Fernando Maquieira es fotógrafo. Avezado, autor de tres o cuatro fotolibros de primer orden. Le hemos visto algunas veces en el Rastro en compañía de Paco Gómez, colega suyo y autor de Los Modlin, un libro de culto escrito a partir de las fotografías encontradas en un contáiner de la calle del Pez. Maquieira cumplirá este 2026 sesenta años.. Nunca ha cambiado uno con Maquieira una sola palabra. Cuando Paco Gómez y yo nos ponemos al día, él permanece al lado sin intervenir. El talante de ambos es discreto, paciente. Como buenos fotógrafos se confunden con el medio. Los dos van al Rastro en busca de fotos de cualquier clase, también los abultados acopios fotográficos de familia que allí suelen emerger. Vidas por doquier. Incluso anónimas, su poder evocador es innegable. El rostro humano le dice algo a todo el mundo. Las fotografías (y las tarjetas postales) es lo que nadie quiere ni se atreve (diría yo) a destruir cuando toca deshacer una casa, por mudanza o muerte de quienes vivían en ella. Esa renuencia se debe a que en las fotografías familiares (y en las tarjetas postales, por supuesto) han quedado fijados no ya los instantes decisivos, sino sobre todo los instantes felices en tanto que reales.. La fotografía, junto a la arquitectura, ha sido la guardiana de la realidad en el siglo XX, el más abstracto de los siglos. La fotografía ha visto cómo la literatura, la poesía, la música culta, la pintura, la escultura, el cine incluso, pueden despegarse de la realidad, volviéndose ininteligibles, de espaldas al sentido. El sentido común en arte ya no tiene sentido, y se encuentra natural que un pintor pinte a su modelo un ojo donde normalmente llevamos la oreja, o que deje en el lienzo una deposición (por supuesto firmada). Buena parte del arte es hoy solo decoración, alta o baja, conforme al presupuesto. En el Carnegie Hall se estrena «Media hora de silencio con sabor a gaseosa», y al día siguiente la crítica del New York Times elogia sin reservas la audacia. Por suerte la arquitectura moderna, que ha prescindido con frecuencia de las ventanas, no ha encontrado aún el modo de eliminar puertas y techos.. «El talante del fotógrafo no tiene nada que ver con el del artista contemporáneo, donde abunda el timador, quizá porque en ellos el buen hacer, es aún determinante». Así viene sucediéndole también a la fotografía: sin realidad no sería gran cosa. Acaso por ello el talante del fotógrafo tiene poco o nada que ver con el del artista contemporáneo, donde abunda el cuentista, el timador. Los fotógrafos raramente consideran lo suyo «obra». Prefieren hablar de «trabajo», y por lo general, en mi experiencia, son bastante humildes, quizá porque en ellos el oficio, el buen hacer, es aún determinante.. Maquieira muestra estos días en el Aulario de la Casa de la Arquitectura de Madrid (esas arcadas tan metafísicas de La Castellana) un gran trabajo, admirable y bellísimo (si se nos permite meter aquí esta palabra maldita).. Lo ha realizado a lo largo de dos años en la isla de La Palma. Es en color. El color en fotografía es cosa difícil de manejar (por eso hay tantos fotógrafos que siguen prefiriendo el blanco y negro, al contrario que en el cine, donde el blanco y negro es ya solo una excepción). Maquieira nos ha dado en primeros planos detalles de la arquitectura vernacular de esa isla. Tan primerísimos, que resulta un paso más allá del clásico Venezuelan vernacular de Federico Vegas, publicado por la Princeton Architectural Press en 1985.. Si el surrealismo nos descubrió todo lo surrealista anterior al surrealismo, el arte abstracto, de Klee a Picasso, nos enseñó a valorar cuanto de abstracto hay en la realidad. Maquieira tiene una mirada finísima para ver abstracto donde solo hay figuración, casas tradicionales, corralas, miradores, celosías. Sin el arte abstracto, de Malevich a Newman, no habrían sido posibles los primeros planos de Maquieira, cuyo propósito no es más que una rehumanización del arte deshumanizado, abstracto. También, claro, una invitación a mirar con otros ojos lo que a menudo no pasa de ser una realidad ramplona y sin relieve. Los ojos de la cultura, de la tradición, del refinamiento, sin los cuales la fotografía no podría ser tampoco la verdadera guardiana de nuestra realidad y del pasado que seremos cuando los venideros hayan de mirar por nuestros ojos.
La Lectura // elmundo
Fernando Maquieira expone en el Aulario de la Casa de la Arquitectura de Madrid ‘El código de las formas’, un gran trabajo, admirable y bellísimo, fruto de dos años retratando la arquitectura de la isla de La Palma Leer
Fernando Maquieira expone en el Aulario de la Casa de la Arquitectura de Madrid ‘El código de las formas’, un gran trabajo, admirable y bellísimo, fruto de dos años retratando la arquitectura de la isla de La Palma Leer
