El precio de la libertad de Monique está registrado con precisión. «Cantidad adelantada por Didier: 200 euros; Nevera: 500 euros; Cocina de gas: 300 euros; Taxi de escape: 15 euros; Depósito de la casa: 1.100 euros; Depósito para los primeros meses de la Nueva Vida: 2.000 euros». Este es el dinero que la madre del escritor necesitaba para escapar, para escapar de un hombre violento y salvarse con la ayuda de su hijo. Monique se evade (que Salamandra publica en España el próximo 12 de marzo) es el último y valientemente conmovedor capítulo de la historia familiar iniciada por el francés Édouard Louis (Hallencourt, 1992) hace más de una década con Para acabar con Eddy Bellegueule (2015): en aquel entonces, era él quien huía de la pobreza, la homofobia y la violencia en una ciudad postindustrial del norte de Francia. Esa novela causó un terremoto en el mundo de la literatura de su país y más allá.. Durante los últimos diez años, Louis abandonó Hallencourt para mudarse a París, enseñó en Nueva York, vivió en Atenas y dio conferencias en China. Ha popularizado una literatura de «desertores de clase», transformando las historias de su familia -su padre, aplastado por el trabajo en una fábrica, su hermano mayor, que murió de alcoholismo a los 38 años, su madre, víctima de violencia doméstica pero capaz finalmente de emanciparse- en una extraordinaria herramienta de lucha política.. Nos encontramos con él en un café para conversar donde anécdotas personales se mezclan con teoría literaria, y lágrimas, más o menos contenidas, se funden con la fuerza de una cosmovisión. A sus 33 años, Louis ha aprendido y adoptado los códigos de conducta de la sofisticada metrópolis, salvo por el desapego. Y quizás ahí radique su grandeza literaria y sobre todo humana.. En ‘Monique se evade’, habla mucho de la vergüenza, la que siente al recordar los momentos en que decepcionaste a tu madre. Esa noche, por ejemplo, cuando se vistió elegante para cenar con ella y después la pospuso para encontrarse con un fotógrafo famoso. Todo lo que narra son sentimientos universales, no ligados a la clase social, la pobreza ni el feminismo, ¿Quería escribir un libro universal?. El poder de la literatura reside en conectar. Leer a Proust te conmueve, incluso si no perteneces a la clase media alta. Mi libro también habla de la vergüenza y la culpa que todos sentimos, de la brecha entre la necesidad de construir nuestras vidas y, cuando tenemos un mínimo de ternura y empatía, el deber ético de cuidar a nuestros padres, incluso cuando ha habido muchos problemas y malentendidos. Pero la culpa y la solidaridad están entrelazadas; forman parte del mismo sistema. No me habría preocupado tanto por mi madre, ayudándola a salir de la casa de ese hombre, sin la culpa de no haberlo hecho antes.. Dado el abuso que sufrió de niño y adolescente, podría haber resuelto el problema odiando a su madre y rompiendo relaciones. En cambio, existe un gran amor entre ustedes, a pesar del pasado y la brecha social que ahora los separa. ¿Por qué?. Existe, ciertamente, pero esta ternura también se entrelaza con la violencia que compartimos; forman parte de una misma historia. De pequeño, mi madre solía ser extremadamente violenta conmigo, porque, como todos en nuestro entorno, pensaba que no era normal, que era afeminado, y sufrí mucho por ello. Esta violencia de mi madre y de otros me alejó; fui el primero de mi familia en irme del país, debido o gracias a esos abusos. Pero cuando, después de mi padre, el hombre con el que mi madre vivía en París también bebe, la insulta y la maltrata, no dudo en intentar ayudarla: de niño, era violenta conmigo porque mi padre y el mundo eran violentos con ella. Monique se evade narra un ciclo entre la violencia y la emancipación, en el que ambas fuerzas forman parte de un mismo movimiento.. Han pasado diez años desde que ‘rompió’ con Eddy Bellegueule, ese otro yo suyo. ¿Cómo ha cambiado la sociedad desde entonces?. Me parece que hay fuerzas que empujan en direcciones opuestas: la extrema derecha en el poder en Italia o a punto de tomarlo en Francia, pero también la victoria de Mamdani en Nueva York, el debate sobre el impuesto Zucman en Francia [propuesta fiscal del economista francés Gabriel Zucman, director del Observatorio Fiscal de la Unión Europea, que busca gravar las grandes fortunas a nivel internacional], algo impensable hace diez años. Cuando estaba de gira por Europa para el libro de Eddy Bellegueule, un periodista en Suecia me dijo que quizás las clases sociales aún existían en Francia, pero ciertamente no en Escandinavia. ¿Acaso los profesores universitarios limpiaban habitaciones de hotel en Estocolmo? No lo creo, pero la creencia generalizada era que vivíamos en un mundo posmarxista donde las clases ya no existían. Hoy, creo que la violencia de clase se niega menos que antes.. «De niño, mi madre era violenta conmigo porque mi padre y el mundo eran violentos con ella. Pero aún así debía ayudarla. Ternura y violencia se entrelazan». Cuando va a casa de su madre para ayudarla a hacer su equipaje y dejar a su abusador, se encuentra con la mirada del hombre en la ventana y no siente odio. ¿Es él también víctima de la violencia mundial?. En los días previos al incidente, cuando mi madre me llamaba por teléfono, lo oía gritar de fondo: «Eres una puta, deja de hablar con ese maricón de tu hijo», cosas así, y ya me había formado una opinión de él. Más adelante, el día que mi hermana y yo fuimos a su casa para ayudarla a salir, vi a este hombrecillo, con esa cabeza de rata, y más que otra cosa lo que me dio fue pena. Como dijo Hannah Arendt, basta con ser estúpido para propagar la violencia; no hace falta ser un genio sanguinario. La tragedia de la violencia machista es que afecta a todos, no solo a los hombres corpulentos y musculosos que salen de la cárcel con tatuajes en los bíceps, sino al conjunto de la sociedad.. ¿Y por qué hay tantos hombres violentos?. A menudo me he preguntado por qué ciertas masculinidades necesitan expresarse con el tono de una cruzada. Algunos hombres no se conforman con ser viriles; también deben despreciar a quienes son menos fuertes que ellos. Me he dicho que es el mecanismo psicológico subyacente al Macbeth de Shakespeare: Macbeth mata al rey para tomar el poder, pero una vez que se apodera de la corona, se atormenta porque entiende que debe proteger un poder ilegítimo. La masculinidad expresada a través de la agresión nunca es serena. El hombre que insultó a mi madre era un bufón como Macbeth, en una cruzada permanente para defender el templo de la masculinidad. ¿Por qué, cuando iba al colegio, los chicos no se conformaban con ser fuertes y viriles, sino que me insultaban, me escupían y me atacaban? Porque en el fondo, sabían que el suyo era un poder ilegítimo, robado y antinatural, y por lo tanto debía ser impuesto y defendido a cada momento.. En ‘Monique se evade’, uno de sus grandes temas, el de la clase social, regresa de manera prominente en forma del cálculo de cuánto le costó materialmente a su madre huir de ese hogar. ¿Es un precio que no todas las mujeres podrían haber pagado?. Desde luego. Para entender el precio de la libertad hay que pensar en las mujeres que no pudieron pagarla y tuvieron que quedarse, dejando que la gente las pisoteara. Mi madre tuvo que dejar de estudiar muy joven; siempre se dedicó a cuidar de la familia. No tenía ni un céntimo ahorrado, y pudo escapar gracias a que yo me liberé primero y pude ayudarla a pagar ese precio.. ¿Es por esto que cuenta por lo que usted lleva un registro tan preciso de sus gastos?. Sí, al principio incluso intenté publicar los gastos en los márgenes del libro, acompañando las experiencias de mi madre con su coste, un poco como lo que hizo Roland Barthes en Fragmentos de un discurso amoroso, pero no funcionó, así que elegí otra fórmula. Quería llevar a la literatura lo que la literatura suele considerar trivial, vulgar, indigno, como el coste de un taxi.. Louis junto a su madre Monique en un selfi publicado en las redes sociales del escritor.. «Hace diez años la creencia generalizada era que vivíamos en un mundo posmarxista donde las clases ya no existían. Hoy, la violencia de clase se niega menos que antes». En este sentido, ¿considera que la literatura obedece a reglas no escritas?. Sí, es verdad que ocurre. Pero pasa con muchas cosas, por ejemplo, con las reglas de género, que no están escritas en ningún sitio. Al nacer, nadie te da un manual que diga que un niño debe hacer esto y una niña aquello; sin embargo, las reglas están por todas partes, y la sociedad te castiga si no hablas, caminas o vistes de cierta manera. La literatura funciona igual: en teoría, no hay reglas, pero en la práctica, existen por todas partes. Una de las reglas no escritas que intento romper es que un buen libro debe estar libre de patetismo; de lo contrario, es un drama y no sirve para nada.. ¿Entonces, piensa que el gusto literario dominante prescribe tonos secos y asépticos?. En teoría, la literatura es libertad, pero cada tres días lees un artículo elogiando otra novela maravillosa escrita «sin patetismo». Estas opiniones encierran una lucha de clases oculta, porque lo noble en la literatura se define en realidad por su oposición a la estética popular de la telenovela, de las palabras dulces que te dicen cuándo llorar, de la novela sentimental que te arranca las lágrimas, de esos cuadros colgados en la cocina que muestran un delfín saltando hacia el atardecer. Si uno expresa en un libro ese tipo de cosa se le tilda peyorativamente de vulgar, de kitsch, de popular.. Sin embargo, este libro suyo seguro que llevará lágrimas a los ojos de más de un lector.. Eso espero. Yo abogo por el acto de imponer una emoción, sin dejarla a la discreción del lector. No defiendo pinturas de delfines al atardecer, sino la emoción como técnica política para obligar al lector a mirar a la violencia a los ojos y no a apartar la mirada, como se hace al pisotear a una persona sin hogar en la acera. Por eso mis lectores me aman o me odian. Monique se evade es realmente un libro escrito para conmover, para evocar emociones al servicio de la verdad. La literatura puede usarse para entretener, para hacer soñar… Cada uno tiene derecho a usarla como quiera. En cuanto a mí, la uso con la esperanza de contribuir a cambiar la realidad. Hay mujeres que vienen a saludarme en la librería para decirme que dejaron a sus maridos maltratadores después de leer mi libro: esto es lo que quiero hacer con la literatura.. Su madre sufre violencia machista, y también violencia de clase, que se manifiesta de diversas maneras en el libro. Por ejemplo, ¿hay violencia de clase también en la alimentación?. Cientos de pequeñas cosas acumuladas, cada una de ellas sin importancia, conforman en última instancia el sistema de clases. Cuando mi madre se refugia unos días en casa de mi amigo Didier [Eribon, filósofo y autor de Regreso a Reims, Taurus, 2024], yo estaba en Atenas disfrutando de una residencia artística y no podía estar físicamente cerca de ella. Un día le sugerí que pidiera algo de comer por teléfono, quizá comida libanesa, algo completamente común en París. Y ella me dijo que no tiene ni idea de qué es eso, que nunca lo ha probado. Obviamente esta anécdota no relata el fin del mundo, claro, pero ilustra cómo la violencia de clase también es una exclusión sensorial, gustativa y olfativa, una parte del mundo que permanece desconocida. Mi madre nunca había probado la comida libanesa, nunca se había alojado en un hotel o cogido un avión. Mucho después la llevé conmigo a Alemania para ver una obra de teatro inspirada en su historia, y allí pudo asomarse por primera vez por la ventana, cruzar una frontera por primera vez y escuchar también por primera vez otro idioma distinto del francés hablado en la calle.. Cuenta que a ese viaje llevó una maleta enorme.. Sí, llena de toallas, porque no sabía que las encontraría en el hotel. No podía imaginarlo.. Y usted no se atreve a decírselo.. Intento no ser intrusivo, no presumir de mi familiaridad con muchas de estas cosas ni de haberme convertido, comparado con ella, en una especie de hombre de mundo. Resaltar la ignorancia de alguien, sobre todo si no es culpa suya, puede crear un abismo.. «La masculinidad expresada a través de la agresión nunca es serena. Algunos hombres no se conforman con ser viriles, también deben despreciar a quienes son menos fuertes que ellos». ¿Es esta familiaridad suya que comenta con un mundo más cosmopolita y abierto ser lo que usted mismo llama «un desertor de clase»?. Pues… en cierto sentido, creo que sí, que eso que dices es cierto. De niños pensamos que pertenecer a la clase trabajadora significa tener poco dinero y vivir en un hogar modesto. Pero la pregunta también es: ¿qué como? ¿Hablo alto o bajo? ¿Me río a carcajadas o con moderación? ¿Hablo con o sin acento? ¿Qué música escucho, qué películas me gustan? En un restaurante, ¿pido carne con patatas fritas o pescado? Todo depende de cómo sostengas el vaso o el tenedor, del color de tus calcetines, de los muebles que elijas para tu casa, de si estás acostumbrado a viajar o no. No hay una sola puerta entre un aula y otra, hay quinientas, y cada pequeño gesto puede revelar la brecha que se ha abierto entre mi madre y yo. Por eso intento ser prudente, cuidadoso, delicado, para no infligirnos a ambos violencia de clase.. Quizás es gracias a esta bondad, a este tacto que demuestra, que existe un gran vínculo entre ustedes.. Quizá, sí. Además, desde hace un tiempo todo es mucho más fácil, porque mi madre está tan feliz con su recién descubierta libertad que se ríe de todo lo que podría herirla. En ese sentido, este es quizá mi primer libro de pura alegría. En la introducción a mi primera novela, la de Eddy Bellegueule, dije que el sufrimiento lo abarca todo, que hace desaparecer todo lo que no encaja en su sistema. De niño siempre sufría, incluso en ocasiones en las que debería haber sido feliz. Bueno, he descubierto que la alegría también puede abarcarlo todo. A mi madre, al final, no le importa si no sabe cómo comportarse en una habitación de hotel, en el aeropuerto o cuando la aplauden y la invitan a subir al escenario en Hamburgo. Simplemente disfruta.. Tanto es así que quiere quedarse con el equipo de la obra después del espectáculo, aunque no habla ni una palabra de alemán ni de inglés. ¿Es esta la prueba definitiva de que se ha liberado de algo?. Lo es, sí. Y también de que la alegría triunfa sobre el riesgo de sufrir una humillación. No fue fácil escribir sobre esto; no se me da bien describir la alegría. Pero me dije a mí mismo que era una alegría contra la violencia, una alegría política, como la de quienes bailan en los desfiles del Orgullo Gay frente a la violencia.. Lo dice como si la alegría fuera un pecado por el que disculparse, un lujo que no se le permite tocar. ¿Lo siente así en cierto modo?. Puede ser. La culpa siempre está presente como una maldición. Intento liberarme de ella, pero no es fácil, como si acercarse a la felicidad significara traicionar la causa, mi literatura, parte de mi vida, o quién he sido. No obstante, la alegría de mi madre es revolucionaria y merecía ser contada. Y espero que se contagie y contrarreste esa culpa que siempre está al acecho.
La Lectura // elmundo
Niño prodigio de la literatura francesa, el escritor cierra su crudo ciclo autobiográfico con ‘Monique se evade’, la descarnada historia de cómo rescató a su madre de una relación machista abusiva. «Mi único objetivo al escribir es lograr cambiar la realidad» Leer
Niño prodigio de la literatura francesa, el escritor cierra su crudo ciclo autobiográfico con ‘Monique se evade’, la descarnada historia de cómo rescató a su madre de una relación machista abusiva. «Mi único objetivo al escribir es lograr cambiar la realidad» Leer
