A las nueve en punto tenía cita con Steve Jobs en la antigua sede de Apple, en Cupertino. Mientras esperaba un relaciones públicas se le acercó: «Solo quería avisarte de que Steve odia a los fotógrafos». Aquel 2006, Jobs acababa de vender Pixar a Disney y andaba completamente inmerso en el lanzamiento del primer iPhone. El fotógrafo Albert Watson (Edimburgo, 1942) disponía de una hora para hacerle un retrato que ilustraría la lista de los hombres más poderosos de América de la revista Fortune. Cuando Jobs se presentó a las nueve menos un minuto, Watson le dijoque solo necesitaría media hora para la sesión, concesión que satisfizo al exigente y rígido Jobs.. Watson buscaba una foto simple, sin artificios, como si fuera de pasaporte. «Le dije que imaginara que estaba sentado al otro lado de una mesa con cuatro o cinco personas que no están de acuerdo con él. Pero él sabe que tiene la razón. Entonces, me contestó: ‘Fácil. Es lo que hago todos los días’», recuerda Watson veinte años después en su estudio de Nueva York. Al final, solo necesitó 20 minutos. Y esa foto de Jobs con la mano en la barbilla y una ligera sonrisa -la de quien sabe que tiene razón aunque el resto del mundo aún no se haya enterado- se ha convertido en uno de los iconos visuales de este siglo. Era una de las preferidas del propio Jobs, Apple la usó como la imagen oficial del réquiem tras su muerte en 2011 y fue la portada de la magna biografía que le dedicó Walter Isaacson.. Mono con pistola (1992), uno de los iconos de Albert Watson.. Un mono con máscara de una célebre serie que Albert Watson realizó en 1992..TAsCHEN. Tal vez pocos reconozcan el nombre de Albert Watson pero todos hemos visto sus portadas de Kate Moss en Vogue o de Mick Jagger en Rolling Stone, a esa icónica (porque lo suyo son los iconos) Uma Thurman con una katana en Kill Bill, el sensual primer plano de Zhang Ziyi en Memorias de una geisha o la poderosa trinidad de Meryl Streep, Julianne Moore y Nicole Kidman en Las horas. Los pósters de cine también son suyos. Y los paisajes más impresionantes de la isla de Skye, en su Escocia natal. «Un día podía estar en una sesión de fotos de alta costura en París y a la semana siguiente en el sótano del Museo de El Cairo fotografiando el ajuar funerario de Tutankamón para luego coger un avión a Los Ángeles y plantarme en un rodaje de Tarantino… Siempre he hecho todas estas cosas diferentes. Las celebridades apenas representan el 5 o 10% de mi trabajo. Por eso, las personas que mejor me conocen son los otros fotógrafos, más que el público…», admite a sus 83 años el fotógrafo de fotógrafos, como se le conoce en el mundillo. Porque en sus más de 50 años de carrera Watson ha sentado cátedra y ha ganado todos los premios importantes, del Hasselblad al Lucie, incluso un Grammy (por la portada del disco de Mason Proffit del 75) y la Orden del Imperio Británico que le otorgó la Reina Isabel II en 2015.. Ese Watson heterogéneo, el fotógrafo de mil caras, se desata en el monumental libro-objeto Kaos, publicado por Taschen: 400 páginas con sus mejores instantáneas, casi seis kilos de peso y un precio de 125 euros, lejos de la edición de lujo de mil copias lanzada en 2017 (a 2.000 euros el volumen). «Kaos es como un collage de piezas que he hecho desde los años 70. De alguna manera, mi trabajo es un poco como Instagram: cuando deslizas a la siguiente imagen nunca sabes qué va a aparecer. Estás mirando una chica en bikini y de repente pasas al traje de un astronauta y después a un mono con una pistola», compara Watson en el sofá de su estudio. Fuera, todo está cubierto de nieve y él viste como siempre, con su uniforme de fotógrafo que instauró un poco sin querer: de negro total (razones técnicas: evita reflejos y demás; razones estéticas: neutro y discreto), con su gorro del revés (ya le daba la vuelta antes de que los raperos giraran sus gorras) y sus gafas metálicas atemporales, de montura redonda (como las que llevaba Jobs, por cierto).. Retrato de Albert Watson.MARK EDWARD HARRIS. ¿Cómo llegó este escocés nacido en plena Segunda Guerra Mundial, hijo de un boxeador y una enfermera, a ser uno de los fotógrafos más respetados y cotizados, a codearse con la jet set de Hollywood y las grandes top models de los 90? «Siempre he sido amable con la gente. Llegaba por la mañana sonriendo y saludando: ‘¿Te gustaría sentarte un rato? ¿Estás bien para hacer otra toma? ¿Quieres un café?’ Si eres amable, siempre obtienes una fotografía mejor», dice con su modestia y discreción habitual. Tal vez ese sea su secreto: Watson es un tipo que cae bien, capaz de ganarse a Jobs, a un duro Clint Eastwood o al mismísimo Alfred Hitchcock. «Esa foto cambió mi carrera», admite. Era 1973, él acababa de llegar a Los Ángeles y la revista Harper’s Bazaar le encargó un retrato de Hitchcock para número de Navidad, en el que aparecía su receta para cocinar un ganso. Iba a ser la típica imagen de una oca en una mesa navideña, con Hitchcock detrás. Pero Watson inventó una escena tan simple como impactante: «A Hitchcock le encantaba cocinar. Así que sugerí que agarrara el ganso como si lo estrangulara y le puse un adorno rojo en torno al cuello. Había un concepto sencillo pero efectivo detrás de esa imagen. Eso es lo que hace que la recuerdes». Aquel joven escocés no era un fotógrafo al uso: había estudiado Diseño Gráfico en College of Art and Design de Dundee y cine en el Royal College of Art de Londres. Su mirada ya era cinematográfica, detectaba fotogramas/fotografías en la calle, ese instante decisivo de Cartier-Bresson. Para cuando tomó sus primeras fotos de moda -algunas realmente monumentales- la reacción de su padre fue la de toda una época: «Es un trabajo gracioso para un hombre…».. Boy George retratado en 1996 con una cámara Polaroid..TASCHEN. «Todo ha cambiado mucho. Hoy ya no existe la moda, sino el estilo. La ropa es ahora mundial. En 2025, terminé un proyecto en Roma y fotografié a muchos jóvenes. Pero fue un poco decepcionante. ¡Se parecían a los de Nueva York! En otras palabras: llevan camisetas Calvin Klein, chaquetas Ralph Lauren, zapatillas Nike o pantalones cargo de Gap. El mismo tipo de ropa que encontrarías en Times Square o Los Ángeles. No se trata de globalización sino de americanización», cuenta de la serie A Rome Codex, 200 imágenes que mostró el pasado verano en el Palazzo delle Esposizioni. Lejos de plantearse la jubilación, Watson sigue pensando en fotografías: «Es como ir al gimnasio».. ¿Y qué opina de la instagramización de la fotografía? «Me gusta que un iPhone haga que los fotógrafos amateurs sean mejores. Pero hay una gran diferencia con un fotógrafo profesional… Sí creo que algunos fotógrafos jóvenes son un poco perezosos, no están interesados en el pasado y les faltan conocimientos. El otro día discutí con un chico que creía que los tejanos rotos eran una invención de hace cinco o diez años… Cuando le mencioné que los Sex Pistols ya los llevaba en los 70 no sabía ni quiénes eran… ¿Sabes? A veces, con los americanos, mencionas a Almodóvar y no tienen ni idea de quién es. ¡Si es uno de los grandes cineastas de nuestra época!», suspira.. La cantante Cindy Sherman en un retrato a color en 1994.TASCHEN. Su libro Kaos se abre con Jobs y termina con una foto anónima de colegio, en blanco y negro: la clase de 1948. Sale un Albert de ocho añitos, con corbata, sentado al lado de una niña, Elizabeth. La familia de ella se mudó y a los 17 años se reencontraron en Edimburgo, sin reconocerse. Él la invitó a un concierto de jazz y… «Si fuera una película no te lo creerías», admite. Hoy, siguen casados.. Taschen. Edición multilingüe en inglés, francés y alemán. 408 páginas. 125 €. Puedes comprarlo aquí.
La Lectura // elmundo
Hitchcock, Mick Jagger, Kate Moss, Steve Jobs, Uma Thurman con katana… Taschen edita ‘Kaos’, un monográfico de los 50 años de carrera del ‘fotógrafo de fotógrafos’, que a sus 83 años sigue en activo. «La fotografía es como ir al gimnasio», reivindica Leer
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