Avanza por el pasillo del hotel concentradísima, rodeada de un séquito de maquilladores, técnicos de vídeo, miembros de su equipo de management, agentes de prensa. Todos hablan, menos ella. Ella camina decidida, inmersa en sus propios pensamientos. Es mucho más pequeña de lo que uno imaginaría al verla brillar, enorme, sobre el escenario; al sentir su influjo aplastante en pantalla. Está seria, muy seria, mucho más de lo que uno imaginaría escuchando sus letras, una oda a la fiesta, el sexo, el baile y el jolgorio, al fin y al cabo. Sabe divertirse, Bad Gyal, se reconoce una parte «loquita», pero cuando está trabajando, ella es la jefa.. Lo sabe y lo hace notar.. «Esa luz así, no, por favor. No me gustan estas sombras». Observa su propio rostro en el monitor con mirada analítica, ajena al ir y venir a su alrededor. En ese momento sólo existen el cámara, ella y su reflejo. «Así mejor, más matizado», concede finalmente cuando, tras varias contorsiones, el descomunal foco que la alumbra le devuelve una imagen a su gusto. Un estilista le arregla el flequillo y batalla incansable contra un sujetador color visón que pugna por asomar del escote infinito de una suerte de americana de piel con cortes intrincados en las mangas. El pantalón blanco también se recorta en pequeños rombos. Mientras habla, busca los huecos con sus larguísimas uñas negras y blancas, marca de la casa.. Todo en la imagen de esta mujer bellísima con reminiscencias de diva dosmilera, casi la proyección humana de una creación de la inteligencia artificial, está cuidadosamente calculado. No hace un gesto de más. No dice una palabra de más. Tampoco de menos. Piensa rápido y dispara. Tiene muy claro lo que quiere transmitir y lo que prefiere callar. Sabe, al fin, lo que quiere. Y lo pide.. Bad Gyal es Alba Farelo, una chica de Vilassar de Mar, un municipio de 20.000 habitantes en la costa barcelonesa que un día reinventó el género urbano.. Bad Gyal es, además, El Pussy K Mana. Ha quedado meridianamente claro.. Entrevista a Bad Gyal: «Esta industria ha afectado a la seguridad que tengo en mí misma»SARA POLO / DAVID PUENTE (Vídeo). «¿También eres piscis? ¡Qué guay!», sonríe, al fin. «¿Has cumplido ya, o todavía no?». A la reina -«no princesita», advierte en uno de sus últimos singles- catalana de los ritmos jamaicanos se le acumulan las fechas señaladas. La agenda imposible arranca este viernes con el lanzamiento de su nuevo disco, Más cara; continúa este sábado con su cumpleaños, última etapa de la veintena, cuya impronta descubriremos más adelante; el próximo día 20 emprende gira por España más con más de la mitad de las 11 fechas ya vendidas y las otras, a punto de colgar el cartel de sold out. «Se ha quedado un marzo bastante interesante, la verdad. Muchas cosas pasando», concede. Y apostilla, pensativa: «Muchísimo trabajo, hay que hacer muchísimas cosas. Pero con muchas ganas y mucha ilusión».. Hiciste partícipe al público de las dificultades a las que te enfrentaste para sacar tu primer disco ocho años después de empezar tu carrera, en tu documental homónimo. ¿Qué significa publicar un álbum para alguien que ya se había convertido en superestrella internacional sin necesitarlo?. Eso de que no lo necesitaba es una afirmación muy establecida. Sin que me haya sentado mal la pregunta, sí siento que esa forma de pensar es un cliché que se relaciona con la música urbana. Como los singles funcionan tan bien, ¿para qué hacer un disco, no? Para mí, un álbum es un lenguaje completamente diferente, otra manera de trabajar. Todo va muy rápido en esta industria. Lo que consume la gente joven, sobre todo, va súper relacionado con las redes sociales, con vídeos de 30 segundos en TikTok. Los artistas de hoy sentimos una velocidad extrema que a veces hasta a nosotros nos cuesta mantener. Entonces, un álbum es un pequeño respiro, un trabajo que puedes hacer con un poco más de tiempo, es uno de los pocos momentos en los que nos podemos centrar en hacer algo durante un año. No estamos hablando ni de dos ni de tres, como antes: paro de girar y me centro en mi disco. Los tiempos han cambiado muchísimo. Los artistas trabajamos todo el rato y cogemos dos semanas de vacaciones al año. Esa es la realidad. Así que, para mí, un álbum significa trabajar de una manera muy distinta, disfrutar más del proceso. Tú puedes salir de una sesión de estudio en la que te has sentido súper bien y has sacado algo que va a ser un súper single, pero el proceso de tener un poco más de calma para poder crear, para formar un equipo, para hacer, deshacer, quitar, desquitar… Hay muchas canciones que no han entrado y he experimentado con muchísimas cosas que no me han funcionado para el resultado final de este disco, pero que me pueden servir para otras cosas.. ¿Ha sido menos duro el proceso que con La Joia?. Mi experiencia, esta vez, ha sido súper diferente. Hemos aplicado muchas cosas que aprendimos y he tenido un equipo increíble. Es la primera vez que me he decidido a trabajar con compositores. La Joia lo hice sola, yendo de sesión en sesión con un productor, con el otro, de estudio en estudio, y muy sola marcando el rumbo del barco. Pero al final, soy artista. Siento que mi skill de productora ejecutiva se me queda grande y que no puedo estar a la altura del nivel del proyecto que, como compositora y como artista, quiero sacar. Necesito un productor ejecutivo que me acompañe en eso, que se encargue de tener el diálogo con los productores, de seleccionar qué personas me pueden entender. Así que el proceso y el equipo han hecho que esta experiencia haya sido mucho más tranquila y que la haya disfrutado mucho más, la verdad.. Siempre has reivindicado tu necesidad de dirigir el proceso creativo, incluso hay una cláusula en tu contrato discográfico que te otorga la última palabra. ¿Te ha costado ceder una parte del control?. No, no. El control ha seguido estando ahí porque yo soy una control freak. Es una conversación que he tenido mil veces con mis padres, con mi equipo. Delega, delega, delega. Llevo toda mi carrera en la misma conversación y sigo sin saber hacerlo. No ha sido delegar, ha sido compartir. Ha sido trabajo en equipo, que es muy diferente. Yo estoy en la sesión desde que empieza hasta que termina, a veces, incluso, me voy la última o llego antes. Pero estoy más en una posición de liderazgo, de expresar qué quiero. La gente quizás entiende que cuando hay compositores esa letra no es tuya, pero no es así. Yo he sido la que decidía de qué quería hablar, yo he sido la que escribía en el teléfono y a mi alrededor sólo había personas que entendían bien mi universo y me ayudaban a expresar algunas cosas, a construir algunas frases. A veces, simplemente, a elegir cuántas sílabas tenía un verso. Las barras yo no las puedo dejar de lado porque forman parte de mi estilo, de mi sello personal, es parte de mi proceso emocionarme y usar mi ingenio para que luego la gente cante eso. [Se queda pensativa, como si se hablara a sí misma] Cuando digo estas cosas, la gente siempre comenta: «Pero qué ingenio, si sólo dices tonterías y cosas huecas». Bueno, los que me entienden me entienden. No puedo involucrarme de una forma distinta, lo que sí puedo es escuchar. He tardado tantos años en trabajar con compositores porque exijo una manera muy concreta de trabajar en equipo, que es que se me escuche primero, que sea un tira y afloja, que el productor sepa muy bien cuándo tiene que proponer y cuándo me tiene que dar mi espacio. Esto te lo explicaría mejor el productor ejecutivo de Más cara, Cromo, que es mi hermano en la industria y uno de mis mejores amigos. Nadie me entiende como él. Llevamos seis años mandándonos memes.. «Antes salía al escenario con mi eyeliner del Mercadona y me sentía una diosa. Ahora, a veces, no quiero salir». Fotografía: Jara García Azor / Superstition Agency. ¿Qué es lo que más amas y lo que más odias de la industria musical?. Podría decirte varias cosas que amo, la verdad, a mí este trabajo me ha regalado muchísimo, pero ahora mismo lo que destacaría es haber podido conocer a todos los artistas que yo admiraba de pequeña. La canción con Chencho [Corleone], por ejemplo, Choque. Cuando la compuse pensé mucho en él pero ni me planteé que fuera a ocurrir. A veces soy la última en creer en mí misma, aunque no lo parezca. Y ocurrió. He conocido a Daddy Yankee, tengo una relación estrecha con él, he trabajado con las leyendas del reguetón y del dancehall y he sentido que me respetan, imagínate lo surrealista que es eso para una chica de Barcelona que soñaba con Puerto Rico como algo lejano. Lo que menos me gusta es la velocidad, la exigencia, el ritmo, el no descanso. Soy piscis, nos gusta nuestro tiempo para nosotros, nos gusta la soledad, nos gusta el silencio. Nos gusta la tranquilidad. Tengo una parte muy loquita también por los ascendentes de otros signos, pero toda esa parte más antisocial me falta mucho.. Eres una de las artistas españolas con mayor proyección internacional, pero ahora emprendes una gira por España. ¿Existe algo similar al hogar sobre el escenario?. 100%. Hay una sensación de jugar en casa, de comodidad, de confianza, de cariño. Me encanta girar en España porque son los tours en los que puedo tener las mejores producciones, traspasar realmente el universo que quiero crear en el escenario. Gano más dinero, tengo más recursos y puedo tener mejores resultados. Y a mí eso me da mucho gusto. En la parte de la emoción y la energía, obviamente, el público de aquí es una experiencia única que te ayuda cuando este trabajo se pone difícil. Mira, yo he pasado por momentos en los que he pensado: no quiero hacer esto. Creo que es la primera vez en la vida que digo algo así. No quiero que la gente piense que no me gusta mi trabajo, me encanta. Pero en los dos últimos años he crecido muchísimo y eso implica muchísima más exposición. He tenido momentos de salud mental frágil. No quiero hacerme la víctima porque estoy súper bien, pero es verdad que a veces me he planteado si realmente quiero vivir así o preferiría tener una vida más normal, un trabajo normal con estabilidad, vacaciones en verano, fines de semana libres, una rutina, una pareja normal. Mis amigas tienen novio, tienen hijos, yo voy a cumplir 29 años y me doy cuenta de cómo evolucionan las vidas de la gente que quiero. ¿Qué momentos tienen para ellos y qué momentos tengo yo? Paso mucho tiempo sola en lugares que no son mi casa. En los dos últimos años sí que me he planteado cómo sería mi vida si no fuera así, pero en verdad creo que sería muy infeliz. Estoy viviendo un sueño. Si a la Alba niña le hubieran dado a elegir, se hubiera lanzado a por esta vida sin dudar un segundo.. Tras el glamur y el brillo hay seres humanos, con sus malos momentos…. Hay mucho curro y muchos momentos complicados, como en todos los trabajos. Mi equipo y yo no descansamos. Trabajamos de lunes a domingo y cuando podemos descansar un poco, descansamos, pero tenemos que rascar los días. Hemos tenido que renunciar a ciertas comodidades que nos daría un trabajo más convencional, pero me siento muy afortunada, muy feliz y prefiero cerrar esta respuesta centrándome en que he cumplido muchos sueños. He hecho música de la que estoy muy orgullosa y eso es el verdadero éxito para mí.. ¿Cuánto tiene Bad Gyal de disfraz de superheroína?. No hay ningún disfraz. No me gusta esa palabra, la detesto, lo siento. No hay disfraz. ¿Quiénes somos? ¿Somos siempre lo mismo? ¿Quién tiene una personalidad sin contradicciones? ¿Qué ser humano es siempre coherente? Nadie. Todos tenemos matices. Bad Gyal es una parte de mí. Soy una chica coqueta, presumida, femenina, fuerte, libre y segura de mí misma. Pero también soy vulnerable. También soy sensible. También puedo dudar. No soy esa mujer que se come el mundo todo el rato, que es lo que Bad Gyal siempre proyecta. ¿Por qué tengo que esconder que a veces no me veo linda, que a veces siento que no voy a estar a la altura? No me parece un signo de debilidad. Yo era mucho más segura cuando empecé que ahora. Cuando te hablaba de que en los dos últimos años algunas cosas se me han hecho complicadas me refería también a mis inseguridades. Que tu público crezca implica que personas nuevas te conozcan, te juzguen, no te acepten, opinen sobre ti, sobre tu música, sobre si eres válida o no, sobre tu cuerpo, sobre tu físico. Las redes sociales han creado una dinámica de interacción con el artista muy de ir a machete sin ningún tipo de filtro. No voy a engañar a nadie y a decir que no me afecta. Leo cosas muy fuertes y a veces se me hace muy complicado. Así que esta industria ha afectado a mi seguridad. Son gajes del oficio e intento leer la situación y cuidarme, pero me he llegado a venir abajo cuando estaban terminando de maquillarme antes de plantarme delante de 40.000 personas en un festival. Me he visto mal y no quería hacerlo, he sentido muchísima ansiedad. Y eso antes a mí no me pasaba. Salía con mi eyeliner del Mercadona, con mi corrector más blanco que la leche y mi pelo hecho una mierda y me sentía una diosa. [Se gira y habla directamente a cámara] Solo quiero que la gente entienda que hay que ser más suaves. Sé que con los fans se establece una relación de amor-odio y sé que todo el odio que recibo luego me lo devuelven en forma de un amor muy intenso. Pero, niños, hay que darle un pelín de matiz. Prefiero un poquito menos de amor, menos intenso y menos locura y que el odio sea también un poco más suave. Hoy en día la gente está muy cruel.. «Si me cuelgo de una barra y me abro de piernas la gente va a fijarse en mí, pero no lo hago para provocar nada». Fotografía: Jara García Azor / Superstition Agency. Lo realmente revolucionario de tu proyecto es la reapropiación de la sexualidad femenina en un género, el urbano, que históricamente ha cosificado a la mujer.. [Interrumpe, algo molesta] Como muchos otros géneros.. ¿Cómo se navega la fina línea entre la contestación desde dentro de la industria y que la propia industria convierta esa reivindicación en un producto más?. Mira, para empezar, yo no navego. Yo soy el resultado de las cosas que me han inspirado, de lo que he consumido y de mis gustos. Hay gente a la que le encanta escuchar música en vinilo e ir a un club donde solo pinchan en vinilo, y si les pones un pendrive se escandalizan. Y hay gente a la que le gusta que alguien ponga el auxiliar y pinche su lista de Spotify. Hay de todo en esta vida. Yo soy un resultado de lo que he admirado desde pequeña y de ahí sale lo que puedo aportar al mundo. Si a mí me encantan el sol jamaiquino, el reguetón y las divas de los 2000, no es tan raro tener este resultado. Y no sólo me han inspirado mujeres, también muchos hombres que hablaban muy rudo, muy sexual. ¿Qué hago? ¿No tomo ese discurso porque soy una chica y no debo hablar así? Es algo orgánico, ni siquiera me lo he planteado. Las mujeres están haciendo las cosas de otra manera y está muy bien que esa conversación esté en los medios, pero creo que sois vosotros quienes habéis hecho un discurso de todo esto. Los artistas somos, existimos y hacemos. Y vosotros nos analizáis y pensáis mucho más en el negocio, en los ideales. Hay cosas de las que soy consciente, obviamente. No he nacido ayer. Sé que si en unos premios me cuelgo de una barra y me abro de patas, la gente va a decir: «¡Guau, quién es esta tía!». Pero no lo hago para provocar nada. Lo hago porque me apetece, porque me aburro de hacer siempre lo mismo y necesito retos nuevos. Yo hago lo que sé hacer y, por suerte, a mucha gente le gusta. Yo soy esto.
La Lectura // elmundo
La reina española del dancehall lanza su segundo álbum de estudio, Más Cara, y diseccionasu forma de entender el liderazgo, su propia vulnerabilidad y el mensaje que transmite (o no) su proyecto artístico. «No soy esa mujer que se come el mundo todo el rato», confiesa Leer
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