Fue celebración tanto como llamada a la acción. Fue reflexión tanto como chorro de energía, pogos y rave. Ante una abarrotada sala La Riviera —1.800 personas, no había entradas disponibles desde meses antes— el trío norilandés Kneecap, un conjunto creado por dos alumnos gamberros y su profesor de gaélico irlandés en 2018, sacó partido de todo su repertorio, una furiosa combinación de rap, techno clásico, cultura rave y unas letras con mensaje que comparten rabia con el hip hop francés nacido en las banlieues de sus grandes urbes y al rock-punk clásico euskera. El cóctel funcionó; va a ser difícil vivir en los próximos meses otra actuación con tanta felicidad asalvajada.. Seguir leyendo
El trío norirlandés de hip hop finaliza su gira española en Madrid llamando a la revolución desde una gozosa actuación llena de tralla
Fue celebración tanto como llamada a la acción. Fue reflexión tanto como chorro de energía, pogos y rave. Ante una abarrotada sala La Riviera —1.800 personas, no había entradas disponibles desde meses antes— el trío norilandés Kneecap, un conjunto creado por dos alumnos gamberros y su profesor de gaélico irlandés en 2018, sacó partido de todo su repertorio, una furiosa combinación de rap, techno clásico, cultura rave y unas letras con mensaje que comparten rabia con el hip hop francés nacido en las banlieues de sus grandes urbes y al rock-punk clásico euskera. El cóctel funcionó; va a ser difícil vivir en los próximos meses otra actuación con tanta felicidad asalvajada.. Desde el prólogo, el telonero fue el rapero palestino, Fawzi, la última reivindicación que alimenta a Kneecap sirvió para aunar banda y público: “Palestina libre”. El show de Kneecap arrancó con la proyección del cartel “Take Action. Speak Up” y el recordatorio de que “Israel ha asesinado 100.000 personas desde 2023 en el genocidio de Gaza y en Líbano”. Cumplían lo que habían dicho en una entrevista en EL PAÍS: “Lo que nos conecta con el público es la lucha compartida, la unidad con pueblos oprimidos”. Ninguno de los temas del trío abandona esta idea en sus letras, bien sea a favor de Gaza o contra el colonialismo “de los británicos”: Móglaí Bap y Mo Chara, los mc’s y, por tanto, esparcidores de una verborrea diabólica, proceden del oeste de Belfast; DJ Próvaí, el profesor, que empezó en 2018 usando un pasamontañas de lana con la bandera irlandesa para no ser reconocido (aunque desde que se estrenó la película Kneecap, en la que se narra el origen de la banda, todo el mundo le conoce), nació en Derry, otra ciudad hervidero de violencia en su país.. En los pogos en La Riviera chocaron españoles e irlandeses: cerca de la mitad del público compartía orgullosa ascendencia —la mostraban con un mar de camisetas de Irlanda de fútbol y rugby— con la banda, aunque, como confesaba Liam, un espectador de 29 años: “Yo tampoco hablo gaélico [por cómo coreaban las primeras filas, allí se habían situado quienes sí lo dominan], pero no importa, ¿no?”. No, como a la mayor parte de los presentes.. La banda Kneecap en Madrid. Delante, Móglaí Bap y Mo Chara. Detrás, con la mesa de mezclas, DJ Próvaí.Ricardo Rubio (Europa Press). Kneecap repasó algunas canciones de sus inicios, como Get Your Brits Out (2019); de su primer álbum de estudio, como Better Way To Live, para pasar a temas compuestos para la película, el soberbio Nothing but a H.O.O.D, y los mejores momentos de su nuevo disco, Fennian, un término que apela al movimiento republicano irlandés del XIX y que ahora se usa contra los católicos irlandeses y los nacionalistas del norte, un álbum más maduro, que mastica gansta rap y Prodigy sin complejos. Por cierto, en general sonaron mejor en directo que en sus grabaciones.. Entre esas canciones, la que bautiza al álbum, o Palestine, que devolvió al escenario a Fawzi. El resumen fácil del concierto de hora y media es que reflejó exactamente lo que significa el término kneecap, un tiro en las rodillas realizado por grupos paramilitares a sus enemigos: fue un disparo a las piernas del colonialismo, proceda de donde proceda.. En esa resistencia soberbia, el grupo no acaba inmaculado. Como cuando, tras preguntar si Franco era madrileño, siguieron con el chiste “Pero el primer astronauta español sí lo era, ¿no?”, en lo que pareció una referencia al asesinato de Carrero Blanco. O su continua llamada a la violencia: está en su sangre, o lo tomas o lo dejas. Como espetan en Nothing but a H.O.O.D, “Soy un chico del barrio, una escoria, eso dicen de mí”, y, un poco después, “Primero golpea a los fascistas, luego sigue la fiesta”. Y eso es lo que burbujeó en La Riviera, una celebración gozosa, a pesar del inmenso calor que llevó a DJ Próvaí a abrirse el mono y actuar a pecho desnudo: ahora, el pasamontañas, ni tocarlo. Móglaí Bap y Mo Chara bebieron mucha agua, aunque tampoco se despojaron del chándal: actitud hasta el final.. Pocas veces más se verá a Kneecap en una sala de tamaño medio como La Riviera. El año pasado ni mil personas les vieron en la Apolo de Barcelona. Después vino la película, arrasaron en Glastonbury y este 2026 triunfaron en Coachella. Madrid cerraba su minigira española (Primavera Sound, la bilbaína Santana y cierre en la capital) inmersa en un tour europeo. Kneecap saltará a festivales y pabellones deportivos.. DJ Próvaí, en Madrid.Ricardo Rubio (Europa Press). Anoche los 1.800 que los disfrutaron en Madrid salieron sudorosos y felices. Incluido quien fue disfrazado de pontífice de punta en blanco con el pasamontañas de DJ Próvaí, por cierto, la prenda del merchandising primera en agotarse en el estand de recuerdos. Afuera esperaban la brisa y la rebeldía.
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