En los periódicos debería haber una sección de relecturas contadas por buenos aficionados que, sin ganas de lucimiento académico, nos dieran su opinión con sinceridad. Hay que aprender a recomendar los libros como se le recomendarían a un adolescente, sobre todo los importantes, se trate de Marco Aurelio o de Stevenson.. Las novedades son cosa de jóvenes; las relecturas, de viejos. Los jóvenes, que tienen la vida por delante, no quieren perderse nada de lo que está sucediendo y llevan en todo un hambre feroz. Los viejos, con su tiempo tasado, prefieren volver a obras conocidas. Su paso es el de los bueyes, lento y seguro; el de los jóvenes, ágil, llamativo y expuesto, se parece al del corzo, y saltan de libro en libro con impulsos de lo más atléticos. Es cosa sabida que jóvenes y viejos suelen vivir de espaldas. Siempre será así: a finales del siglo XIX, los viejos Campoamor o Manuel del Palacio creían que ellos valían más que los jóvenes; y los jóvenes del 27 pensaban que los viejos del 98 estaban acabados. Como se ve, todos se equivocaron.. Acaba uno de releer, seguidos, uno detrás de otro, ocho libros de Baroja, tres de ensayos, y cinco novelas. Cada cierto tiempo le acometen a uno estos arrebatos barojianos.. Hay dos clases de relecturas: los libros que leímos hace mucho y a los que nunca hemos vuelto, no recordados, y aquellos que hemos releído otras veces porque jamás los hemos olvidado y en los que siempre encontramos algo nuevo. A los leídos solo una vez, llegamos con aprensión: ¿y si destruimos el buen recuerdo que guardábamos de ellos? A veces, sin embargo, sucede lo contrario, y el reencuentro hace que al entusiasmo de la juventud añadamos el arrobo de la vejez.. Acaso lo que más valoremos en esta vida, después del éxtasis, sea el arrobo. Ya que no podríamos vivir perpetuamente extasiados (ese cielo sería un infierno), agradecemos infinito cuanto nos sume temporalmente en el arrobamiento. El éxtasis es algo parecido a un rayo fulgurante. Se soporta porque es breve. El paladeo del arrobo, en cambio, tiene que ver más con el fuego tranquilo que deja un montón de brasas.. «Es sabido que las novedades son cosa de jóvenes; las relecturas, de viejos. Pero somos como lectores lo que releemos tanto o más que lo que leemos de nuevas». De las novelas (las cinco de las trilogías «El pasado» y «Las ciudades») una, La feria de los discretos, es la tercera vez que la he leído. Es un poco como La busca, pero en Córdoba, en vez de Madrid. Fascinante. Las otras no las había leído desde hace cuarenta años. Son un prodigio de todo y de nada. A Baroja la crítica le afea que saque a cientos de personajes de los que al poco tiempo se cansa, y otros que mete sin venir a cuento. Cierto. Pero los retratos que hace de cada uno en unas pinceladas, los ambientes donde los pone y esos diálogos inigualables valen por cien novedades. Las tramas están un poco desmangadas, también es verdad, pero la viveza y la impresión que causa el conjunto acaban siendo sugestivos y admirables.. Al haber leído esas novelas después de sus ensayos, ha corroborado uno que la mayoría de los personajes son, piensan y hacen las mismas cosas que Baroja, nuestro Stendhal. «En Londres o Madrid, Ginebra o Roma, ha sorprendido, ingenuo o paseante, el mismo taedium vitae en vario idioma, en múltiple careta igual semblante», dijo de él Machado. Hace bosquejos de cuanto ve, y luego los traslada a las novelas, como una urraca. Sus novelas tienen un poco de todo, diario, crónica, ensayo, realidad, ficción. Él no vive para escribir novelas; escribe novelas porque ¿qué otra cosa podría hacer? Eso también le deja vagamente insatisfecho. Y si sus ensayos suelen ser entretenidos como una novela, no hay novela suya que no te enseñe algo.. ¿Y estas que he leído son buenas? Si necesitas esa sofisticación hecha de ingenuidad y malicia, sueño y vedad, ideales y desengaños, sí.. Empieza uno ahora La sensualidad pervertida, la novela, por cierto, preferida de Machado. ¿Temor a una decepción? A cierta edad, Baroja ya no defrauda nunca, y el joven que lo descubra a tiempo será un afortunado, podrá releerlo muchas veces a lo largo de su vida.. Somos, como lectores, lo que releemos tanto o más que lo que leemos de nuevas.
La Lectura // elmundo
Acaba uno de releer, seguidos, ocho libros de Baroja, tres de ensayos, y cinco novelas. A cierta edad, ya no defrauda nunca, y el joven que lo descubra a tiempo será afortunado, podrá releerlo muchas veces Leer
Acaba uno de releer, seguidos, ocho libros de Baroja, tres de ensayos, y cinco novelas. A cierta edad, ya no defrauda nunca, y el joven que lo descubra a tiempo será afortunado, podrá releerlo muchas veces Leer
