El jefe de Appletina, una pizpireta manzana-secretaria, le pide que se acueste con él cuando acaban el trabajo. No es la primera vez que sucede, y ella le dice que no puede seguir haciéndole eso a su marido, pero Melanzano Tenebrino (es una berenjena) insiste: «En el fondo te gusta, y lo sabes». Se acuestan y Appletina, toda sonrosada, regresa a casa junto a su marido, que también es una manzana, la abraza al llegar. A los días, un test de embarazo confirma que van a tener un hijo, y Appletina y su marido están contentos. Sin embargo, cuando un pepino tristón (en todos estos vídeos, idénticos, el ginecólogo suele ser un pepino tristón y con gafas) le entrega su hijo al marido, este resulta ser… una diminuta berenjena.. En otro vídeo, Zuccherina Caramela está a punto de engañar a su marido con diez hombres-mazorca de maíz. Mientras ella les ofrece «más caramelo» a sus fálicos amigos (la metáfora, claro, es que van a hacer palomitas dulces), su esposo, Onionino Lagrimino, regresa a casa después de pasar todo el día trabajando en la tierra. Cuando llega, sorprende a Zuccherina en plena faena y se indigna, agitando su flor de cebolla: «¿Diez? ¿Me estás engañando con diez mazorcas?», lo cual solo causa burlas. En ese momento, Onionino se hunde y comienza a llorar con su clásica acidez cebollina, lo cual hace que los diez hombres-mazorcas también lloren, se calienten, se irriten, al igual que el caramelo de Zuccherina. «Os enseñaré el auténtico dolor, la última capa de la cebolla», los amenaza Onionino, y entonces las mazorcas explotan y se convierten en palomitas mientras el cornudo se deshace. «Mi caramelo se ha cortado», se lamenta Zuccherina, rodeada de cadáveres más que comestibles. «Ahora solo tengo palomitas y lágrimas».. Estas dos son las variaciones más comunes de relatos de frutas infieles: o la mujer que se queda embarazada de la fruta o vegetal que no le corresponde o la mujer que se monta una orgía (normalmente con plátanos, mazorcas de maíz o berenjenas, como digo el pepino suele tener el rol de ginecólogo) y su marido la pilla. A veces, las frutas no son frutas (por ejemplo, he visto varios de fluidos: Perioda, Poppita, Spermino, Urino) y a veces un marido abandona a una mujer por otra, que se acaba liando con el exmarido de la mujer que le ha robado el suyo (y son los infieles iniciales los castigados más adelante). En una de las últimas variaciones, la gente se graba a sí misma viendo estos vídeos bajo la siguiente cabecera, que se repite inalterada: «Él: está conectada toda la noche, seguro que me engaña con otro. Mientras tanto, ella a las 2 am (dos puntos que señalan que está viendo frutas infieles sin parar)».. Todos los vídeos están hechos con IA, tienen la estética de las últimas películas de Disney, utilizan la lógica de nombres de Italian Brainrot, repiten las mismas tramas y suelen llevar como audio una balada rusa de desamor (Kamnh, de Emin & Jony), aunque a veces en la versión que hicieron en inglés. Si a alguien le apeteciera ver vídeos de frutas infieles después de leer este artículo, podría encontrarlos en Instagram o TikTok buscando por ese track de audio. Lo que me llama la atención de estos vídeos no es solo su ridículo nivel de esperpento, aunque también es llamativo. Leo, buscando si alguien ha escrito ya sobre esto, que una AMPA se quejó de que las redes de sus hijos estaban llenas de vídeos de vegetales que traumatizaban a sus hijos, aunque no se referían tanto a los vídeos de frutas infieles como a otro género, vecino, en el que vegetales o elementos culinarios te enseñan cómo cocinarlo (el vídeo suele terminar con su muerte, lo cual es muy triste, porque están dibujados como personajes de Encanto).. Pero, en fin, la perversión no me sorprende, sobre todo cuando sucede en internet. Lo que sí me llama la atención es como algo pretendidamente absurdo y en ese sentido disruptivo, como fue el brainrot, ha dado un giro totalmente conservador. Las frutas infieles, última moda de vídeos cortos en redes, no es el único lugar en el que he visto dicho giro (la identificación de las «tóxicas» y «mujeres de alto valor», por ejemplo, es otro). Ni siquiera se trata de discursos abiertamente machistas, solo de pinceladas que se cuelan en relatos de pretendido entretenimiento y que muestran a las mujeres como entes malvados con tendencia a la infidelidad.. Durante mucho tiempo, si una quería mostrar algo de pensamiento crítico debía separarse (al menos unos milímetros) de lo woke. Parecía que «los nuestros» habían ganado la batalla y que el feminismo, el poscolonialismo, las identidades diversidad, la salud mental y la alerta hacia las injusticias estructurales (de ahí proviene originalmente el término woke, de permanecer alerta ante dichas injusticias) eran el pan nuestro de cada día, a veces rozando la caricatura generacional. Tanto quisimos hacernos los interesantes, dando por sentado aquello que no podíamos dar aún por sentado, que no hemos estado atentos, y ahora una puede pasarse dos horas inanes viendo vídeos de frutas infieles en las que las mujeres son unas malas pécoras. Que vuelva lo woke, por favor.
La Lectura // elmundo
No se trata de discursos abiertamente machistas, solo de pinceladas que se cuelan en relatos de pretendido entretenimiento y que muestran a las mujeres como entes malvados Leer
No se trata de discursos abiertamente machistas, solo de pinceladas que se cuelan en relatos de pretendido entretenimiento y que muestran a las mujeres como entes malvados Leer
