der Rohe en Illinois: una casa de cristal que parece flotar en medio del bosque. Su propietaria, la doctora Edith Farnsworth, la calificó como «una prisión de cristal» con goteras en la que no podía colgar ni unas cortinas y acabó en los tribunales con Mies (aunque ganó él).. Si a sus dueñas ya les parecían incómodas, ¿qué pensarían las asistentas que limpiaban esas viviendas de diseño? Porque… ¿cómo se limpian determinados rincones imposibles de esos edificios a veces más parecidos a una escultura que a una casa? El documental Koolhaas Houselife responde a esa pregunta en otra villa mítica: la casa Lemoine en Burdeos, un prodigio high tech en su momento, que el arquitecto estrella Rem Koolhaas proyectó en 1998. Dos años después ganaría el Pritzker, el Oscar de la arquitectura. Pero aunque Koolhaas sea el autor y dé nombre al documental, la protagonista es Guadalupe Acedo, el ama de llaves extremeña que cuida de la vivienda junto a su marido Vincent, la que sube cual equilibrista por unas minimalistas escaleras de caracol flotantes cargada con el aspirador, el cubo de fregar y el mocho.. Estrenado en 2008, Koolhaas Houselife ya se ha convertido en un film de culto, aunque su distribución se ha reducido a festivales de cine y museos. En su novena edición, el festival DART, especializado en cine y arte, recupera esta joya y la pone al alcance del público en su sede online, la plataforma CaixaForum +,donde estará disponible de forma gratuita durante un mes (algunas copias en DVD alcanzan los 250 euros en internet).. Koolhaas Houselife sentó cátedra en el cine de arquitectura, convirtiéndose en la obra magna de la pareja de cineastas Ila Bêka y Louise Lemoine, de quien el MoMA de Nueva York adquirió su filmografía completa en 2016. El film empieza con los quehaceres matinales de Guadalupe, que con su blusa blanca de topos negros, falda y chanclas de piscina se afana en abrir las pesadas cortinas (algo que le lleva un buen rato:prácticamente toda la pared es de cristal) mientras la soprano Joanna Mongiardo canta el vals Je veux vivre, de la ópera Roméo et Juliette de Charles Gounod y cuya significativa letra es «quiero vivir en este sueño». Al principio todo espectador querría vivir en esa villa futurista de ensueño, en la que ni siquiera hay llaves (la puerta se abre con un joystick: un tubo que se empuja, aunque se estropea cada dos por tres). Por no haber no hay ni paredes.. «No sé como aguanta. Todo es cristal, todo está abierto. Es raro pero aguanta. Está como suspendida. Aunque el arquitecto me lo explique, como no estoy educada en este mundo, no entendería nada», cuenta Guadalupe mientras quita el polvo. Casi todo se estropea en esa flamante vivienda que, en el momento del rodaje, no tenía ni diez años.Un ejército de lampistas, electricistas y técnicos varios la supervisaban constantemente y, aún así, los días de lluvia Guadalupe recurría a cubos, tacitas y ollas recoger el agua de las goteras. «Llevo seis años trabajando aquí y las obras no paran. Acaban de un lado y empiezan en el otro. Es peor que El Escorial, no se acaba nunca», dice en la película, en la que sorprende el inaudito nivel de acceso y libertad de los cineastas. Y es que Louise Lemoine era la hija de su propietario, el empresario Jean-François Lemoine, ya fallecido durante la filmación. Tras un grave accidente de coche, Lemoine quedó parapléjico y encargó a Koolhaas una vivienda específicamente diseñada para él: de ahí el ascensor-plataforma de tres metros en el centro del hogar, que sube del salón al despacho o baja hasta la cocina, toda de hormigón. «Yo habría puesto granito, es más bonito», dice Guadalupe en ese entorno brutalista.. Al final del documental, recordamos a Madame Savoye, cuando los periodistas le preguntaban por la villa que acabó vendiendo y respondía con esa afilada ironía tan de la bourgeoisie parisina: «Es una casa muy bonita… para visitar los domingos».
La Lectura // elmundo
El arquitecto estrella proyectó una villa futurista en Burdeos, pero el ama de llaves sufría sus goteras y fallos. CaixaForum+ estrena el documental ‘Koolhaas Houselife’ en el marco del Festival DART Leer
El arquitecto estrella proyectó una villa futurista en Burdeos, pero el ama de llaves sufría sus goteras y fallos. CaixaForum+ estrena el documental ‘Koolhaas Houselife’ en el marco del Festival DART Leer
