Hay un instante casi al inicio de Abril o nunca (Seix Barral), la nueva novela de Juan Gómez Bárcena (Santander, 1984) en que la vida se parte en dos. No es una metáfora: es una fecha, un 13 de abril, una playa, un padre que se queda dormido y una hija que se ahoga. A partir de ahí, todo es un intento desesperado de volver. No ya al pasado, sino al punto exacto donde el tiempo todavía no había roto nada. «La idea nace a partir de leer sobre cómo tras sufrir una pérdida hay un momento en el que es como si el tiempo se detuviera, como si dejara de fluir, algo que observan muchas personas que han vivido un duelo muy grave», explica el escritor. «Y quise explorar qué ocurriría si esto fuera literalmente cierto, si verdaderamente hubiera alteraciones en el tiempo derivadas del duelo», continúa.. De esa hipótesis casi fantástica -el tiempo detenido por el dolor- nace Daniel, el protagonista de la novela, que podría perfectamente haber sido un personaje del Mapa de soledades (2023) del escritor. Un hombre lastimado antes incluso de la tragedia, con una vida más bien inercial, sostenida por rutinas y expectativas ajenas. «La idea era construir un personaje ya herido por una serie de pérdidas, no muy asentado en la vida. Con poco soporte emocional, digamos. E indagar en qué ocurriría si la persona que es ese soporte emocional, en este caso su hija, desapareciera», ahonda Gómez Bárcena, que además de algún detalle como el tabaco que fuma, cede al personaje su «dificultad para habitar el presente».. Seix Barral. 368 páginas. 21,90 € Ebook: 11,99 €. Puedes comprarlo aquí.. La respuesta a lo que ocurre es un abismo que se traga a Daniel, embarcado en una obsesión que la novela retrata con crudeza y minuciosidad. Porque lo que hace Daniel no es solo sufrir, es intentar corregir lo irreparable. Como tantos dolientes, regresa mentalmente una y otra vez al instante fatídico, lo repasa, lo recompone. Gómez Bárcena lo formula con precisión clínica: «Generalmente, a la hora de vivir un duelo volvemos traumáticamente una y otra vez al suceso terrible del que tratamos de huir. Y esa vuelta por un lado es algo que no podemos evitar, que llega sin nuestra voluntad. Es una expresión del deseo de no abandonar a la persona que ya nos ha abandonado».. Así, desarrolla el libro, volver es una forma de lealtad, pero también de culpa. «Continuar viviendo es negar la importancia de esa persona o al menos así lo sentimos vitalmente. Entonces se da la paradoja de que volvemos una y otra vez al pasado con la esperanza de que ese pasado sea distinto». En ese nudo gordiano, «esa contradicción entre querer volver una y otra vez al pasado para no perder a la persona y al mismo tiempo tratar de que ese pasado sea absolutamente distinto», es donde se enreda Daniel.. Abril o nunca lleva ese mecanismo íntimo hasta el delirio contemporáneo. Daniel encuentra en internet, en un foro de Reddit, la teoría de un tal John1419 que defiende la posibilidad de viajar mentalmente en el tiempo y habitar de forma permanente un instante. No es tanto una sátira tecnológica como una cosmovisión alternativa. «Toda la tesis del viaje en el tiempo de John1419, todos esos mensajes, todas esas teorías y referencias, son cosas creadas por mí. Además de divertido, fue muy interesante construir una teoría sobre el tiempo que siendo descabellada, sonaba natural, o que pareciendo realista, fuera en realidad descabellada», comparte el escritor, que había hecho algo similar en Ni siquiera los muertos (Sexto Piso, 2019).. «Cuando atravesamos un duelo profundo sentimos que continuar viviendo es negar la importancia de la persona perdida». El tono de esta teoría, ciertamente forero y con un punto mesiánico, no es casual. «Leí, evidentemente, textos de foros, y también de predicadores, que suelen ser muy demagógicos, muy aparentemente campechanos, muy batiburrillo de referencias que nunca están convenientemente glosadas. Y ese tono es el que adopté para darle una voz a John1419». La tecnología aparece así como el nuevo púlpito de las revelaciones privadas, el lugar donde la angustia encuentra relato. Y es que el delirio no es una extravagancia aislada. Es, en palabras del autor, «una encarnación colectiva de algo que yo creo que todos, en pequeño o de una forma más moderada, hemos vivido».. Gómez Bárcena cita a Freud: «Me interesó mucho su artículo Duelo y melancolía, en el que señala que, en realidad, el duelo es una forma de locura. Lo que pasa es que es una forma de locura transitoria y, además, socialmente aceptada. Una definición que, creo, todos hemos experimentado alguna vez».. Pero la novela no se agota en la exploración del duelo, pues ya antes de la tragedia ya había fisuras en Daniel. La historia dibuja con precisión esa incomodidad difusa de la mediana edad, ese momento en que uno mira atrás y descubre que la mitad del camino está recorrido. «Daniel rompe con una vida que, en buena parte no había elegido, pero a los 40 y tantos no puedes contar con todas esas expectativas de cambio y de sorpresa que sí tienes a los veintipico. Eres alguien que, en cierto modo, ya ha tomado ciertas decisiones irrevocables y creo que en ese contexto puede surgir una sensación de vacío, de desgaste».. Y, como apunta el escritor, esa sensación de desgaste no es solo biográfica, es generacional. «Creo que, entre otras cosas, tenemos una exigencia de felicidad que no tenían las generaciones anteriores. Un padre o una madre de antes podía sentirse pleno si había logrado criar a sus hijos a secas, ya no hablemos de criarlos bien. Un sostén económico se consideraba un suficiente regalo para un hijo», reflexiona. «Hoy, en cambio, la autorrealización se impone como mandato. Y con ella, una insatisfacción difícil de nombrar. Muchas veces en esa vorágine no somos muy conscientes de qué sentimos. A veces ni siquiera podemos expresar a nosotros mismos qué sentimos o cuál es ese vacío que tenemos. No lo sabemos nombrar, especialmente los hombres».. «Ser el padre perfecto equivaldría también a ser lo suficientemente imperfecto como para que tu hijo tenga con quien pelearse, a quien enfrentar». Daniel, que «lleva sin llorar más de 20 años», encarna esa «desconexión emocional» que desgrana Gómez Bárcena. «Cuando uno tiene dificultad para identificar sus emociones tiene necesariamente dificultades comunicativas, porque no le puede expresar al otro sus necesidades, ni siquiera se las puede expresar a sí mismo». En este contexto emocional, la paternidad es el único vínculo que parece absoluto. Y, paradójicamente, el más frágil. Gómez Bárcena confiesa que abordar el tema no partió de una intención programática: «Yo no soy padre, así que nunca lo había pensado, pero en algún momento el personaje y la situación me exigió que hubiera una relación de paternidad, que hubiera una hija. Me parecía interesante cómo, a veces, algunas personas pueden llegar a tener más vínculo con sus hijos que con sus parejas».. Gómez Bárcena en el jardín del Príncipe de Anglona, en Madrid.Ángel Navarrete. Al reflexionar sobre el tema, el autor detecta una quiebra histórica. «Creo que nos sentimos mucho más responsables de la evolución psicológica y física de nuestros hijos. Como generación, nos hemos arrogado la responsabilidad moral de conseguir crear unas relaciones idóneas con nuestros hijos, y eso es un error», asegura el escritor, que opina que esa aspiración a la perfección es imposible. «Ser el padre perfecto equivaldría también a ser lo suficientemente imperfecto como para que tu hijo tenga con quien pelear. Porque un hijo crece también por oposición al padre o a la madre».. En medio de este paisaje social y vital, el amor, otra de las patas de la novela, tampoco es refugio épico e idealizado. Daniel se enamora de Natalia, pero le oculta la muerte de su hija, por lo que la nueva felicidad se convierte en traición. «Quien sufre un duelo intenso tiene la sensación de que seguir hacia adelante es traicionar al recuerdo y a la persona perdida».. En este contexto, abunda el autor, «el nuevo amor niega a su hija, la deja fuera. Y él lo que intenta, desesperadamente, es que ese amor y el amor por su hija puedan convivir, pero no pueden, porque no ocupan el mismo espacio y tiempo», sentencia Gómez Bárcena, que como en otros libros refleja cómo este sentimiento no es inmune al desgaste. «El amor se sostiene, como todas las cosas del mundo, también en aspectos materiales, más aparentemente banales, cotidianos, y el tiempo lo desgasta. Hay bisagras invisibles que sostienen a los enamorados. Y si fallan, falla todo».. «El amor se sostiene, como todas las cosas del mundo, también en aspectos materiales, más aparentemente banales, cotidianos, y el tiempo lo desgasta». Malogrado el amor, la salida que le queda a Daniel es de nuevo el tiempo, esta vez mirando la juventud como mito retrospectivo. Un viaje que, para el escritor, simplemente sintetiza un fracaso. «Da igual lo que hayas soñado de joven, tal y como lo soñaste, es irrealizable. Todos estamos atravesados por la frustración, por no haber llegado a ciertas cosas que habríamos esperado para nosotros mismos», sintetiza el escritor.. No obstante, aunque el fracaso es universal no es necesariamente trágico. «Esos sueños los soñaron otras personas que no éramos exactamente nosotros, precisamente porque cambiamos, así que en el fondo creo que el fracaso de no cumplir lo que soñábamos de jóvenes es lo que conforma la vida, y quizá nos conviene poder deleitarnos con todo aquello que no era lo que esperábamos y quizá es mejor».. Pero ¿y si realmente pudiéramos, como plantea el libro, cumplir la tentación de volver atrás y habitar el pasado? Gómez Bárcena desconfía de esta idea. «Tiendo a creer que uno toma siempre la decisión que tiene que tomar y que, en el fondo, somos simplemente el producto de nuestras decisiones». Por eso, afirma, cambiar el pasado implicaría dejar de ser quien se es. «En ese sentido, no me gustaría tocar el pasado porque creo que me alejaría de quien soy. Y más mal que bien, estoy contento de quién soy», agrega sonriente.
La Lectura // elmundo
A vueltas siempre con el tiempo y cómo nos afecta, el escritor reflexiona en ‘Abril o nunca’, la historia de un hombre perdido que sufre una tragedia, sobre el peso del pasado y cómo afrontar la pérdida. «Hoy tenemos una exigencia de felicidad inédita en generaciones anteriores» Leer
A vueltas siempre con el tiempo y cómo nos afecta, el escritor reflexiona en ‘Abril o nunca’, la historia de un hombre perdido que sufre una tragedia, sobre el peso del pasado y cómo afrontar la pérdida. «Hoy tenemos una exigencia de felicidad inédita en generaciones anteriores» Leer
