Fue el escritor Juan Goytisolo el que lo calificó de contubernio. El que estableció una analogía entre aquellos primeros encuentros de poetas, escritores y editores de la España de finales de los años cincuenta del siglo XX en el legendario hotel mallorquín del cabo de Formentor y el llamado contubernio de Múnich, congreso de la oposición antifranquista que se celebró en la ciudad alemana a principios de los 60. En los jardines, en el bar y en la icónica escalera de este hotel aislado entre acantilados y rodeado de pinos, mecido por los vientos del punto más septentrional de la isla, se empezó a fraguar en el año 1959 una conjura por la literatura de calidad, un espacio para pensar el hecho literario, para debatir, para premiar fuera de la corriente. Las Conversaciones Literarias y el Premio Formentor regresaron ayer aquí, al lugar que los vio nacer, con la entrega del galardón de esta edición al novelista portugués Gonçalo M. Tavares, “por desvelar las inesperadas implicaciones de una humanidad asustada de sí misma”, tal y como refleja el acta del jurado, “por contar la paradójica epopeya del extravío contemporáneo”.. Seguir leyendo
El premio Formentor de las Letras, que ayer recibió el escritor portugués Gonçalo M. Tavares, retorna al hotel de la bahía mallorquina que lo vio nacer
Fue el escritor Juan Goytisolo el que lo calificó de contubernio. El que estableció una analogía entre aquellos primeros encuentros de poetas, escritores y editores de la España de finales de los años cincuenta del siglo XX en el legendario hotel mallorquín del cabo de Formentor y el llamado contubernio de Múnich, congreso de la oposición antifranquista que se celebró en la ciudad alemana a principios de los 60. En los jardines, en el bar y en la icónica escalera de este hotel aislado entre acantilados y rodeado de pinos, mecido por los vientos del punto más septentrional de la isla, se empezó a fraguar en el año 1959 una conjura por la literatura de calidad, un espacio para pensar el hecho literario, para debatir, para premiar fuera de la corriente. Las Conversaciones Literarias y el Premio Formentor regresaron ayer aquí, al lugar que los vio nacer, con la entrega del galardón de esta edición al novelista portugués Gonçalo M. Tavares, “por desvelar las inesperadas implicaciones de una humanidad asustada de sí misma”, tal y como refleja el acta del jurado, “por contar la paradójica epopeya del extravío contemporáneo”.. Y fue el propio Tavares, en su discurso de recepción del premio en el remodelado hotel, hoy Four Seasons Resort Mallorca at Formentor, el que celebró ayer las virtudes de un premio que quiere transitar ajeno a las modas, a los fenómenos del momento, a las listas de los más vendidos. Al recordar que la lista de escritores que lo han recibido a lo largo de los años (entre los que se encuentran autores como Jorge Luis Borges, Saul Bellow, Carlos Fuentes o Annie Ernaux) genera gran respeto, el escritor portugués, autor entre otras de Cuadernos de Gonçalo M. Tavares, dijo que aquí se celebran “obras extraordinarias de escritores absolutamente radicales e intransigentes con su obra”. Y añadió: “Entre esos nombres potentes, los de los anteriores galardonados, no hay vendedores, no hay negociantes. Nadie negocia ni ha negociado con el público ni con los lectores absolutamente nada. Siguen, o han seguido, hacia delante por su bosque privado, directos a los molinos de viento imaginarios que cada uno tiene en la cabeza”.. El certamen de Formentor se reencuentra con su matriz -en un hotel remodelado cuya reconstrucción no estuvo exenta de polémicas y de protestas de grupos ecologistas-, después de haber itinerado por lugares como Canfranc, Marrakech o Aranjuez en los últimos años, en establecimientos de la cadena Barceló (la familia Barceló ejerce de mecenas de esta cita literaria). El premio vivió su primera etapa entre 1961 y 1967 y fue resucitado en 2011. “Volvemos a la cuna donde nació todo”, dice Basilio Baltasar, artífice de esta segunda etapa. “Recuperamos este espacio, esta bahía, el espíritu del lugar. Toda la memoria del mundo clásico está cifrada en este paisaje”.. Claude Gallimard, Heinrich Maria Ledig-Rowohlt, Carlos Barral y Giulo Einaudi, leyendo el acta del primer Premio Formentor, en 1961ARCHIVO FUNDACIÓN FORMENTOR. Todo empezó con dos encuentros literarios que se sucedieron en apenas diez días de mayo de 1959. El primero fue una iniciativa del escritor Camilo José Cela, que impulsó las Conversaciones Poéticas en este hotel, una cita a la que acudieron, entre otros, Vicente Aleixandre, Robert Graves, Rosario Conde, José Agsustín Goytisolo o Carles Riba. El segundo, celebrado justo a continuación, y bautizado como el Primer Coloquio Internacional sobre Novela, tuvo como figura clave al poeta y editor Carlos Barral. “En Formentor se encontraba la élite de la edición internacional discutiendo de literatura”, explica Jordi Amat, coordinador del suplemento Babelia de EL PAÍS y autor de la biografía Vencer el miedo. Vida de Gabriel Ferrater’, en la que cuenta historias de aquel Formentor de los años sesenta. “Se realizaban ejercicios espirituales y muy espirituosos”.. De aquel mayo del 59 queda el recuerdo de un Vicente Aleixandre lamentando que nos les volverían a invitar por los desmanes espirituosos de los jóvenes poetas y la estampa de Carlos Barral besando los labios de una escultura clásica plantada frente a la playa. Jaime Gil de Biedma inmortalizó esa escena en el poema Conversaciones poéticas, dedicado “A Carlos Barral, amante de la estatua”, que dice:. “De noche, la terraza estaba aún tibia / y era dulce dejarse junto al mar, / con la luna y la música/ difuminando los jardines, el Hotel apagado / en donde los famosos ya dormían. / Quedábamos los jóvenes. / No sé si la bebida sola nos exaltó, puede que el aire, / la suavidad de la naturaleza / que hacía más lejanas nuestras voces, / menos reales, cuando rompimos a cantar”.. Dos años más tarde, en 1961, se crea el Premio Formentor de las Letras por iniciativa de un grupo de editores entre los que se encontraban Barral, el francés Claude Gallimard y el italiano Giulio Einaudi. Elide Pittarello, hispanista italiana que ha sido tres veces jurado del Premio Formentor, recuerda un episodio sobre el que escribió en el que Einaudi viajó a Barcelona para encontrarse con Barral y ambos acabaron en Cuenca, arrastrados por Ernest Hemingway, que se los llevó a una corrida de toros. En esos días se estaba fraguando un premio que en sus primeras ediciones fue bicéfalo: se entregaban dos galardones, uno que premiaba una trayectoria, y otro a una novela inédita. El soplo de aire fresco se mantuvo vivo seis años, hasta 1967: Formentor se había convertido en un espacio incómodo para el régimen.. Juan Goytisolo, Víctor Seix, Camilo José Cela, Josep Maria Castellet, García Hortelano y Gabriel Celaya, en el hotel.ARCHIVO FUNDACIÓN FORMENTOR. La segunda etapa de Formentor se empieza a fraguar 50 años más tarde, en 2007, según cuenta Basilio Baltasar, cuando Simón Pedro Barceló le envía una carta diciéndole que hay que recuperar la vida cultural de ese hotel construido en 1929 por el argentino Adan Diehl, un millonario bohemio al que llamaban El loco, que lo concibió desde un principio como un refugio para artistas y escritores europeos. Las Conversaciones Literarias de Formentor, impulsadas por Basilio Baltasar, regresan en 2008 a este hotel legendario por el que han pasado a lo largo de la historia figuras como Winston Churchill, Audrey Hepburn o Charlie Chaplin. Y tres años más tarde, en 2011, es cuando se decide resucitar el Premio Formentor de las Letras, que este año celebra su decimosexta edición. El hotel, ubicado en una zona protegida, la Serra de Tramuntana, Patrimonio de la Humanidad, continuará siendo la sede del premio y las Conversaciones hasta 2020, año en que deja de estar en manos del grupo Barceló. Empieza entonces la itinerancia del certamen por otros hoteles de la cadena hasta consumar, ayer, seis años más tarde, su retorno a Pollença.. “Valoro mucho este espacio único porque nos permite pensar el oficio editorial más allá de la urgencia cotidiana”, dice Elena Martínez Bavière, directora editorial de Alianza y Cátedra. “Cuando se sientan juntos editores de países, generaciones y trayectorias distintas, aparecen perspectivas que no tendrían hablando con los colegas de siempre”. En esta segunda vida de Formentor, el formato de la cita es distinto al de los años 60. Cada año, se celebra la entrega del premio en el marco de las Conversaciones Literarias, que cuentan con un leitmotiv distinto en cada edición. Durante los días en que se celebra el certamen, la Fundación Formentor invita a escritores, periodistas y personas del mundo de la cultura a participar en un foro en el que se organizan mesas en torno a una temática, este año, Artistas, émulos y copistas. Ayer, además de la entrega del premio, se celebró por la tarde en la planta baja del lujoso hotel la primera sesión del Coloquio de Editores Europeos, en el que la irrupción de la Inteligencia Artificial en el sector editorial fue gran protagonista. Y hoy lunes habrá una sesión dedicada al arquitecto Antoni Gaudí.. El Premio Formentor de las Letras ha demostrado olfato en los últimos años. Cuando la escritora francesa Annie Ernaux lo recibió en 2019, no era una autora muy conocida en España. Tres años más tarde, le concedían el Nobel. Y algo similar ocurrió con el húngaro László Krasznahorkai, que recibió el Formentor en el 2024 y el Nobel al año siguiente. Esto ya había ocurrido con dos autores en la primera etapa, con Samuel Beckett y Saul Bellow: “Han conseguido crear una plataforma de prestigio para los escritores”, dice Amat. Javier Marías, Enrique Vila-Matas, Mircea Cărtărescu y Cees Nooteboom son algunos de los ganadores de los últimos años.. “La belleza, la vida del espíritu, la armonía… Nunca he visto un lugar donde estén tan bien fundidos continente y contenido, arte y naturaleza”, dice la escritora y biógrafa Anna Caballé, que ha sido jurado del Premio en tres ocasiones. “Formentor es un espacio geográfico donde habita un mito: el del respeto y la preservación de los más altos valores que representa la literatura”.
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