Carmen Martín Gaite, Ignacio Aldecoa. Nacieron el mismo año, 1925. De jóvenes vivieron en la misma ciudad (Salamanca) y de adultos también (Madrid). Fueron novelistas. Amigos. Hicieron peña, piña… Aquí se acaban los parecidos. La fortuna que tuvieron sus libros fue muy diferente. Sus vidas también: Aldecoa murió joven (con 44), y MGaite (75) alcanzó a ver más o menos redondeada su ambición: la forja de un interlocutor.. Aldecoa triunfó antes de morir todo lo que se podía triunfar en España con la literatura; a ella le costó ganarse el respeto literario incluso de sus propios compañeros de generación. Sinceramente, no sé si llegó a tenerlo nunca del todo. A pesar de estar casada con Ferlosio. Benet y Ferlosio abultaron la importancia de su ensayo sobre el político del XVIII Macanaz (un gran libro desde luego, al igual que sus Usos amorosos del dieciocho, su tesis doctoral) para no tener acaso que hablar de sus novelas (seguramente demasiado… femeninas para su gusto), en las antípodas de las que escribían ellos. «Para Rafael, que me enseñó a habitar la soledad y a no ser una señora» se lee en la dedicatoria que le puso precisamente a los Usos amorosos…, de 1972; hacía dos años que ella y Ferlosio se habían separado, y no sé lo que hay en esas palabras de sarcasmo o de gratitud.. Tampoco es que Benet o Ferlosio (los mandamases y prescriptores del grupo) tuvieran las obras de Aldecoa en mucho más; es probable incluso que las encontraran sospechosas de conectar demasiado fácilmente con los gustos de la época (Mario Camus llevó tres de sus novelas al cine, una de ellas, Con el viento solano, un retrato memorable, ya en technicolor, de los arrabales madrileños que seguían teniendo el alma en blanco y negro).. «Martín Gaite, nos decía, tuvo en Aldecoa, al que admiraba sin reservas por encima de todos los demás, al interlocutor ideal. Su muerte le dejó huérfana literariamente, y la lloró hasta el final». Que Carmen no había logrado ser reconocida plenamente (como sí Ferlosio o Benet, que privaban) lo prueba el hecho de que entregara a Trieste (1983), una pequeña editorial desconocida y minoritaria, el que es su mejor ensayo, El cuento de nunca acabar, que trata precisamente de la búsqueda del interlocutor. Ella, nos decía, lo tuvo ideal en Aldecoa, al que admiraba sin reservas por encima de todos los demás. Su muerte le dejó huérfana literariamente, y la lloró hasta el final.. Cuando, terminada la guerra, los novelistas jóvenes empezaron a escribir, la sombra de Baroja en España era alargada, y hacían cuanto podían para sacudírsela de encima: Cela con su Pascual Duarte y su Colmena; Laforet con Nada; Delibes con La hoja roja; Carmen con Entre visillos; Aldecoa con Espera de tercera clase y sus relatos (lo mejor suyo), Zunzunegui, Luis Romero… Incluso El Jarama no es contrario a Baroja. En todos esos libros los ambientes son agobiantes y sombríos, fúnebres a menudo. ¿Esperanzados? Raramente (el existencialismo y el neorrealismo habían hecho estragos en Europa), pero en todo caso suplían la esperanza con la poesía. Todos resultaban vagamente poéticos.. Aprovechando el centenario de Martín Gaite y de Aldecoa, la Biblioteca Nacional ha organizado sendas exposiciones («y digo sendas», digo yo al modo de Carmen, porque parecen escolares: ni siquiera entre los cincuenta escritores que han juntado de esa generación se han acordado de incluir al que probablemente es el más original y valioso de ellos, Jiménez Lozano). Claro que la culpa tampoco es del todo de sus comisarios. Lo que dejan tras de sí los escritores no suele ser vistoso: papeles, manuscritos, cuadernos, collages (en el caso de Carmen), libros, fotografías, algunos objetos personales (la estilográfica parker que le regaló a Carmen su maravilloso padre, cuyo abrecartas Carmen me regaló a mí), expuestos en vitrinas como mariposas muertas.. Ha sido emocionante, sin embargo, encontrarse juntos los mundos de esos dos escritores, una invitación a releer los melancólicos relatos de Aldecoa y los siempre inteligentes ensayos de MGaite. ¿Los leerán los lectores futuros? ¿Querrán saber cómo fue el país en que vivieron, la rota condición humana que ellos trataron de entablillar, como ala de un pájaro? Marcados por la guerra, nunca llegaron a sacudirse la tristeza, el quinto jinete del Apocalipsis que recorrió aquella España de lado a lado.. La vida y la Bne han querido juntarlos al fin, después de tantos años. Que el olvido no vuelva a separarlos.
La Lectura // elmundo
Emociona encontrar juntos los mundos de ambos escritores, los melancólicos relatos de uno y los inteligentes ensayos de la otra. La vida y la BNE han querido unirlos. Que el olvido no vuelva a separarlos Leer
Emociona encontrar juntos los mundos de ambos escritores, los melancólicos relatos de uno y los inteligentes ensayos de la otra. La vida y la BNE han querido unirlos. Que el olvido no vuelva a separarlos Leer
