El rapero y cantante de afropop Lil Balil, amenazado de muerte en Somalia por grupos yihadistas por su estilo demasiado occidental; la artista kurda Zehra Dogan, encarcelada por sus dibujos que plasman la brutal destrucción del ejército turco; la popular cantante vietnamita Mai Khoi, exiliada por criticar la censura del Ggobierno comunista; el performer Elyla Sinvergüenza (alias de Fredman Barahona) que usa el transformismo -se inventó un vestido de machetes- para desafiar la represión del presidente Ortega en Nicaragua; Omaid Sharifi, que pintaba murales por los derechos humanos en Kabul, y tuvo que huir de Afganistán antes de que le ejecutaran los talibanes; el disidente sudanés Khalid Albaih perseguido por sus caricaturas políticas… O las Pussy Riot en Rusia, con la fuga de película de Masha Alekhina, que se disfrazó de repartidora del Glovo ruso, con un uniforme verde chillón y casco de moto, para burlar su vigilancia policial en Moscú y salir del país vía Lituania. Todos son artistas en peligro, que han abandonado sus países para evitar la censura, la persecución gubernamental o, directamente, la pena de muerte. Y a todos les ha ayudado el colectivo Artists at Risk, una ONG fundada en Helsinki por Marita Muukkonen e Ivor Stodolsky, mucho más que dos comisarios de arte y activistas.. «La mayoría de nuestros artistas quieren volver a su casa. No vienen a Europa a quedarse, sino a seguir trabajando por la democracia en su país. Protegerlos no significa traer más inmigrantes: es invertir en los futuros líderes democráticos que pueden reconstruir sus sociedades de origen», expone Marita en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), una de las ciudades de acogida de varios creadores exiliados. Recién aterrizados de Nairobi, los directores de Artists at Risk hacen escala en España para participar en un debate en el marco del Festival Irídia sobre derechos humanos, donde también coinciden con dos de sus residentes -así llaman a sus artistas- exiliados de Irán, la escritora Mahsa Mohebali, a la que encontraron alojamiento en un pueblo en los Pirineos, y el director teatral y periodista Hossein Zoghi.. Marita Muukkonen e Ivor Stodolsky, directores y fundadores de Artists at Risk en el CCCB.GORKA LOINAZ / ARABA PRESS. «Ahora el foco mediático está puesto en Irán porque afecta a Occidente con la subida de precios del petróleo y la cancelación de vuelos… Pero en el Congo se está librando una guerra civil sangrienta y brutal. Sudán vive su segundo genocidio en diez años contra africanos negros, con ejérictos financiados por países árabes: hay unos 15 millones de desplazados, entre 80.000 y 150.000 muertos civiles y casi ninguna cobertura mediática», suspira Ivor. A su lado, Marita añade: «En Afganistán los talibanes han aprobado una ley que legaliza la esclavitud de las mujeres. Pueden ser golpeadas por sus maridos, si no les rompen ningún hueso no es delito. También las están obligando a llevar un parche en un ojo bajo el burka porque ‘las mujeres no necesitan más de un ojo para ver por donde caminan’. Es pura tortura. Y nadie habla de ello». Aunque tras el regreso de los talibanes al poder en 2021, Artists at Risk consiguió sacar a más de un centenar de creadores afganos, actualmente se ha convertido en una «misión imposible», lamentan. No tanto por la logística para salir del país, ya de por sí compleja, sino porque ningún país europeo ofrece visados a los afganos.. «La solidaridad es selectiva. Europa financia y da papeles a los artistas ucranianos de forma masiva, pero casi nada a los sudaneses, por ejemplo. Con Afganistán hay un muro total. El número real de artistas que podemos ayudar depende más de la política y el dinero que de la gravedad de la crisis en sus respectivos países», cuenta Ivor. Y Marita vuelve a añadir (el dúo se complementa como si fueran un ying yang): «Los visados europeos son el mayor obstáculo. Alemania prometió 1.000 evacuaciones al mes de afganos que ayudaron a la embajada, pero en dos años sacó a menos de 1.000 personas. Ahora ya ha cerrado el programa».. El lienzo ‘Unfair Game’, del iraquí Saddam Jumailye.. Aunque Marita e Ivor vienen del mundo del arte, cuando hablan parecen politólogos o diplomáticos, sin traje, eso sí. Y a veces su acción llega más lejos que la de Unión Europea o los gobiernos occidentales. Saben de memoria las cifras de la mayoría de países donde no se respetan los derechos humanos. Ahí va Ivor: «En Egipto hay entre 60.000 y 100.000 presos políticos. No existe una cifra exacta porque el gobierno trata de encubrirlo».. Con Egipto tienen una espina clavada o, más bien, una herida abierta: la del poeta Galal El-Behari. Solo tiene 36 años y ya lleva ocho en prisión por escribir una canción, Balaha (2018), una sátira sobre el presidente El-Sisi a la que puso voz Ramy Essam, conocido por ser el cantante de la Revolución, cuando Irhal se convirtió en el himno de las protestas en la plaza Tahrir contra el dictador Mubarak en 2011.. El-Behari fue condenado a tres años de cárcel por un tribunal militar -entre las acusaciones: blasfemia, terrorismo, insulto al ejército, etc.- pero una vez cumplida la pena se le ha mantenido en prisión preventiva indefinida. Aunque Artists at Risk pudo sacar a Ramy Essam de Egipto, con El-Behari solo les faltó un papel. «Pasó todos los controles del aeropuerto, pero le faltaba un último sello y tuvo que volver atrás. Allí mismo le detuvieron. Estuvimos muy cerca…», se lamenta Ivor. Ni siquiera con la presión internacional y el apoyo del PEN, la asociación que agrupa a escritores de todo el mundo, se ha logrado la libertad para El-Behari. Los colaboradores de Artists at Risk sí pudieron pasarle un bolígrafo de contrabando en su celda, con el que escribió una poética y larga Carta desde la prisión de Tora, publicada hace unos años. Aquí unos versos traducidos: «Me río de una canción /a la que llaman ‘criminal’, /que los llevó / a levantar cien barricadas (…) Quieren ocultar el pasado / tras cerrojos y candados(…) Pueden quitarnos una plaza/pero hay miles y miles más/No tenemos miedo».. ‘Nueva Maja de Goya’ (2024), de la ucraniana Nikita Krastov.. El inicio de Artists at Risk fue, precisamente, en esas plazas de la Primavera Árabe, con la persecución de los artistas que pintaban murales clamando por la libertad, que escribían canciones sobre la igualdado que luchaban por unas elecciones reales. Marita e Ivor impulsaron una exposición en Helsinki, Back to the Square (Volver a la plaza), y empezaron a crear residencias para algunos de los artistas del norte de África. Constituyeron formalmente la ONG en 2013, como una modesta organización con base en Finlandia. En estos años ya ha ayudado a cerca de 1.200 artistas -la mitad, de Ucrania- y han ampliado su red de colaboradores por todo el mundo, con más de 340 socios que proveen espacios de acogida, desde Mombasa hasta Basilea. «Barcelona es uno de nuestros principales hubs», destacan. «Hoy los residentes reciben apoyo del Ayuntamiento, de la Generalitat y del Comité de Asuntos Exteriores del Congreso en Madrid. También contamos con fondos europeos, donantes privados y nuestra propia red global. Es todo un patchwork de financiación para asegurarnos la continuidad del proyecto cuando cambia un gobierno…», apunta Ivor.. En el último lustro, su acción se ha expandido notablemente e, incluso, inauguraron su propio pabellón en la pasada Bienal de Venecia (2024), con apoyo de la Unesco. En el Palazzo Zorzi presentaron varias obras de una veintena de artistas pero lejos de terminar la muestra continúa en su web en formato virtual: cualquiera puede navegar por sus salas y adentrarse en las piezas y vídeos. Como la Nueva Maja de Goya, una reinterpretación de Nikita Kravtsov que sitúa a nuestra maja entre las ruinas de su Ucrania devastada. O el maniquí con un uniforme de preso y la leyenda Crímenes contra la humanidad en la espalda de Nkosolathi Moyo: un mono carcelario que el artista envió al presidente Mugabe de Zimbabwe en 2016 como regalo de cumpleaños. «Mugabe lo abrió en directo en la televisión», ríe Ivor. Y Moyo se convirtió en un objetivo hasta el derrocamiento de Mugabe en 2017. Detrás de cada obra hay toda una historia. «De hecho, vamos añadiendo nuevos trabajos en el pabellón virtual. Aunque nos gustaría tener un lugar físico y permanente de exposición. Tal vez podría ser en Barcelona», dice Ivor guiñando un ojo.. ‘Whale-Borders’, un flotador de cerámica como los de salvamento marítimo a cargo de Mohamen Alhassan.. Cada año Artists at Risk recibe cientos de solicitudes que un equipo local especializado revisa en profundidad siguiendo un riguroso protocolo. «El número de gobiernos autoritarios crece en todo el mundo mientras la democracia retrocede», señala Marita. Incluso les han llegado algunas solicitudes de artistas de la comunidad LGBTI provenientes de… ¡Estados Unidos!. «Nuestro trabajo no es de izquierdas ni de derechas. Es una defensa universal de la libertad de expresión y de los derechos humanos, sin excepciones», dicen Marita/Ivor. Cada vez son más en Artists at Risk. Y cada vez llegan más lejos para salvar a aquellos que se atreven a alzar la voz por la libertad, a luchar contra la barbarie.
La Lectura // elmundo
Con base en Helsinki y una red de colaboradores que se extiende por todo el mundo, Artists at Risk ha ayudado a cerca de 1.200 creadores a abandonar sus países para evitar la censura, la persecución gubernamental o la pena de muerte. «Luchamos por la libertad de expresión», reivindican Leer
Con base en Helsinki y una red de colaboradores que se extiende por todo el mundo, Artists at Risk ha ayudado a cerca de 1.200 creadores a abandonar sus países para evitar la censura, la persecución gubernamental o la pena de muerte. «Luchamos por la libertad de expresión», reivindican Leer
