La admirable Fundación Castro acaba de poner una pica en Flandes publicando la Biblia de Ferrara, como decir que todavía quedan en España instituciones privadas a las que la cultura importa (las públicas hace ya mucho que sucumbieron a las chorradas y cancelaciones, haciendo dejación de cualquier noble empeño). Como es sabido, esa Biblia fue la primera «en lengua española traducida palabra por palabra de la verdad hebraica por muy excelentes letrados, vista y examinada por el Oficio de la Inquisición». Iba dedicada al mecenas que mandó imprimirla en 1553 en Ferrara, patria de muchos de los judíos expulsados de España en 1492, desarbolados unos y a la deriva tantos.. El grabado que figura en la portada de esa edición príncipe alude a esto último, un galeón con el palo de la cofa partido en dos, símbolo de la triste condición de aquellos a los que el ciego edicto de los Reyes Católicos obligó a vagar sin rumbo por el mundo.. La profesora Paloma Díaz-Mas relata en un gran prólogo, que bien podría haber sido el capítulo de una de sus novelas, las circunstancias que rodearon esta edición, tan novelescas como fascinantes.. Nos advierte Díaz-Mas que «el lenguaje de la Biblia de Ferrara resulta un tanto extraño para el lector actual. El vocabulario es castellano, pero hay rasgos en la sintaxis e incluso en la morfología de algunas palabras que no coinciden ni con los del español actual ni siquiera con los del castellano que conocemos a través de las obras literarias y los documentos del siglo XVI». El propio editor de 1553 admite que «aunque a algunos parezca el lenguaje della bárbaro y estrano, y muy diferente del polido que en nuestros tiempos se usa, no se pudo hacer otro [otra cosa]».. Esto fue así porque sus traductores del hebreo decidieron «seguir verbo a verbo y no declarar un vocablo por dos, lo que es muy dificultoso». O sea, no fantasearon. Moshe Lazar, responsable de la edición de Castro y autor del prefacio, pone un par de ejemplos comparativos (de Salmos e Isaías) de la Biblia de Ferrara y la revisión que hizo Cipriano de Varela a Casiodoro de Reina, en la conocida como Biblia del Oso (1569) por el oso estampado en su portada (como en la de Ferrara va el galeón).. La diferencia entre la del Oso y la del barco es notable (y no solo porque en una, la del barco, para uso exclusivo de judíos, figure únicamente el Antiguo Testamento, y en la del Oso se complete con el Nuevo). Con apenas quince años de diferencia, se dirían universos alejados. El castellano (en realidad ladino) de la de Ferrara contrasta con el que se emplea en la del Oso, el que se hablaba en España en la corte o en las ventas (el de Bernal Díaz y el de Valdés, cabría añadir).. ¿Fue esa la razón para que la preferida de Jovellanos fuese la de Ferrara, la que él leía? Lo cuenta en uno de sus Diarios. Es muy probable. A Jovellanos, un ilustrado serio, no le podían hacer gracia los neologismos y las licencias filológicas que se tomaron Reina y Varela, quienes, por cierto, tuvieron muy presente la de Ferrara para la suya propia. El curioso y muy cultivado lector de esta página puede que se esté preguntando: ¿pero tan importante es esta Biblia de Ferrara?. A ver, hay libros que son velas o timón o sextante, pero muy pocos son ancla. La Biblia es uno de estos, tanto como la Ilíada, las tragedias de Shakespeare o el Quijote. Sin embargo, a diferencia de estos y tantos libros, la Biblia no se lee de principio a fin. La Biblia hace sobre todo compañía, y tarde o temprano nos pide fondear en ella. Hasta hoy las mías eran la del Oso y la de Nácar-Colunga (mi preferida, más que la famosa de Jerusalén). A ellas se sumará la de Ferrara que nunca antes había podido leer (la edición anterior de Lazar se evaporó hace más de treinta años), y al ir a mis pasajes preferidos (la historia de José, la de Tobías y el ángel, Reyes, Salmos), ha comprendido uno a Jovellanos: nadie en nuestro idioma estará nunca tan cerca de la palabra original de Adonay como en las que Yom Tob Atia y Abraham Usque, sus traductores, trajeron a este libro, el Libro.
La Lectura // elmundo
La Fundación Castro publica la Biblia de Ferrara, demostrando que todavía quedan en España instituciones privadas a las que la cultura importa. Las públicas hace mucho que sucumbieron a las chorradas Leer
La Fundación Castro publica la Biblia de Ferrara, demostrando que todavía quedan en España instituciones privadas a las que la cultura importa. Las públicas hace mucho que sucumbieron a las chorradas Leer
