La cineasta Chloé Zhao lee a la escritora Maggie O’Farrell y juntas desmontan, nada más y nada menos, que el más clásico de todos los textos clásicos. La tragedia del príncipe Hamlet es contemplada desde la novela y la película Hamnet como nunca lo fue antes. Así, la historia de William Shakespeare (Paul Mescal), al que nunca se le menciona por su nombre ni en la novela ni en la película, y su mujer Agnes (Jessie Buckley), que en los libros de historia aparece como Anne Hathaway, es reinventada desde el duelo por la muerte del hijo hasta dar con la clave jamás desvelada de la obra teatral más interpretada, más analizada y más estudiada de la historia. De repente, la obra que todos conocíamos adquiere otro sentido, otra emoción, otro abismo. Desde el otro lado. Devastador e iluminado. El ser o no ser, de repente, es un ofrecimiento de vida.. Isabel Coixet adapta dos de los cuentos de la italiana Michela Murgia recogidos en su libro semiautobiográfico Tres cuencos (publicado en España por Altamarea). En uno de ellos, una mujer es abandonada por su pareja y cuando más triste se siente, otra tristeza aún más profunda hace acto de presencia para dar nuevo sentido a todo. La autora murió de cáncer y lo que sufre su personaje es la misma y cruel metástasis que coloca a las dos, la de la realidad y la de ficción, a los pies de idéntica muerte. En el otro relato, un hombre deja a su pareja. No sabe muy bien por qué, simplemente hace lo que hace porque puede hacerlo. Y todo ello para darse cuenta acto seguido de la inmensa e irreparable gravedad de su error. La película coloca los dos relatos uno frente al otro y los cose en lo que acaba por ser una misma historia de pérdida, dolor, perdón y comida romana. Con delicadeza, con pausa, con un desarrolladísimo sentido de observación, Tres adioses se va construyendo no tanto delante como dentro mismo de la mirada del espectador. Y lo hace como una tragedia inédita, profunda y hasta divertida. Más bella que melancólica. Jubilosa de puro desesperada. Lo que queda es el testimonio de una vida vivida, de una muerte consciente y, por ello, iluminada por el recuerdo.. Así por encima, y sin meterse en honduras, del libro existen cerca de una veintena de películas de las que por lo menos tres tienen derecho a llamarse obras notables, una de ellas maestra. La más conocida es, sin duda, la que interpretaron Laurence Olivier y Merle Oberon en 1939 bajo el dictado de William Wyler. Pero la que más nos gusta es Abismos de pasión. Es decir, el esfuerzo libérrimo de Buñuel por convertir la letra de Emily Brontë en un monumento a algo entre el incesto, la culpa, el deseo y lo turbio. Muy turbio y, sobre todo, muy divertido. Luego estaría la maravilla sensual y violenta rodada por Andrea Arnold en 2011. Ahora llega una nueva versión con ganas de ruido: de Emerald Fennell con Margot Robbie y Jacob Elordi. De esta directora de gesto visceral conocíamos hasta el momento la provocadora y genial Una joven prometedora y la aún más provocadora y algo menos genial Saltburn. Lo que promete es una relectura como es ella: furiosamente feminista o feministamente furiosa. Como se quiera. Sea como sea, Emily Brontë no se acaba nunca.. Si ha habido una película este año pasado (aunque a España llegue ahora) con derecho a llamarse la gran sorpresa, ésa es sin duda Sorry, Baby. El debut a la dirección de la hasta ahora solo actriz Eva Victor no solo llamó la atención en la pasada edición de Sundance, sino que hasta Julia Roberts se rindió a sus pies en la pasada gala de los Globos de Oro que coronó a Hamnet y a Una batalla tras otra. La película cuenta de forma fragmentada el día a día de una mujer. De entre los escombros de una vida que se adivina rota surgen los indicios de algo que sucedió en el pasado. Algo grave. La película se compone y recompone en la mirada del espectador de manera casi milagrosa a través de los signos apenas apuntados por miles de pequeños abismos de silencio. Y así hasta dibujar el perfil exacto de una herida que traspasa el cuerpo de la protagonista (la propia Eva Victor) para alcanzar al de todas las mujeres. Lo que consigue la directora es un raro y luminoso prodigio de sinceridad, de exactitud, de emoción. El título de la película es la frase que se escucha justo al final. Se la dice el personaje principal al bebé de una amiga. Es un último misterio con forma de herida milenaria.
La Lectura // elmundo
Cuatro de las películas más esperadas del año son adaptaciones literarias y están dirigidas por mujeres Leer
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