En el inteligente prólogo que ha escrito Rodrigo Fresán para la edición española de Yo era un encanto, el escritor argentino subraya la importancia de los detalles en la obra de Eve Babitz. En lo pequeño o en lo insignificante, en la anécdota o en la minucia, la abstracción se hace vida. Para Babitz, narradora de la California mítica de los años 60, ahijada de Ígor Stravinski e integrante del círculo familiar de aquel exilio intelectual dorado de Los Ángeles que formaban Thomas Mann y Arnold Schönberg, entre otros, la biografía -y la literatura- brillan con la luz peculiar de las musas de una época -los 60, por ejemplo- que quiso decir adiós a todo aquello.. Traducción de Miquel Gómez Besòs. Random House. 528 páginas. 23,90 € Ebook: 10,99 €. Puedes comprarlo aquí.. A nuestros ojos Babitz puede parecer una figura menor, aunque haríamos mal en considerarla sólo como una pálida copia de Joan Didion. Sus libros anteriores -pienso, sobre todo, en El otro Hollywood y en Días lentos, malas compañías- lograban fusionar la memoria y la ficción con un soltura que evoca a Hunter S. Thompson. En su prosa, sinuosa y desbordante, el efecto acumulativo de las experiencias vitales actúa como una lente que desvela la fragilidad humana, en un tiempo que buscaba precisamente cortar todo contacto con sus raíces históricas. Podemos llamarlo «tentación del Edén».. Irreverentes en su tono, las crónicas que se recogen en Yo era un encanto diseccionan con precisión el narcisismo propio de una cultura que ha perdido su interioridad: las drogas como anestesia temporal, la frivolidad mundana y el sexo, la fama y la libertad. Sorprendentes siempre, cada una de estas piezas se lee con un asombro al que no es ajena la mordacidad de la escritura.. En este sentido, Babitz ha sido una precursora de los principales rasgos culturales que definirían después a los X, a los Z, a los millennials y a cuantas generaciones surgieron de la experiencia de aquellos años. Pienso en «la tensión entre alta/baja cultura -son palabras de Rodrigo Fresán- y el bajo/alto instinto, entre lo formal y lo informal, entre la forma y lo deforme, entre la fama y lo infame…». ¿Quién no se reconoce en estas tensiones nunca resueltas del todo en Occidente?. Escuchar a Eve Babitz hablarnos sobre Jim Morrison o Charles Manson, acercarnos al vicio y a la virtud, a la frivolidad y al genio es el gozo privilegiado de sus lectores. No podemos pedir mucho más. Ni tampoco mucho menos.
La Lectura // elmundo
Escuchar a la escritora acercarnos al vicio y a la virtud, a la frivolidad y al genio es el gozo privilegiado de sus lectores. No podemos pedir mucho más. Ni tampoco mucho menos Leer
Escuchar a la escritora acercarnos al vicio y a la virtud, a la frivolidad y al genio es el gozo privilegiado de sus lectores. No podemos pedir mucho más. Ni tampoco mucho menos Leer
