Nadie lo diría pero este apartado chalet de San Lorenzo del Escorial contiene literalmente toneladas de ritmo, sabrosura y, vaya, sensualidad. Alberga la que posiblemente sea la mayor colección privada de música latina en el mundo: 55.000 vinilos y unos 25.000 CDs. Y toda la memorabilia que puedan imaginar: libros, revistas, partituras, postales, cajas de cerillas de legendarios locales, trajes de Celia Cruz o Josephine Baker más una amplia colección de deslumbrantes carteles cinematográficos, la mayoría procedentes de México, donde prosperó el llamado cine de rumberas. Sin olvidar un inmenso archivo fotográfico, en buena parte procedente del diseñador neoyorquino Izzy Sanabria, el afamado creador del mensual Latin NY.. Seguir leyendo
Suena incongruente pero en la histórica localidad madrileña se encuentra un verdadero paraíso tropical
La coleccionista. Columna. Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado. Suena incongruente pero en la histórica localidad madrileña se encuentra un verdadero paraíso tropical. El audio de esta noticia utiliza una voz sintética generada por Inteligencia Artificial y podría tener algunas inconsistencias.. Alejandra Fierro Eleta, más conocida como Gladys Palmera, en una foto de 2015 en Barcelona.Massimiliano Minocri. Nadie lo diría pero este apartado chalet de San Lorenzo del Escorial contiene literalmente toneladas de ritmo, sabrosura y, vaya, sensualidad. Alberga la que posiblemente sea la mayor colección privada de música latina en el mundo: 55.000 vinilos y unos 25.000 CDs. Y toda la memorabilia que puedan imaginar: libros, revistas, partituras, postales, cajas de cerillas de legendarios locales, trajes de Celia Cruz o Josephine Baker más una amplia colección de deslumbrantes carteles cinematográficos, la mayoría procedentes de México, donde prosperó el llamado cine de rumberas. Sin olvidar un inmenso archivo fotográfico, en buena parte procedente del diseñador neoyorquino Izzy Sanabria, el afamado creador del mensual Latin NY.. Es la obra de toda una vida de Gladys Palmera, en la vida civil Alejandra Fierro Eleta. Hija de español y panameña, creció en una casa familiar donde recuerda que sonaba mucha bossa nova. En un viaje a Panamá, coincidió con la etapa imperial del sello Fania, que producía lo que vulgarmente se denominaba —para horror de los puristas— salsa. Un flechazo. Se estrenó adquiriendo una de las cumbres del género, Metiendo mano, primera colaboración del neoyorquino Willie Colón con el panameño Rubén Blades, en el sello Fania. Luego llegaría la inmersión en el océano cubano: Ñico Saquito, Arsenio Rodríguez El Ciego Maravilloso, Celina González. Y la exploración del bolero…. La mayoría de los coleccionistas de discos se conforman con acumular sus tesoros. Resulta que Alejandra tenía alma de evangelizadora y, a final de los ochenta, se lanzó a la radio. Estuvo de inquilina en varias emisoras de Barcelona y Madrid hasta que se decidió a lanzar Radio Gladys Palmera, que resistió en el aire muchos años, sin apenas retorno económico. Recibió un premio Ondas en 2015, cuando el dial ya se había mudado a internet, donde todavía reside, ofreciendo cinco canales de música ininterrumpida y centenares de programas especializados. Y todavía se rebela cuando la llaman “mecenas”; prefiere “filántropa” ya que, a través de la Fundación Gladys Palmera, subvenciona La Escuelita del Ritmo en Portobelo, en la costa caribeña de Panamá.. El origen de la colección fue una pequeña tragedia. Estando en Panamá se enteró de que una radio local había perdido toda su discoteca en una tremenda inundación tropical. Decidió que, aparte de conseguir discos había que ponerlos a buen recaudo, una vez que habían sido escrupulosamente limpiados y catalogados. Obra de un amable equipo de melómanos que también selecciona la mejor copia de cada ejemplar y atienden a los curiosos: la colección no está abierta al público pero, previo aviso, recibe visitas si están justificadas.. Exposición ‘Latina. Mujer, música y glamour’, celebrada en Gladys Palmera.Casa de América. Y no, Alejandra/Gladys no tiene prejuicios. Para ella, el reguetón es otra mutación más de la música afrocaribeña: te explica que viene de la pasión por cantar reggae y dancehall en español, un hábito muy desarrollado precisamente en Panamá. Le preocupa, eso sí, que su incierta fama afecte a la valoración del resto del universo sonoro hispanoamericano. Eso puede afectar al destino final de la colección: tuvo la oportunidad de venderla al Smithsonian de Washington, pero preferiría que se quedara en Madrid, al cuidado de alguna institución que permitiera su consulta. Dada la persistente sordera nacional, eso parece hoy wishful thinking.. Sobre la firma. Periodista musical en radio, televisión y prensa escrita, ocupaciones evocadas en el libro ‘El mejor oficio del mundo’. Lo que no impide su dedicación ocasional a la novela negra, el cine, los comics, las series o la Historia.. Normas ›. Mis comentariosNormas. Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos. Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus.. Más información. Archivado En. Cultura. Música. Diego A. Manrique. Rock. Canciones. Conciertos. Si está interesado en licenciar este contenido, pinche aquí
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