En la fotografía aparecen dos monumentales cuadros del Greco en la galería central del Museo del Prado. La imagen fue tomada en 1901 por José Lacoste y la editora Juana Roig. El documento histórico recuerda cómo era este espacio en aquel momento: el abigarramiento de las obras en las paredes, una pequeña estructura de madera —el antecedente de las catenarias de seguridad—, los cambios arquitectónicos y la manera en la que el fotógrafo vendía sus obras. En la parte izquierda, en una de las puertas, se colgaban las piezas y quienes pasaban por allí podían adquirirlas. Una de las antiguas tiendas del museo estaba en mitad de uno de los espacios más emblemáticos de la institución.. Seguir leyendo
Una muestra recopila parte de una colección de casi 11.000 imágenes con reproducciones de salas, cuadros y artistas de la pinacoteca
En la fotografía aparecen dos monumentales cuadros del Greco en la galería central del Museo del Prado. La imagen fue tomada en 1901 por José Lacoste y la editora Juana Roig. El documento histórico recuerda cómo era este espacio en aquel momento: el abigarramiento de las obras en las paredes, una pequeña estructura de madera —el antecedente de las catenarias de seguridad—, los cambios arquitectónicos y la manera en la que el fotógrafo vendía sus obras. En la parte izquierda, en una de las puertas, se colgaban las piezas y quienes pasaban por allí podían adquirirlas. Una de las antiguas tiendas del museo estaba en mitad de uno de los espacios más emblemáticos de la institución.. Más información. Seguir vendiendo entradas o “el suicidio”: el dilema de los museos españoles ante los récords de visitantes. Esta es una de las imágenes que forman parte de la exposición El Prado multiplicado. La fotografía como memoria compartida, instalada en una pequeña sala en la que se han adecuado las condiciones ambientales para albergar, remarca la comisaria Beatriz Sánchez Torija, de la colección de Dibujos, Estampas y Fotografías, estas otras “44 obras de arte”. La definición no es una alharaca de una experta, sino la reivindicación de un fondo de cerca de 11.000 piezas con valor similar a las pinturas o las esculturas que suelen protagonizar las grandes exposiciones temporales.. En la sala 60, las luces son más tenues y las piezas se expondrán solo dos meses, hasta el 5 de abril, para garantizar que no sufran daños. “En la colección permanente no se exponen fotografías”, explica Sánchez, “son muy sensibles”.. Vista de la sala de la reina Isabel HF-1094 y vista actual. Foto distribuida por © Museo Nacional del Prado.. Esta selección sirve como un ejercicio de memoria de un legado que también se ha convertido en piedra angular de investigaciones y, por tanto, descubrimientos sobre el Prado. Por ejemplo, como ha recordado Miguel Falomir, director del museo, la ubicación de un boceto de Murillo robado y la de obras desaparecidas y mutiladas del Tesoro del Delfín, un conjunto de vasos preciosos de Luix XIV.. El Prado comenzó a fotografiar sus obras de manera sistemática a partir de la década de 1860. En ocasiones, el personal del museo tenía que sacar las obras al exterior para garantizar unas buenas condiciones. Con este sistema de reproducción mecánica que firmaron fotógrafos de referencia como Juan Laurent, José Lacoste, Braun, Moreno, Anderson y Hanfstaengl, “el legado del museo traspasó sus muros a manos privadas, otras colecciones y gabinetes de fotógrafos”, recuerda la comisaria.. Detalle de ‘La rendición de Breda, de Velázquez’, de Vicente Moreno (1894-1954). Papel a la gelatina. Firmada. h. 1930. Donada por Enriqueta Harris y sus sobrinos José Antonio Buces y Paloma Renard, 2003. HF-1625. Distribuida por el Museo del Prado.Otero Herranz, Alberto. Los visitantes se pudieron entonces llevar a su casa fotos de Las Lanzas de Velázquez. “Se vendían imágenes de la totalidad del cuadro o de sus partes más significativas”, explica Sánchez frente a algunos de estos ejemplares. “Es el caso del detalle de gran formato, perteneció al archivo personal de la hispanista Enriqueta Harris, quien la utilizó en sus investigaciones”.. Algunas fotografías de la muestra fueron realizadas incluso antes de que las obras ingresaran en el Prado; en otras ocasiones, los fotógrafos, que no estaban en nómina, pero sí muy vinculados al museo, iban a otras exposiciones y tomaban imágenes de las piezas.. ‘La infanta Margarita de Austria, de Velázquez’, de Braun, Clement & Cie. (act. 1889-1910). Carbón sobre un segundo soporte de cartón. Firmada y fechada. 1899. Archivo del Museo del Prado, distribuida por el museo.Alberto Otero Herranz. En 1899, Clement tomó una del retrato de la infanta Margarita de Austria, un cuadro de Velázquez que está en Viena. La imagen hecha a carbón sobre un soporte de cartón abre la exposición. “Se expuso en 1899, con motivo de la nueva organización de las salas que se llevó a cabo por el centenario de Velázquez”, ha explicado Sánchez. “Se les pidió a diferentes compañías fotográficas que enviasen reproducciones de obras de Velázquez que no estaban expuestas en el museo”. Y esta de la infanta fue una de las elegidas: aunque ya aparece representada en Las Meninas, se quería remarcar su valor como pieza independiente.. A partir del siglo XX, las postales ocuparon el espacio de las fotografías en las tiendas de los museos. Se convirtieron en la manera más económica y efectiva de seguir difundiendo las colecciones del Prado extramuros. La colección de fotografías, de manera paralela, crece con donaciones y adquisiciones constantes con las que Sánchez Torrijo reivindica el valor artístico e histórico de esta otra memoria del museo, “no solo somos una pinacoteca de pintura y escultura”, ha remachado Falomir sacudiéndose, en sus palabras, “este sambenito”.
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