Muchas más dudas de las esperables. La 76ª edición de la Berlinale, que arranca este jueves, es la segunda que dirige la estadounidense Tricia Tuttle, y su apuesta por el cine autoral hace que la Competición se haya convertido en una cuestión de fe cinematográfica. Por no decir contradictoria: a Tuttle se le contrató para sustituir a Carlo Chatrian y Mariette Rissenbeek, corresponsables de cinco ediciones muy autorales y políticas (la Berlinale siempre ha sido un certamen politizado) y darle un aire más popular al festival. Con el listado en la mano de las películas que aspiran al Oso de Oro, no parece que la dirección haya cambiado. Si acaso, se ha intensificado.. Seguir leyendo
El festival alemán se embarra desde el primer día con los temas candentes, que Wim Wenders, presidente del jurado, regateó: “Los cineastas somos el contrapeso de la política, lo opuesto a los políticos”
Muchas más dudas de las esperables. La 76ª edición de la Berlinale, que arranca este jueves, es la segunda que dirige la estadounidense Tricia Tuttle, y su apuesta por el cine autoral hace que la Competición se haya convertido en una cuestión de fe cinematográfica. Por no decir contradictoria: a Tuttle se le contrató para sustituir a Carlo Chatrian y Mariette Rissenbeek, corresponsables de cinco ediciones muy autorales y políticas (la Berlinale siempre ha sido un certamen politizado) y darle un aire más popular al festival. Con el listado en la mano de las películas que aspiran al Oso de Oro, no parece que la dirección haya cambiado. Si acaso, se ha intensificado.. Y se ha intensificado porque el mundo se ha radicalizado. En 2025 Tuttle vio cómo en el certamen aparecían reivindicaciones propalestinas, cuando era obvio que la programación cojeaba al mostrar solo el lado israelí del sufrimiento. En Alemania, cualquier mención al conflicto árabe-israelí viene marcada, obviamente, por el Holocausto. Más aún, tras la presentación de su película Queerpanorama, el cineasta hongkonés Jun Li leyó unas palabras en inglés enviadas por uno de sus actores, el iraní Erfran Shekarriz, usando la expresión “Desde el río hasta el mar, Palestina será libre”. En el land de Berlín, ciudad-estado en Alemania, la primera parte de la frase es considerada por tribunales regionales como constitutiva de delito, ya que se entiende que niega la existencia del Estado de Israel. Li pasó por comisaría, aunque al final la investigación se quedó en nada.. Wim Wenders, el jueves por la mañana en la rueda de prensa de presentación del jurado de Berlín.Axel Schmidt (REUTERS). ¿Y cómo ha empezado 2026? Donde acabó 2025. En la primera rueda de prensa, la que suponía la presentación del jurado liderado por Wim Wenders, la pregunta que calentó las intervenciones fue: ¿puede el cine cambiar el mundo? Wenders adujo: “El cine te saca de tu universo para viajar a otro y eso es bellísimo. Sí, las películas pueden cambiar el mundo, pero no de forma política. Ningún filme ha alterado realmente la idea de ningún político, pero sí puede cambiar la idea de la gente sobre cómo debería vivir… El cine tiene un poder increíble para ser compasivo y empático. Las noticias no lo son, la política no lo es. Pero las películas, sí”. La misma responsable de la Berlinale entró en ese cómodo diálogo: “El cine te afecta, en el sentido de que muestra puntos de vista distintos y novedosos, lo que amplía la comprensión del público”. A lo que el director de París, Texas y El cielo sobre Berlín remató: “Por mucho que veas las noticias, no estás realmente informado. De repente puedes ver otros aspectos”.. El jurado de la Competición de la Berlinale con la directora del certamen, Tricia Tuttle, a la derecha.CLEMENS BILAN (EFE). Todo sonaba bonito, hasta la siguiente cuestión: la Berlinale ha apoyado al pueblo ucraniano, incluso con una aparición en la gala de inauguración de 2023 del presidente Volodímir Zelenski por vídeo; se ha puesto de lado del pueblo iraní todos estos años, y en esta edición estaba programada una conversación pública entre dos ganadores del Oso de Oro, los persas Jafar Panahi (que en plena campaña de los Oscar ha sido condenado en su país) y Mohammad Rasoulof (exiliado desde mayo de 2024 en Hamburgo), charla aplazada en solidaridad con los iraníes. ¿Y entonces, dónde está el apoyo a los gazatíes? Junto a Wenders, se vio el respingo del resto de sus compañeros de jurado: la actriz surcoreana Bae Doona, la productora polaca Ewa Puszczyńska, el director estadounidense Reinaldo Marcus Green, el cineasta nepalí Min Bahadur Bham, la cineasta japonesa Hikari y el restaurador e historiador fílmico indio Shivendra Singh Dungarpur. Es más, se cortó la señal de vídeo (media hora más tarde, la organización pidió perdón por los problemas técnicos y colgó en YouTube la rueda de prensa íntegra).. Anwar Hashimi y Shahrbanoo Sadat, en ‘No Good Men’, de Shahrbanoo Sadat.. Puszczyńska inmediatamente adujo que la pregunta no era justa. “Las películas no son políticas en el sentido que ustedes le dan a la palabra. Hacer esta pregunta es un poco injusto. Usamos la frase ‘cambiar el mundo’, pero, por supuesto, intentamos hablar con cada espectador, hacerles creer que no podemos ser responsables de la decisión que tome: la decisión de apoyar a Israel o la decisión de apoyar a Palestina”. Y se defendió: “Hay muchas guerras con genocidios, y no hablamos de eso. Es una pregunta muy compleja, y es un poco injusto preguntarnos cómo apoyamos o no a nuestros gobiernos, porque eso lo deciden los políticos”.. En su apoyo llegó Wim Wenders: “Tenemos que mantenernos al margen de la política. Somos el contrapeso de la política, lo opuesto a los políticos; hay que hacer el trabajo de la gente, no el de los políticos”. De nuevo, se regateó de mala manera el conflicto israelí-palestino.. Comedia romántica afgana. El certamen arranca con No Good Men, una película que juega, sin encontrar su lugar, con los tonos de la rom-com (comedia romántica) y la crudísima realidad de la vuelta de los talibanes al poder en Afganistán en febrero de 2021. Es el tercer largo de Shahrbanoo Sadat, que aunque nació en Teherán hace 35 años, es de familia afgana y desde su adolescencia vivió en ese país. La cineasta pasó la pandemia en Alemania, volvió a Afganistán y fue evacuada al triunfar los talibanes. Ella misma da vida a la única mujer cámara de televisión en una cadena afgana. Harta de hacer programas machirulos de entretenimiento, se cuela en los informativos y triunfa al lograr lo que ningún hombre: grabar confesiones femeninas, arriesgarse por el plano perfecto. Ahí arranca un flirteo con el periodista estrella de Kabul News mientras que no logra deshacerse de su marido, un lastre.. Shahrbanoo Sadat posa ante los fotógrafos este jueves en Berlín.Scott A Garfitt (Scott A Garfitt/Invision/AP). En su presentación ante la prensa este jueves por la tarde, apuntó: “Mi vida no es un drama de guerra todos los días. Hay mucho humor y mucha comedia. Y cuando empecé con el proyecto, estaba con mi novio, así que disfrutaba de un romance. Afganistán también es como el resto del mundo, así que decidí: ‘Voy a hacer una comedia romántica. Más aún, he hecho una rom-com política”. Sobre el título, Sadat ―que ha recreado Kabul en estudios y exteriores de Hamburgo— explicaba: “Es muy, muy difícil ser un buen hombre en la sociedad afgana. Todos comparten la misma mentalidad: las mujeres son animales, todas las mujeres de tu familia deben temerte. En fin, ser una mujer fuerte no basta si el sistema no te apoya”. Sin embargo, ella conoce algún hombre bueno: “Por eso he hecho una película que es una carta de amor a todos ellos”.. No Good Men no compite por el Oso de Oro, así que no entra en la extrañísima sección competitiva, con algún nombre más conocido como el del húngaro Kornél Mundruczó, que tras el éxito de Fragmentos de una mujer —con la que Vanessa Kirby obtuvo la nominación al Oscar—, recurre a Amy Adams para otro drama convulso sobre mujeres y familias en At The Sea. O el del brasileño Karim Aïnouz, que habitualmente rueda en inglés y que para Rosebush Pruning ha reclutado a Callum Turner, Riley Keough, Jamie Bell, Elle Fanning y Elena Anaya para analizar la podredumbre de una rica familia estadounidense encerrada en una villa en Cataluña. También cuenta con nombres potentes Queen At Sea, del estadounidense Lance Hammer, en la que Juliette Binoche y Tom Courtenay son una hija y su padrastro que afrontan juntos la demencia de la persona que más quieren en el mundo: su madre y esposa, respectivamente. Con todo, la apuesta segura es Josephine, de Beth de Araújo, y que viene de ganar en Sundance: muestra cómo una niña es testigo de una violación y cómo le afecta esa agresión, en especial en relación con su padre (interpretado por Channing Tatum).. Silver Chicón y Herminia Loh, en ‘Iván & Hadoum’.. ¿Dónde habrá famoseo? En la sección Berlinale Special, que es el cajón de sastre donde el certamen incluye series, películas fuera de concurso y proyecciones especiales. Ahí Gore Verbinski presenta la comedia de ciencia-ficción Buena suerte, pásalo bien y no mueras, con Sam Rockwell como protagonista, acompañado de Juno Temple y Zazie Beetz. O The Weight, un wéstern con Ethan Hawke y Russell Crowe. O The Only Living Pickpocket in New York, con John Turturro y Steve Buscemi. Ahí entran el documental The Ballad of Judas Priest, codirigida por el guitarrista de Rage Against the Machine Tom Morello; y el falso documental satírico The Moment, con la estrella británica Charli XCX como coguionista y protagonista.. Charli XCX, en ‘The Moment’.. En cuanto al cine español o en español, el equipo seleccionador de Tuttle no da muchas alegrías a este idioma, cuando habitualmente era un certamen espléndido con el cine latinoamericano. En Competición está, en solitario, Moscas, del mexicano Fernando Eimbcke (Temporada de patos, Club sándwich). En la sección Panorama sí habrá cine español: Ian de la Rosa debuta en el largo con la soberbia Iván & Hadoum, una crónica de un amor casi imposible en los invernaderos almerienses. Y en Berlinale Special Series, Ravalear, de Pol Rodríguez e Isaki Lacuesta, ilustra, con un tono de thriller, cómo la especulación aplasta los negocios familiares en el barrio barcelonés del Raval.
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