Me encanta que el primer libro que leo con pie de imprenta de 2026 sea este Corazón de piedra, de Karmele Jaio (Vitoria, 1970), porque es de verdad bonito, acaso necesario, y de hecho lamento que no vaya a ponerse a la venta hasta el 8 de enero: hubiera sido un gran regalo de Reyes, ya que, por ñoño que pueda sonar, a su calidad literaria se le une la calidad humana, la calidad civil, porque es pura bondad encuadernada.. Destino. 304 páginas. 21 € Ebook: 10,99 €. Puedes comprarlo aquí.. Lo que Jaio construye sobre la estructura de diccionario es un conjunto de recuerdos personales, microcuentos, anécdotas, aforismos, pequeños poemas en prosa (ver «Palabra»), pertinentes apuntes metaliterarios (ver «Orfandad») o hasta chistes (ver «Wifi») que van formando una especie de autorretrato ideal, así como un catálogo de preocupaciones, de filias y de fobias.. Abundan por ejemplo los homenajes a las mujeres de la generación de su madre, a las que se observa mucho y se reivindica, y, si en uno de los cuentos de No soy yo leíamos hace pocos años que «lo más difícil no es envejecer… Lo más difícil es empezar a envejecer», ése es también un tema frecuente ahora.. Es verdad que hay algún tópico (ver «Gorrión»), alguna obviedad (ver «Orden»), alguna insistencia excesiva, alguna sobre-explicación o alguna secuencia que, de tan verdaderamente emocionante, acaba casi rozando lo lacrimógeno (ver «Infinito»). Y, por otra parte, si todos sabemos desde niños que una definición no puede contener la palabra a definir, aquí hay un desliz en «Corriente». Pero lo importante es lo que decía antes, y además es difícil no simpatizar con un libro donde se aplaude a Bernardo Atxaga por su manera de mirar la «Nieve» y se regala al Fary a cuenta del «Melocotón».. El título del libro es desde luego paradójico, porque aquí se trata exactamente de lo contrario: la atención que la autora presta a su entorno va seguida de la compasión, del afán de comprensión, de la piedad, de la empatía, a veces de la identificación. Apenas hay quejas o rechazos, la balanza cae con claridad del lado de lo celebrable, pero también se ve una voluntad de intervenir en el mundo, de censurar a los malvados, de enderezar algunos detalles. La clave la da el propio libro: «En un mundo lleno de mentiras ya cada vez más adicto a la irrelevancia, no podemos permitirnos el lujo de no compartir esas palabras que contienen una verdad».
La Lectura // elmundo
En ‘Corazón de piedra’ la escritora construye sobre la estructura de diccionario una especie de autorretrato ideal, así como un catálogo de preocupaciones, de filias y de fobias Leer
En ‘Corazón de piedra’ la escritora construye sobre la estructura de diccionario una especie de autorretrato ideal, así como un catálogo de preocupaciones, de filias y de fobias Leer
