Un inesperado advenimiento el pasado 31 de marzo sacudió a Francia, un país poco propenso a devociones superfluas por divinidades extranjeras. La canadiense Céline Dion salió de la cueva y anunció 10 conciertos en París después de un largo silencio, de la enfermedad, de un final descontado. Se desató la locura. En pocos días añadió seis actuaciones más. Y en escasas horas hubo nueve millones de peticiones en internet para hacerse con uno de los 500.000 tiques. Es decir, el 13% de los franceses -sin se omite la cuota internacional- se borró las yemas de los dedos pulsando el F5 de su ordenador durante horas para hacerse con una entrada. Una expectación, escribía The Spectator, solo comparable al revuelo que generó la dimisión del general Charles De Gaulle en 1969.. Seguir leyendo
El hecho de que la estrella canadiense sea francófona, el morbo de su vida personal y una querencia por las emociones sencillas en tiempos de crisis explican una expectación solo comparable a la que generó la dimisión de De Gaulle en 1969
Un inesperado advenimiento el pasado 31 de marzo sacudió a Francia, un país poco propenso a devociones superfluas por divinidades extranjeras. La canadiense Céline Dion salió de la cueva y anunció 10 conciertos en París después de un largo silencio, de la enfermedad, de un final descontado. Se desató la locura. En pocos días añadió seis actuaciones más. Y en escasas horas hubo nueve millones de peticiones en internet para hacerse con uno de los 500.000 tiques. Es decir, el 13% de los franceses -sin se omite la cuota internacional- se borró las yemas de los dedos pulsando el F5 de su ordenador durante horas para hacerse con una entrada. Una expectación, escribía The Spectator, solo comparable al revuelo que generó la dimisión del general Charles De Gaulle en 1969.. Seguir leyendo
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