Era la Nochebuena de 1492. La nao Santa María, el barco más difícil de navegar de los tres que alcazaron las costas americanas en su camino hacia Asia, avanzaba a tientas por la costa de Haití. La Santa María era más pesada que las carabelas, era la amiga torpe del trío que había cruzado dos meses antes el Oceáno Atlántico. El armatoste navegaba la costa que hoy se llama Cabo Haitiano, en el norte de la isla, amenazado por algunos bajíos, las pequeñas elevaciones del lecho marino que podían poner bocabajo la flota de los europeos. La noche alcanzó al barco y sus tripulantes organizaron las guardias. Cristóbal Colón fue el primero en descansar. A las 11 ya estaba en el catre. El marinero Juan de la Cosa tomó el relevo. Siguió navegando en vez de fondear porque, pese al riesgo, todo parecía propicio. El mar estaba en calma, la visibilidad no era mala y el chaleco antibalas del casco -los botes que anticipaban cualquier accidente arenoso donde encallar- hacía su trabajo. Tanta tranquilidad era un poco rara.. Entonces, Juan de la Cosa dejó el timón en manos de un marino novato y la Santa María se topó con el fondo del mar, con una línea de coral, roca y arena. El impacto despertó al grumete, que dio la voz de alarma cuando ya era demasiado tarde. Con la misma suavidad que había encallado, la Santa María volcó. Colón apareció en la cubierta. No vio a Juan de la Cosa. A medianoche, allí estaba solo aquel tripulante junior.. «Quiso nuestro señor que a las 12 horas de la noche, como habían visto acostar y reposar al Almirante y veían que era calma muerta y la mar como una escudilla, todos se acostaron a dormir, y quedó el gobernalle en la mano de aquel muchacho y las aguas que corrían llevaron la nao sobre uno de aquellos bancos; los cuales, puesto que fuesen de noche, sonaban que de una grande legua se oyeran y vieran». Así narró Colón el accidente en el diario de a bordo.. Dicho de otra manera: «Fue un descuido colectivo, imperdonable, que, con el viento en calma como estaba, la corriente suave y la noche iluminada, no tenía por qué haber tenido mayores consecuencias», dice el arqueólogo submarino Carlos León Amores. «Lo considero el naufragio más trascendente de la historia de España desde el punto de vista histórico». León Amores es doctor en Prehistoria y Arqueología y buzo profesional del Centro Nacional de Investigaciones Arqueológicas Submarinas del Ministerio de Cultura. También es el autor de Hundidos (Alianza Editorial), el libro que recorre cuatro siglos de historia de España y América a través de los pecios que, como migas del imperio que fue la Monarquía Hispánica, están repartidos por toda la costa del continente americano.. Al día siguiente, la Santa María era poco más que un montón de palés que flotaban. Colón tuvo que cambiar sus planes. En vez de continuar la exploración que debía dar con el lugar idóneo para construir el primer asentamiento español en América, el almirante utilizó la madera del barco, volcado en el agua, para levantar allí mismo el Fuerte de Natividad.. Si América era para Cristóbal Colón y sus tripulantes un mapa del Age of empire oculto por la sombra, aún por descubrir, la fortaleza que empezaron a construir reciclando la madera de la Santa María era el primer punto iluminado; un pequeño nodo en tierra que iba a ser el punto de apoyo desde donde lanzar el descubrimiento total de la Nueva España.. «El hallazgo de la ‘Santa María’ sigue siendo un reto arqueológico e histórico transcendental». Carlos León Amores tiene un recuento completo de todo el material que dejó el naufragio, pero no ha tocado con sus manos ninguna de aquellas maderas. «El hallazgo de la Santa María sigue siendo un reto histórico y arquelógico trascendental. Tampoco está nada claro si los restos de este naufragio están en el mar o en tierra bajo la colmatación de los ríos. Los restos que quedan son pocos pues sus maderas fueron empleadas para el fuerte, pero lo poco que pudiera quedar nos contaría muchos secretos del primer viaje».. Las exploraciones subacuáticas de León Amores consisten, básicamente, en mirar a la Historia en los lugares donde otros ven tesoros que esquilmar. En Hundidos ha seleccionado 16 naufragios entre 1492 y 1898, cuando el imperio se esfumó en Cuba. «Nuestra presencia en América comienza con el naufragio de la Santa María y termina con el de la escuadra de Pascual Cervera. En medio, se dan más de mil naufragios en aguas americanas de los que he seleccionado los que he creído que dibujan mejor el paso de la Historia», explica el arqueólogo. «Los he dividido por siglos dándoles el contexto histórico que los hace trascendentes. El primer viaje de Colón habla del encuentro entre los castellanos y el gran océano y lo que supuso cruzar el Atlántico y encontrar un puente entre el Renacimiento europeo y el neolítico taíno». Y allí, una nao quedó encallada, convertida en un fuerte.. El segundo naufragio ocurrió 11 años después. Nicolás de Ovando llegó a Santo Domingo con 30 barcos. Al entrar en el Canal de la Mona recibió el aviso de Colón de que buscara refugio por la cercanía de un temporal. Ovando desoyó el consejo y perdió 20 buques. El tercer naufragio es el de tres de las naves de Antonio Corzo en la costa de la actual Texas, en 1554, que fue narrado por el único superviviente, un monje llamado Marcos de Mena.. De los más de 3.000 naufragios españoles documentados, mil se produjeron en aquellas aguas y apenas un 23% se ha conservan como yacimientos arqueológicos. En el fondo del mar hay restos de barcos que salían de América cargados de oro y plata, cacao, tabaco, cueros, especias, medicinas con destino a España y, en dirección contraria, llegaban con manufacturas y tropas que ayudaban en el día a día del descubrimiento. «Dedico un capítulo al barco de transporte de azogue hundido en 1724 en aguas de la Bahía de Samaná para explicar la importancia del mercurio de Almadén en la minería americana. Hay muchísima información, tanto de la cultura material que había en los barcos como de la vida a bordo. El caso de ese barco, el Guadalupe, nos da información sobre el mercurio. No se sabía que fuese tan importante».. A los barcos de carga los acompañaban flotas de galeones que los protegían de los piratas como guardaespaldas. Escribe en la introducción de Hundidos Carlos León Amores: «Los galones de guerra protegían a los mercantes en caso de encontrarse con enemigos. [Estaban] artillados con cañones bajo cubierta, con sus bocas de fuego asomando por las portas abatibles, con castillo a proa y alcázar a popa y con una capacidad de entre 400 y 1.200 toneladas». Eran auténticos tanques flotantes que disuadían a los carroñeros del mar. «El sistema funcionaba tan bien que los naufragios pocas veces tuvieron que ver con una reyerta en aguas abiertas. Los convoyes circulaban protegidos, además, por las armadas Mar Océano, Mar del Sur, Guarda de la Carrera, el Caribe. España había montado un carril nao vigilado por cañones en mitad del Atlántico. Y funcionaba. Por eso fueron las tormentas tropicales, los tifones, las colisiones o la aparición de arrecifes como de la nada enviaron a muchos barcos al fondo. En sólo cuatro de los naufragios narrados por León Amores se perdieron 40 barcos y más de mil vidas.. «España fue pionera en la navegación ultramarina entre los siglos XIV y XVI. Enseñó a navegar al resto de potencias y mostró el camino para crear un imperio a base de buscar nuevas rutas, innovar en la construcción naval y crear infraestructuras de navegación, fortificación, urbanismo y minería, duraderas. Fue una proeza para su tiempo en la que destacaron excelentes navegantes, astrónomos, cartógrafos, gobernadores y funcionarios ejemplares», dice el autor. «España estuvo siempre volcada al mar y fue en medio de ese afán por buscar nuevas rutas comerciales como llegó a encontrar el camino de ida hasta las Antillas y el de vuelta hasta la Península. Con esas corrientes y esos vientos, te plantabas con un velero al sur de las Islas Canarias y acababas en América».. «Los barcos tienen mucha información de la cultura material. España fue pionera en la Navegación ultramarina». Pero volvamos un momento a aquel sacerdote que escapó del desastre de la flota de Antonio Corzo. Fray Marcos de Mena iba enrolado en el San Andrés, el único barco que no se hundió de su convoy de cuatro. Una tormenta alcanzó al Espíritu Santo, al San Esteban y al Santa María de Ycíar, que acabaron hundidos o encallados frente al actual estado de Texas. Era el 15 de julio de 1554. Las pérdidas del naufragio están detalladas en un documento conservado en el Archivo de Indias de Sevilla, clave para que León Amores y otros arqueólos submarinos cotejen los datos históricos con los hallazgos bajo el mar y pongan nombre a los pecios. Fray Marcos de Mena, como el resto de la tripulación que se salvó, decidió poner rumbo a la ciudad de Panuco, fundada por Hernán Cortés en 1522. Una semana después de echar a andar por las playas, los supervivientes empezaron a perder la fe. Ni Panuco estaba tan cerca como esperaban ni la playa era tan segura. Aparecieron en son de paz unos aborígenes de las costas texanas. El hambre del grupo de españoles los hizo confiar en sus anfitriones, porque llevaban pescado para compartir, agua y todo lo necesario para recomponer las barras de vida. La matanza deshizo la cortesía. Los indios atacaron de manera inesperada, cuando los españoles estaban comiendo, y como en una cacería. Poco a poco, acabaron con los naúfragos, dispersos por la costa y la selva, liquidados a flechazos. Algunos españoles trataron de huir por un río con balsas improvisadas. Se ahogaron. Otros fueron capturados, desnudados y asesinados, tanto hombres como niños y mujeres, martirizados de uno en uno.. Quienes iban a por Marcos de Mena lo dieron por muerto, después de haber sido la diana de siete flechas. Fue enterrado vivo, con la cara al descubierto, en una playa. Fue una manera imprudente de considerar acabado a un enemigo. El fraile fue capaz de salir de su trampa, echó a andar durante cuatro días y cayó inconsciente en otra playa. Allí, dormido como muerto, fue atacado por una legión de cangrejos que resultó ser su salvación: los cangrejos limpiaron de gusanos sus heridas infectadas. De Mena llegó a Panuco como único superviviente. «El Océano Atlántico es un canal de dirección inédito entre el siglo XV y el Neolítico americano». Así explica Carlos León Amores ese encuentro brutal.. Otro hundimiento: el San José. «Los dos naufragios en los que más tiempo de investigación he invertido han sido los del navío Nuestra Señora de Guadalupe, en Samaná (República Dominicana), y el San José, en el archipiélago de Las Perlas, en Panamá. Ambos naufragios son una maravilla para la investigación histórica y arqueológica». ¿Por qué? «El San José constituye una polémica arqueológica que llega hasta la actualidad». El barco, hundido a 600 metros de la costa, formaba parte de La Flota de Tierra Firme. 17 barcos partieron de Cádiz rumbo Cartagena de Indias con 800 personas a bordo. Dos meses después de su llegada a Cartagena de Indias, el San José cargó, de vuelta a España, parte del botín de 1.551.609 pesos recaudados en caudales. Los 300 cañones que protegían el tesoro no espantaron a los ingleses capitaneados por el Comodoro Wager, que planeaban atacar a los españoles en cuanto se alejaran de la costa.. «Hablo siempre de hispanización y no de colonización. El modelo de presencia española en américa fue más parecido a la romanización». El combate -una tamborrada a cañonazos- hizo zozobrar al San José. Algunas versiones hablan de la posibilidad de que se fracturara la proa en medio del combate. Lo más probable es que estallara a causa de un impacto o que explotara en su interior un cañón. La carga perdida en las profundidades -perdida también para los ingleses, que pretendían llevársela- estaba compuesta de lingotes de oro y plata: 547.755 pesos, o sea 4,4 millones de reales de plata, varias cajas de perlas, esmeraldas y plata y oro sin acuñar. Y quedó la memoria: el San José es el barco de El amor en tiempos del cólera. También es la prueba de que ha existido pereza por rescatar los pecios y pasar a limpio algunas glorias y desastres históricos. «Es el naufragio más debatido de la historia de España», explica León Amores. «La polémica arqueológica llega hasta la actualidad». Además de ser picoteado por los corsarios modernos, Colombia ha declarado el yacimiento patrimonio arqueológico. «Los colombianos han dado el primer paso. Había una parte que no era patrimonio y podía ser comercializada, las esmeraldas que no estuvieran talladas. Bajaron con un robot y sacaron cinco piezas. Lo normal, en un caso como éste, es enviar un buque en misión de Estado y que los dos países colaboren. La arqueología submarina española está muy desarrollada y la colombiana no. Sería un ejemplo de colaboración».. Y sí, todavía quedan corsarios. «La piratería sigue vigente. En algunos países tenemos que ir con escolta. Nosotros, al denunciar algún caso en Chile, República Dominicana o Panamá, y estropearles un poco el negocio, nos convertimos en el enemigo», dice León Amores. «Nos tienen un poco fichados. Diariamente se expolian barcos españoles en todas las aguas. Hay muy poca protección. Ni siquiera los países más concienciados con su patrimonio, salvo México, han hecho nada por proteger el patrimonio. Y menos si es patrimonio español. Ha habido proyectos de colaboración puntuales, como el caso del galeón Nuestra Señora del Juncal, con México. También se ha trabajado con Chile, en el San Martín. Los intereses de los países en los que están hundidos los barcos a veces obstaculizan la lógica de la cooperación. No se trata de repartir sino de compartir».. Monitorizar aquellos naufragios permite establecer un aislamiento intelectual contra la tentación de juzgar la Historia desde el oportunismo. El rey Felipe VI reconoció hace una semana que hubo «muchos abusos». Los barcos perdidos son la prueba de que hubo, también, un sentido moral, de que el Atlántico en realidad separaba España de España, no de sus colonias. «Por mi parte hablo siempre de hispanización y no de colonización. Entiendo que no instálabamos colonias. No éramos los portugueses. Por las buenas o por las malas tratábamos de que la gente fuese parte del imperio. Eran virreinatos», explica el autor. «Claro que se puede ver con ojos de hoy en día lo que sucedió. Los problemas de ahora ya se plantearon en su momento. ¿Había que exterminar o no? Yo no pido perdón porque no pido perdón por la historia que estudio. No hubo genocidio en América porque no estuvo planificado. No es lo mismo hablar de lo que ocurrió en las Antillas menores, por ejemplo, o de lo que ocurrió en el continente».. Carlos León Amores lleva desde 1983 levantando yacimientos acuáticos y terrestres. «Empecé en Arqua, el Centro de Arqueología Subacuática del Ministerio de Cultura». Después, con el paso del tiempo, fue especializándose en museografía, investigación y trabajos en barcos hundidos. Forma parte de la marinería en tierra que ha heredado el potencial del imperio. «Somos potencia, claro. España es el país que ha hecho la exploración más profunda de la Historia. Hace poco, un robot del Ministerio de Cultura hizo una excavación a 1.100 metros. Pocos países pueden hacerlo. Limpió piezas debajo del agua y las sacó con delicadeza».. Los barcos españoles conectaron dos mundos radicales y diferentes. «Fue un proceso complejo, lleno de proezas y planificación, también de atrocidades y destrucción casi completa de grupo étnicos, como los taínos. El modelo de presencia española se pareció más al de la romanización. Fue el secreto para que durara cuatro siglos».. Quizá el próximo pecio salvado sea el San Telmo, perdido camino de Chile. «No tiene potencia como tesoro, pero cambiaría la Historia: España sería el primer país en haber llegado a la Antártida». Otra afrenta a nuestros enemigos.
La Lectura // elmundo
Cuando Colón dejó en manos de un grumete la ‘Santa María’ no sabía que iba a cambiar la Historia. El barco naufragó y su madera sirvió para construir el primer fuerte español en América. Es el primer pecio de ‘Hundidos’, el Imperio contado a través de 16 barcos que nunca volvieron Leer
Cuando Colón dejó en manos de un grumete la ‘Santa María’ no sabía que iba a cambiar la Historia. El barco naufragó y su madera sirvió para construir el primer fuerte español en América. Es el primer pecio de ‘Hundidos’, el Imperio contado a través de 16 barcos que nunca volvieron Leer
