Los mandamientos del sueño tranquilo los cumplí: cena temprana, infusión y pastilla de melatonina, desconexión -ni móvil ni ordenador- de pantallas. Y sin embargo no logré dormir, llegado el momento; llegado el momento, el ruido -lo que deseaba, lo que no zanjé- no cesó. No recuerdo cuándo, así que no recuerdo por qué. Sí que transcurrían las horas, y que ya de madrugada -más cerca el día que la propia noche- recuperé el teléfono para entretenerme. Abrí una de las aplicaciones. Me recibió un bebé al que no conozco, pero del que lo sé todo porque a su madre sí, y tras él carruseles de imágenes de viajes y cenas, y el anuncio de un libro, y la convocatoria de una presentación.. Al enésimo desliz del índice sobre la pantalla, un poema: alguien compartía un poema de Adília Lopes. Me mantuve ahí, en la actitud -casi física- de quien se refugia en la fotografía de una página igual que en un lugar. Me incorporé, me senté en la cama, encendí la lamparita. Decía, traduje sobre la marcha: «Aprendí en un poema de Fleur Adcock que podía comer pan con queso y tomate. Nunca había probado añadir tomate al pan con queso. La literatura me lo enseña todo». Indicaba la fecha en la que lo escribió, «23 de mayo de 2020», y jugaba al despiste, como casi siempre en Lopes. ¿Se trataba de un poema? ¿De un apunte autobiográfico? Si sí, ¿anécdota, recuerdo? Si no, ¿cuánto pesaban el aforismo, la ficción? ¿Sirve? ¿Importa?. Con Adília Lopes nunca sabes a qué atenerte. Se fija en lo menos evidente, se asombra con eso que de tan sabido hemos dejado de percibir, y nos lo muestra como no lo esperamos; esto es así porque ella lo decide. Con Adília Lopes nunca sabes a qué atenerte. Se fija en lo menos evidente, se asombra con aquello que de tan sabido hemos dejado de percibir, y nos lo muestra como no lo esperamos; esto es así porque ella lo decide. Me gustó la sencillez del poema y al mismo tiempo su hondura, el mundo entero en pocas líneas: el enlace entre la vida leída y la vida vivida. Nada sobraba, en su brevedad, y en su brevedad nada faltaba: desde el comienzo te llena la boca de miga crujiente, la memoria de todos los libros que te descubrieron algo.. De acuerdo, entonces: pan con queso y tomate en unos versos de Fleur Adcock. ¿A cuál se refería Adília Lopes? Yo relacionaba a Adcock con sus poemas sobre la sensación de no pertenecer a ninguna parte; por ejemplo, «Inmigrante», en el que practicaba un acento que enmascarase el suyo. Descendiente de colonos británicos y norirlandeses, instalados en Nueva Zelanda por necesidades económicas, ella había nacido ya allí; pero su infancia transcurrió en Reino Unido, y en su juventud regresó -¿regresó?- a su país de origen -¿su país de origen?-, donde empezó a publicar, se casó, tuvo hijos, se divorció, se casó una vez más, se divorció una vez más. A los treinta y pocos años se mudó -¿regresó?- a un municipio del Gran Londres, hasta su muerte. La pregunta sobre su identidad la quiso responder con sus poemas.. ¿En alguno de esos poemas olía a pan? Lo encontré: un cuadríptico titulado «El Hospital Soho para Mujeres». En los primeros tramos, la voz poética recorre los pasillos y se asoma a las habitaciones: habla sobre las pacientes y quienes las cuidan -personal, familiares y amigas-, y evoca sus propias dolencias, su miedo a la enfermedad y a la muerte. La atmósfera se quiebra en el último bloque, cuando la voz -Adcock, quien sea- se retrata «(…) en el supermercado eligiendo – / esta misma tarde, en este día – / cogiendo tomates, queso, pan, // cosas que quiero y que usaré / para prepararme la comida, mientras ellas / se alimentan de sus pesadas cenas en la cama». Con «ellas» se refiere a Janet, que ingresó para unas pruebas y quizá nunca salga, o Coral, jovencísima y aterrada, o Alice y Mary, «que se recuperará / pero poco a poco». La temperatura de la enumeración -los alimentos comprados, los menús previstos, las mujeres y sus diagnósticos- se altera en uno de los últimos versos: «qué poco necesitaba, en realidad».. Sonó la alarma cuando todos los días, sin un solo rato de descanso. Salí de la noche intentando anudar el lazo entre Adília Lopes y Fleur Adcock: la una leyendo a la otra, buscando quizás qué. Lopes incluyó su poema en Dias e dias, el libro que escribió al inicio de la pandemia; diagnosticada de psicosis esquizoafectiva desde su juventud, el confinamiento no modificó la rutina de Lopes, y tampoco su literatura: en esos poemas de 2020, a Lopes le preocupa la enfermedad tanto -mucho- como en la escritura de antes y en la escritura de después.. Quizá aquí la clave de esa conexión entre ambas: contarlo como un instante más de la vida, decisivo, también cotidiano y familiar. Pan con queso y tomate: se me antojó. Una tajada de molde sin corteza, encima un par de triángulos de la cuña que se endurecía el frigorífico y rodajitas de tomates cherry, unas gotas de aceite, una pizca de orégano, a la sartén para tostar la rebanada y que el queso se derritiera. Improvisé con lo que guardaba en la cocina: no esperaba el poema. Me senté a la mesa, encendí el ordenador y mordisqueé mientras empezaba a trabajar. Pensé que sabía mejor sobre el papel.. La literatura me lo enseña todo.
La Lectura // elmundo
Improvisé con lo que guardaba en la cocina: no esperaba el poema. Me senté a la mesa, encendí el ordenador y mordisqueé mientras empezaba a trabajar. Pensé que sabía mejor sobre el papel Leer
Improvisé con lo que guardaba en la cocina: no esperaba el poema. Me senté a la mesa, encendí el ordenador y mordisqueé mientras empezaba a trabajar. Pensé que sabía mejor sobre el papel Leer
