Erik Urano (Valladolid, 1986) llega con algo de retraso a la cita porque el tren de Valladolid a Madrid se ha demorado. Y lo que más sorprende es que quien aparece por la puerta tiene facciones rotundamente humanas. Nada hay bajo ese bigotillo y esa sudadera negra que haga dudar del origen terrenal del entrevistado. Pese a que desde hace casi dos décadas, con su música lo ha puesto claramente en duda.. El rapero vallisoletano ha publicado su quinto álbum, Stalker, hace unas semanas y en sus 10 temas vuelve a su recurrente mirada a lo extraterrestre, a lo científico, a lo tecnológico, a lo robótico y a lo transhumano. Sin renunciar a la disección del mundo, que paso a paso se transforma en el que él venía advirtiendo, ni a las capas de sonidos para la experimentación. El más alienígena de los raperos que ha dado este país ha decidido aderezar esa combinación con incontables referencias: de la más evidente a la película de Andrei Tarkovsky que da nombre al disco -también hay otra a su cinta Andrei Ruiblov en la canción Solaris- a la del cineasta armenio Serguéi Paradzhánov y el físico Max Planck, creador de la teoría cuántica.. «Yo busco el hackeo total del sistema, pero no es algo pretencioso sino lo que me he acostumbrado a hacer. El flujo de todas mis influencias han acabado en eso y además tengo una intencionalidad de huir de todas las tendencias. Supongo que hay algo de subconsciente, de saber a qué me quiero acercar y a qué no», detalla. Se frena y vuelve: «Cabalgo a gusto esa contracultura. Siempre ha sido difícil ser experimental, pero en el marco industrial y económico cada vez lo es más. Ya no hay clase media en la música, o te mueres de hambre o te haces superrico. Lo probable es que en la experimentación te vayas a morir de hambre».. De hecho, Urano, con más de dos décadas dedicadas a la música, trabaja como auxiliar educativo en un colegio de educación especial de su Valladolid natal. Con eso paga el alquiler. Con sus discos, experimenta. «No sé que aporta al factor arte ese trabajo, pero a mí como persona me aporta el tener una toma de tierra. Para bien y para mal porque a veces no puedes estar todo lo enfocado que querrías en el plano musical. Igual que las redes acaban siendo una cámara de eco ideológica, el arte puede acabar siendo una cámara de eco artística. Yo coincido con gente muy pegada y muchos vemos el drama de supervivencia que llevamos encima. Muchas veces asumes que porque alguien da muchos conciertos y le ves en redes tiene una situación socioeconómica alta. Y no. Muchos somos curritos, no olvidamos la realidad social que nos rodea».. La suya, la del auxiliar educativo, está impregnada entre las referencias científicas, culturas y las infinitas bases electrónicas que van pasando por el disco. Para que no queden dudas de su posicionamiento, también lo canta en Solaris: Pasé de tonos sepia al color total / De que no me importe nada / A que me duela el que no me importe nada. «Eso es una especie de toque a mí mismo porque a veces te acostumbras en el scroll diario a pasar de niños reventados y desmembrados en un colegio a una chaqueta que te quieres pillar. Y eso hay que gestionarlo porque se crea una desensibilización en el ser humano. Yo no digo que te pilles un barco, un machete y te vayas allí a arreglar el mundo, pero mínimo nos tiene que doler la realidad».. ENRIQUE ESCANDELL. La obra musical previa de Erik Urano funciona casi como oráculo del mundo. La distancia de sus letras y la realidad se ha difuminado. En sus anteriores trabajos estaban la supremacía tecnológica y la caída en el individualismo. También, en octubre de 2023, canceló la venta de entradas para su concierto en la sala Apollo de Barcelona y acabó llenando con invitaciones gratuitas. ¿La crítica? Al sistema de venta de entradas y al modelo de las plataformas digitales para la música. «La democratización de la música pensábamos que iba a ser como en la vieja Europa y ha sido como la de Estados Unidos. La ley del más fuerte, el que tenga más dinero para una campaña podrá gobernar y solo habrá dos opciones. En la música pasa eso, que acaba gobernando el que tiene dinero. Antes la gente iba a conciertos a descubrir grupos, ahora ya no se descubren artistas nuevos ni en el radar de Spotify. Ya solo escuchas ahí a los que son visibles, a los colegas de los que son visibles y a los colegas de los colegas de los que son visibles. Se está creando una endogamia musical que es terrible».. -¿Con ese modelo se está perdiendo la opción de que pueda haber artistas dispuestos a romper con el sistema, a experimentar para llegar a algo distinto a la tendencia?. -El ejemplo claro de esto es Rusowsky, un tío que entró desde fuera de la dinámica imperante y que la industria no ha podido capar. En un futuro todas las discográficas querrán sus Rusowsky, pero hace seis años nadie le quería porque era inclasificable y con este modelo no los habrá. Se hace una lectura pesimista de lo que digo y de lo que hago, pero es que siempre he pensado que el pesimismo es más reactivo que el falso positivismo o que la esperanza que es más acomodada. El pesimismo es el producto de la resistencia que materializa el cambio. El falso positivismo acomoda y te ayuda a encajar en la sociedad. Yo estaré en todo lo que sea reactivo e incómodo.. Escuchando Stalker -y lo que le precede en su discografía- no hace falta ni decirlo.
La Lectura // elmundo
El vallisoletano presenta su quinto disco, ‘Stalker’, una mirada hacia el mundo con sus habituales referencias a lo tecnológico, lo extraterrestre y lo transhumano Leer
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