Este título explícito y ligero me hace sentir tantas cosas que por fuerza tengo que dejar de considerarlo ligero. Viene a cuento del inesperado éxito mundial de la serie canadiense Heated Rivalry, basada en los libros de Rachel Reid. A estas alturas cientos de miles de personas han visto los seis capítulos de la primera temporada muertas de hambre, encantadas, sin necesidad de preguntarse nada, y otras docenas de miles se habrán sorprendido a sí mismas masticándola con una voracidad difícil de creer. Me descubro en el segundo grupo con una cierta vergüenza que se reconoce sin tapujos. Qué inocente haberme creído por encima, qué pretenciosa.. Llevo semanas pensando en ello, combinando una reflexión inmaculada con preocupaciones de enorme gravedad en torno a la política internacional y claro, encuentro cobijo en reflexiones de esta medida que, si las comparamos con los problemas que asolan el planeta, se vuelven ligeras de nuevo. Spicy romance, enormemente popular entre el sector juvenil, dos jugadores de hockey sobre hielo, deportistas de élite que cara al público son rivales y en privado no, qué he estado haciendo durante los últimos 25 años, por qué perdí el tiempo leyendo a Schopenhauer en 2004, tremendo alejamiento de la esencia.. Esta serie ha sido como la manta que te echan cuando te estabas quedando dormida empezando a tiritar. Sigue haciendo frío pero tú en particular te sientes mejor y puedes descansar un rato. Estoy agradecida. No sólo por el confort. Por la inyección de vitalidad, por la reconexión con los valores extraviados.. Si alguien se atreve a decirme que la serie es hortera, apresurada, predecible, pajera, que se nota que está escrita por una mujer heterosexual sin conocimientos profundos sobre la antropología gay, si alguien me dice que esa serie es mala por cualquier motivo le contestaré que sí, que tiene razón, pero que el problema no es que la serie sea mala sino que quien me lo dice está muerto por dentro. La serie es mala y también es buena. Es trepidante, entretenidísima, es bonita, válgame el cielo, es preciosa, me ha resucitado, me ha llevado al preciso momento de empezar a escribir yo, 12 años, el romance más spicy de la historia, ninguna pretensión, sólo un corazón puro siendo honesto consigo mismo.. Ojalá hubiera podido verla cuando formaba parte del público juvenil. No sólo me hubiera entretenido y emocionado, es que encima hubiera aprendido cosas muy importantes. Comunicación. Consentimiento. Abordaje de temas prohibidos. Esas cosas me hubieran servido. Tal vez me habrían ahorrado algunas malas experiencias relacionadas con comunicación, consentimiento y conversaciones difíciles.. Los protagonistas están siempre en un limbo de riqueza y pisos de lujo decorados por robots, esa parte me ha sacado una gran cantidad de risa menos pura, pero la otra, la humana, me ha conmovido verdaderamente. He llorado en todos los capítulos. Al ser consciente de sus beneficios insospechados fui a mirar su clasificación por edades. Es para mayores de 16 años. Eso me alegró. Significa que la van a poder estar viendo la mayoría de los que quieran desde la pubertad porque si la clasificación no es a partir de 18 en las casas los adultos al mando son más permisivos.. Las escenas de sexo abundan pero la gente a esa edad suele llevar años consumiendo pornografía hardcore con escaso o nulo acompañamiento educativo. El spicy romance es a menudo traicionero. Puede estar lleno de veneno e idealización del abuso. Cuando empecé a ver esta serie me temí que pudiera caer en ese pozo viscoso. Al principio juega al despiste precisamente para pasar a enseñar lo que no te dicen en ningún instituto y mucho menos con el lenguaje que más gusta en el parque de enfrente.. Hace unos días vi en Instagram que alguien llevaba una camiseta negra en cuyo pecho se leía en letras blancas «I want to fuck you, Hollander» y me sentí como una adolescente a la que le brota fuego de las palmas de las manos. Desprejuiciada, divertida, honesta. Esa línea hace alusión a un momento en el que el jugador de hockey ruso, Rozanov, le habla de esa forma al canadiense, Hollander, y la escena contiene tantos registros a la vez que me dan ganas de chillar.. Comedia, drama, romance, especias y muchas cosas bonitas. Veo a mis gatos revolcarse por la cama y por el suelo y suspiro. Hollander, Rozanov. Intento determinar quién es quién, y me río sola.. Con todos sus fallos, con todas sus baratijas, no puedo parar de recomendarla. Ningún cinismo en este texto. No hablo de hatewatching ni de placeres culpables. Hablo de pasarlo bien con la plena imperfección de los 14 años. Sin culpa, con palomitas, en compañía, dándole a la pausa para emitir sonidos agudos, rebobinar para volverlos a emitir. Hay que tener poca vergüenza para echarle en cara a la especie humana la voluntad de vivir.
La Lectura // elmundo
Llevo semanas pensando en ‘Heated Rivalry’, un ‘spicy romance’ sobre dos jugadores de hockey, y en qué he estado haciendo los últimos 25 años, por qué perdí el tiempo leyendo a Schopenhauer Leer
Llevo semanas pensando en ‘Heated Rivalry’, un ‘spicy romance’ sobre dos jugadores de hockey, y en qué he estado haciendo los últimos 25 años, por qué perdí el tiempo leyendo a Schopenhauer Leer
