Cuando Charlotte Brontë publicó Jane Eyre en 1847, las escritoras británicas no tenían libertad para escribir. Cuando Sandra Gilbert y Susan Gubar escribieron La loca del desván, inspirada en el personaje de Bertha Mason de la novela de Brontë, se vivía en el mundo la segunda ola feminista. Era 1979. Hoy, casi 50 años después, la editorial Espinas ha reeditado el ensayo, considerado la primera crítica literaria feminista: una concatenación de mujeres recuperando el trabajo de sus predecesoras.. Seguir leyendo
Espinas reedita el célebre ensayo de Gilbert y Gubar, que analizó en 1979 las obras de Jane Austen, Mary Shelley, las hermanas Brontë o Emily Dickinson desde otro ángulo
Cuando Charlotte Brontë publicó Jane Eyre en 1847, las escritoras británicas no tenían libertad para escribir. Cuando Sandra Gilbert y Susan Gubar escribieron La loca del desván, inspirada en el personaje de Bertha Mason de la novela de Brontë, se vivía en el mundo la segunda ola feminista. Era 1979. Hoy, casi 50 años después, la editorial Espinas ha reeditado el ensayo, considerado la primera crítica literaria feminista: una concatenación de mujeres recuperando el trabajo de sus predecesoras.. Alicia de la Fuente, la filóloga que dirige Espinas, explica por qué decidió asumir esta tarea: “Es un libro que vertebra toda la crítica literaria feminista. Es un texto que sigue teniendo completa vigencia y queríamos que cualquier persona pudiera acceder a él”. El ensayo, que inició siendo un trabajo universitario, fue ganador del Premio Nacional de la Crítica Literaria de Estados Unidos y finalista del Premio Pulitzer.. A lo largo de 750 páginas recorre las obras de Jane Austen, Mary Shelley, las hermanas Brontë, George Eliot —seudónimo de Mary Ann Evans— y Emily Dickinson, y las analiza, lee entre líneas y vuelve a interpretar sus creaciones desde una perspectiva de género. Una obra que estaba descatalogada, Espinas recuperó y, tras el éxito de ventas, tiene su segunda edición preparándose en imprenta.. Más información. Bertha Mason, la esposa de Edward Rochester en Jane Eyre, vive encerrada en el ático de su mansión por decisión de su marido, quien cree que ella ha enloquecido. Mason representa a la mujer marginada por el patriarcado, llamada histérica o loca cuando decide no cumplir con lo que se espera de ella: ser dócil, servicial, pasiva y abnegada. Las filólogas Gilbert y Gubar vieron en este personaje, un arquetipo constante en las obras de escritoras victorianas, una forma de expresar el malestar y frustración que vivían las autoras. Una manera de liberarse y decir aquello que no estaba permitido: mostrar sus experiencias en un espacio literario dominado por hombres y por un cánon patriarcal.. En la introducción del ensayo, la periodista de EL PAÍS Isabel Valdés explica cómo en el análisis hecho por las autoras se encuentran cuestiones que hasta hoy atraviesan las mujeres: “La belleza, la(s) apariencia(s), el hambre, el amor, la capacidad y la incapacidad, el destino, la libertad, las ganas, la sexualidad y el sexo, la familia, la romantización de la debilidad y la enfermedad, su asociación, de nuevo, con la belleza”.. Releer la literatura. Para María Adelina Sánchez, profesora de la Universidad de Granada y coordinadora del máster de Erasmus Mundus en Estudios de las Mujeres y de Género, La loca del desván fue un descubrimiento. Tanto que lo incluye en los temarios de todas las asignaturas que imparte: “Ha cambiado cómo nos acercamos a la literatura”.. Este libro permite estudiar, dice Sánchez, por ejemplo, Frankenstein “no como la historia de la criatura y de su creador, sino como lo que representó de una forma autobiográfica para Mary Shelley. Cómo se representaba a sí misma en esa criatura, cómo se veía en ese mundo de hombres”. También permitió incorporar la obra de las mujeres en los estudios literarios, una representación ausente en la crítica tradicional que decidía qué se debía estudiar y cómo hacerlo.. En las cátedras de Sánchez, tras leer el texto sus estudiantes hacen una retroalimentación “fantástica, porque están viendo las obras con ojos nuevos”, lo que desde el feminismo, dice, es ponerse las gafas violetas. Con ellas, los alumnos se acercan a las experiencias vitales de las escritoras que habían sido relegadas “a la posición de las locas” cuando, en vez de tener hijos y cumplir su rol de esposas, preferían escribir.. Portada del libro ‘La loca del desván’ (Espinas) de Sandra M. Gilbert y Susan Gubar.. Lo mismo le pasa en sus clases a Francisco José Cortés, profesor de la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid. La obra, explica, impacta en los estudiantes de dos maneras. La primera es la forma en que el personaje de la loca Bertha Mason es una “construcción ideológica que tiene el rol de mostrar la dualidad femenina de la mujer buena y la mujer mala”, aquellos constructos ideológicos que representan el patriarcado del siglo XIX.. Incluso en los cuentos infantiles existía esta dualidad. En el ensayo las autoras analizan Blancanieves, la historia que toda niña ha escuchado antes de dormir, que habla sobre aquella joven que debe escapar de su malvada madrastra que la envidia por ser la más bella del reino. Tras esconderse en el bosque, conoce a siete enanos a los que atiende y complace, hasta que cae en desgracia —otra vez por culpa de una mujer— y solo es salvada del sueño eterno con el beso del verdadero amor del príncipe, para terminar sus días cumpliendo su rol de esposa. En esta historia, quedan más que claras las figuras de ángel y demonio en las que se encasillaba a las mujeres de la época y que plantean las filólogas en el ensayo: la madrastra, una mujer sin hijos, con poder, que dice lo que piensa y que pierde su valor cuando deja de ser la más bella del reino; y Blancanieves, sumisa, hermosa, servicial a su padre, a los siete enanos y al príncipe que la rescata.. Imagen de la película ‘Blancanieves y los siete enanitos’.DISNEY. “No somos capaces de ver la gran violencia que hay en cuentos de hadas para niños, contra esas mujeres demonizadas que son víctimas y no nos cuestionamos las figuras masculinas que son quienes realmente ejercen el mal”, lamenta Cortés.. Por otro lado, dice el profesor, tras leer La loca en el desván a sus alumnos les interesa la diferencia entre los escritores y las escritoras. Mientras los hombres tienen una “ansiedad de la autoría”, concepto planteado por Gilbert y Guber que explica el deseo de que su obra sea original y no influenciada por otros escritores para asegurar al genio literario; las mujeres tienen una “ansiedad de influencia”, la necesidad de saber que no están solas y que hay más mujeres rebelándose a través de la escritura y desafiando al canon literario. El docente lo considera un texto “pionero” que rinde homenaje a aquellas “abuelas literarias” gracias a quienes las mujeres del siglo XX y XXI pueden escribir abiertamente.. Las que faltaron. Cuando Isabel Valdés introduce el libro, se pregunta por la ausencia de aquellas escritoras “menos anglosajonas, menos blancas, menos dentro del canon” en el análisis de Gilbert y Gubar, y enumera algunas como las peruanas Mercedes Cabello y Clorinda Matto de Turner, la colombiana Josefa Acevedo o la brasileña Maria Firmina dos Reis. La misma Valdés apunta que “el filtro de hoy no puede servir sino para hacer una observación crítica del pasado que nos recuerde y nos haga conscientes de los huecos para dar lugar a genealogías cada vez más amplias”.. En sus clases, la profesora Sánchez enseña el ensayo desde el contexto en el que fue escrito, una obra “imprescindible” con sus limitaciones, pero que “sigue sirviendo siempre y cuando se hagan las lecturas situadas”. Cuando sus alumnos lo estudian, ella se preocupa de que tengan las herramientas para entender qué significa una obra como esta ahora y hacia donde es necesario seguir trabajando.. En Espinas comparten el diagnóstico de cuánto faltaron otras autoras y proponen entender el ensayo como un puente entre feminismos; entre cómo se entendía en el XIX, en los setenta y hoy. “Creo que es un texto que efectivamente sigue teniendo vigencia por las autoras en las que se centra, pero sí creo que también ayuda cuestionarse por qué no se habla de otras autoras”, apunta De la Fuente. A la editora le gustaría que se publicaran otros textos que dialoguen con este y complementen los vacíos. Porque a día de hoy sigue habiendo locas del desván, en todas partes, que se rebelan y desde su ático escriben sobre la experiencia de ser mujer.
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