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La iniciativa reúne a niños y jóvenes kankuamos para que reconozcan su cultura y tradición a través de libros y tecnologías
EL PAÍS ofrece en abierto la sección América Futura por su aporte informativo diario y global sobre desarrollo sostenible. Si quieres apoyar nuestro periodismo, suscríbete aquí.. En la cosmogonía del pueblo kankuamo, uno de los cuatro grupos indígenas que habitan la Sierra Nevada de Santa Marta, en el norte de Colombia, la lectura es un ejercicio mucho más profundo que la comprensión de palabras escritas. Está ligado, explica Souldes Montero (35 años), líder indígena de esa comunidad, “a la comprensión del mundo, del territorio y el espíritu”. Se nutre de vivencias y busca entender la relación entre la naturaleza y el cuerpo. Se trata, en últimas, de “comprender quiénes somos”.. Es ese también el objetivo de la biblioteca Kankuaka, un espacio comunitario ubicado en la comunidad de Atánquez, dentro del Resguardo Indígena Kankuamo, en la ladera sur de la Sierra. Su nombre alude al espacio físico y metafísico donde el pueblo originario concibe la construcción del conocimiento y la preservación del pensamiento ancestral. La tradición indica que ese es un proceso sagrado y reservado para los mamos, autoridades espirituales, quienes plasman en algodón sus saberes a través de rituales y después los guardan en sitios sagrados para las generaciones futuras. En la Kankuaka, sin embargo, se abre el conocimiento a la comunidad: participa quien quiere y, en vez de algodón, se usa papel y lápiz, micrófonos, grabadoras y cámaras.. Escuela comunitaria en Santa Marta, al norte de Colombia.CEDIDAS. Vecina de sitios de relevancia ancestral, Kankuaka es un espacio para practicar la lectura tal como la entiende el pueblo kankuamo: como un intercambio intergeneracional orientado a preservar la música, los saberes, los oficios tradicionales y, en palabras de Montero, “la cultura de lo que somos”. Es, prácticamente, un lugar ceremonial: una “casa de pensamiento, casi una maloka”, explica Sandra Arias, mayora y autoridad de la comunidad.. El proyecto está dirigido sobre todo a niños y jóvenes que tienen la responsabilidad de preservar la identidad kankuama. Hoy, 20 jóvenes forman parte de su equipo permanente y alrededor de 200 niños y adolescentes de entre 10 y 17 años participan en sus actividades en Atánquez. Desde el año pasado, además, la biblioteca extendió su trabajo a otras comunidades y asentamientos de la Sierra, alcanzando cerca de 400 niños y jóvenes.. Sahian Maestre, de 17 años, es una de ellos. Asiste a la biblioteca desde pequeña: “Mi mamá nos mandaba con mi hermano”, recuerda, evocando sus primeras visitas a sitios sagrados y recorridos por el monte para aprender sobre el territorio y su vínculo ancestral con él. Aún acude con frecuencia, siempre acompañada de los mayores, portadores del conocimiento tradicional que enseñan sobre música y danza, las plantas que los rodean, sus atributos medicinales y sobre cómo hacen los bebedizos con los que tratan enfermedades.. “Me gusta cuando nos hablan de cómo las mujeres plasman el pensamiento en las mochilas”, dice Maestre. Tejidas en fique, una fibra natural, las mochilas son símbolo de la comunidad. Arias explica que cada una tiene un diseño único, atado al sentimiento del momento en que se teje, así como del uso que se le dará.. Familia del pueblo Kankuamo, en la Sierra Nevada de Santa Marta, al norte de Colombia.CEDIDAS. “Para mí es muy importante escucharlos”, afirma la joven. “Son personas sabias que nos enseñan lo que somos, lo que nos representa como pueblo kankuamo”. Lo dice en un contexto en el que muchos jóvenes se sienten cada vez más lejos de su cultura. “No es tan común ver chicos interesados”, lamenta, y atribuye parte del desinterés a un sentimiento de vergüenza hacia lo indígena y lo tradicional. Incluso en territorios apartados de las urbes, la tecnología impone modelos aspiracionales: “Les avergüenza usar las mantas tradicionales, tocar los instrumentos, bailar la danza. Sienten como un insulto ser indígena”.. Uno de los ámbitos donde esa pérdida se hace más evidente es en la lengua. Los últimos hablantes viven en zonas muy alejadas de la Sierra. Además, explica Montero, aprenderla no consiste solo en traducir palabras: muchos términos no tienen equivalencia en español. Ante eso, los jóvenes cuestionan la utilidad de aprender un idioma que casi no se habla.. El trabajo de la biblioteca ha radicado en demostrar que la lengua es parte esencial de la identidad kankuama. “Si queremos entender cómo los abuelos comprendían el territorio, tenemos que hacerlo a través de la lengua”. Para ello realizan talleres de decodificación de palabras y conceptos, y han construido archivos con términos recogidos por niños y jóvenes en entrevistas y recorridos por la Sierra. También impulsan el uso cotidiano de la lengua, desde el saludo hasta la denominación de lugares.. A esa fragilidad cultural se suma una historia reciente marcada por la violencia. Durante las últimas décadas del siglo XX y las primeras del XXI, el pueblo kankuamo sufrió despojo, persecución y asesinatos en medio del conflicto armado, con presencia de guerrillas, paramilitares, narcotraficantes y el Ejército. A ello se añadió la presión de grandes proyectos mineros y de infraestructura, incluso dentro de la Línea Negra, una delimitación ancestral que conecta sitios sagrados y regula el equilibrio ecológico y cultural de la Sierra.. “Antes de la Constitución de 1991 (la actual Carta Magna de Colombia) no teníamos derechos”, recuerda Montero. “No podíamos participar en la educación y la Iglesia nos prohibía usar nuestras lenguas”, asegura. Aunque hoy el contexto es distinto, advierte que las amenazas persisten: actores armados continúan presentes en la Sierra y las multinacionales mantienen su interés en el territorio.. Biblioteca comunitaria del pueblo Kankuamo, en la Sierra Nevada de Santa Marta.CEDIDAS. La biblioteca, fundada en 2013 por Montero y otros jóvenes, se ha convertido en un espacio central de resistencia y revitalización cultural. En momentos de confrontación armada ha sido incluso lugar de refugio comunitario. “Los armados la respetan”, asegura Arias. Además, cumple un papel clave para enfrentar las secuelas de la violencia: “Llegan niños huérfanos, jóvenes reclutados, niñas que han sufrido violencia sexual”, dice. Por eso resalta su función “psicocultural y emocional”.. Tecnología y apuesta política. En 2015, la biblioteca inauguró un laboratorio creativo que ha recibido reconocimiento internacional por su innovación. Allí se combinan el conocimiento ancestral y las nuevas tecnologías de la comunicación. Niños y jóvenes producen cortos audiovisuales, podcasts o series digitales, y han creado páginas web para comercializar las mochilas tejidas por las mujeres de la comunidad.. Conciliar ambos mundos no ha sido sencillo. “La velocidad de la tecnología va en contravía del pensamiento reposado del pueblo kankuamo”, explica Montero. Aun así, sostiene que nada reemplaza la experiencia de escuchar a los mayores contar historias alrededor del fuego: “Eso no lo logra ningún TikTok”, enfatiza. Con GPS y cámaras, los jóvenes documentan petroglifos y su significado con ayuda de los mamos; registran calendarios de cosecha, ciclos de los ríos y antiguas terrazas agrícolas como tecnologías de siembra. Todo forma parte de un archivo vivo del territorio.. Detrás de Kankuaka hay también una intención política. Hijo de docentes y formado en teorías poscoloniales y pedagogías críticas latinoamericanas, Montero encontró en la lectura un camino para formar jóvenes críticos. La biblioteca es hoy un espacio donde se debaten proyectos para cambiar y mejorar la realidad de la comunidad, con iniciativas que van desde la promoción de la educación sexual y reproductiva a ofrecer servicio de internet gratuito a 60 metros a la redonda. También se han promovido candidaturas de jóvenes a puestos de autoridad indígena y estatal.. “Como jóvenes entendemos que tenemos un propósito de salvaguarda del territorio”, afirma Montero. “Nuestra cosmogonía nos impulsa a conservar este lugar sagrado”. Ese propósito encontró en la biblioteca Kankuaka su plataforma principal.
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