De la ilusión a la indiferencia. Hace años que el Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA) no suscita grandes entusiasmos. Su programación tediosa centrada casi en exclusiva en el activismo sociopolítico y en propuestas de carácter conceptual ofrece una visión sesgada de la creación actual. Algo que contraviene la vocación de un museo público que en teoría debería ser plural y reflejar la diversidad del arte contemporáneo en todas sus vertientes y no estar al servicio de determinadas minorías.. No deja de ser una paradoja que la exposición elegida para celebrar el 30 aniversario del MACBA tenga escasa relación por no decir nula con la producción artística de Barcelona, de Cataluña, de España y ni siquiera de Europa. Titulada Proyectar un planeta negro. El arte y la cultura de Panáfrica, esta muestra procede del Art Institute de Chicago, ciudad donde por razones culturales e históricas su organización sin duda queda plenamente justificada. Se trata de una muestra de contenido político y documental que se inscribe dentro de esta perspectiva de revisión poscolonial que tanto impera en el arte actual. Reúne algunas pinturas, fotografías, vídeos y una profusión de libros, carteles, revistas y archivos producidos desde 1920 hasta la actualidad por artistas y activistas que han reivindicado un «mundo anticolonial y panhumanista», según leemos en el folleto de mano.. En palabras de la directora del MACBA, Elvira Dyangani Ose, «esta exposición nos invita a imaginar un mundo inspirado en el espíritu colaborativo del panafricanismo».. Podemos aceptar que esta muestra estuviera incluida como una propuesta más dentro del programa ordinario del MACBA. Sin embargo cabía esperar que para el 30 aniversario, la celebración de esta efeméride merecía la organización de un evento especial de gran envergadura, que de alguna manera ponga en valor el potencial artístico de Barcelona y de Cataluña dentro del contexto internacional. Sin duda una ocasión perdida y todo un símbolo de la debilidad de una institución que aspiraba a desempeñar un papel en la escena internacional y que desde hace años no parece tener mayor horizonte que el barrio del Raval.. La icónica fachada blanca del MACBA, diseñada por Richard Meier, en pleno barrio del Raval.MIQUEL COLL. Inaugurado el 27 de noviembre de 1995 en un edificio de nueva planta del arquitecto Richard Meier, el MACBA es fruto de un acuerdo entre las administraciones públicas y la sociedad civil, y está regido por un consorcio integrado por la Generalitat de Catalunya, el Ayuntamiento de Barcelona y la Fundación MACBA de carácter privado que aporta fondos para la adquisición de obras. En 2025 el museo ha contado con un presupuesto de 12,6 millones de euros del erario público destinado a financiar el gasto corriente, el personal, la organización de las exposiciones y el programa educativo, que dicho sea de paso, es bastante cuestionable.. La colección permanente que arranca de los años de posguerra se ha ido constituyendo a partir de los fondos procedentes de las tres entidades que conforman el consorcio, completado por algunos depósitos y donaciones puntuales como la colección de Rafael Tous.. En total el MACBA conservaría unas 5.000 obras que configuran un conjunto muy heterogéneo en el que no destaca ningún núcleo verdaderamente importante que podría conferirle una singularidad. Como museo de Barcelona debería reflejar, en teoría, el arte catalán y español de la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad, ofreciendo una visión plural en correlación con el contexto internacional de la creación contemporánea. Algo que resulta obvio pero que no se corresponde con la realidad. Los sucesivos directores han optado por presentaciones fragmentarias de la colección y han preferido olvidarse de las razones históricas para poner el énfasis en la promoción de artistas actuales con criterios a menudo discutibles. De modo que quien viene a visitar el MACBA difícilmente podrá hacerse una idea de lo que ha significado la creación artística en la Barcelona de los últimos 50 años. Y esto no deja de ser preocupante especialmente al tratarse de un museo de titularidad pública.. Ahora mismo tenemos un ejemplo más de lo que denunciamos con la muestra titulada Como una danza de estorninos. Colección MACBA: 30 años e infinitas formas de ser. Resulta un tanto decepcionante que para este aniversario sólo se dedique una planta a la colección, que en definitiva es el corazón del museo. Parece evidente que para esta ocasión histórica se tenía que haber organizado un gran acontecimiento con una amplia muestra de los fondos articulados por ejemplo a partir de un tema determinado.. La presente selección que reúne unas 200 piezas entre fotografías, instalaciones, vídeos y algunas pinturas, propone «reflexionar sobre la subjetividad y su construcción porosa» (sic).. Envuelta en un discurso ambiguo la muestra se desarrolla a lo largo de cinco ámbitos cuya temática se nos antoja algo confusa. No hay cronología y a menudo cuesta entender la ordenación de las obras por culpa de un montaje que no contribuye a potenciarlas. Es el caso de Flamenco Figure (1994), una interesante creación de Toni Ousler abandonada a su suerte en un pasillo, y de la tela BBO (1984) de A. R. Penck expuesta frente a la monumental instalación de Matt Mullican sin conexión aparente y que por su factura primitiva estaría en mejor sintonía con el cuadro Self-portrait (1986) de Jean-Michel Basquiat, una de las escasas referencias de la colección.. Se trata de una selección bastante irregular y aleatoria, calificativos que de alguna manera se pueden aplicar al conjunto de la colección en el sentido de que su identidad no ha quedado claramente definida. Y además no se ha acertado siempre en la adquisición de determinadas obras porque algunos artistas notables no están representados con piezas verdaderamente significativas como se ve aquí con el trabajo de William Kentridge Ulisses: RESONANCIA (1998), que no transmite la auténtica dimensión de este extraordinario creador.. Insistimos, la colección de un museo público es un proyecto muy serio que sin duda debe evolucionar con el tiempo pero que, en el caso del MACBA, de ninguna manera puede disociarse del contexto en el que se ha creado. No se trata de acumular obras de artistas de la última moda en el mercado sino de desarrollar un discurso coherente que tenga en cuenta la historia reciente -cosa que no se hace aquí- y que permita al visitante descubrir la creación contemporánea desde una perspectiva plural y enriquecedora, lejos de esta obsesión por dar lecciones de corrección política a la gente, al pretender «inspirar cambios sociales a través del arte», tal y como se anunciaba en el programa de actividades para el año 2024.. En cuanto a las exposiciones temporales quedan lejos en la memoria las escasas muestras que han hecho historia como la gran exposición de William Kentridge (1999), entonces todo un descubrimiento en España; la retrospectiva de Pablo Palazuelo (2006); la de Antoni Miralda (2016) y la muestra Bajo la bomba (2007), una exploración del arte abstracto de posguerra a escala internacional, la única exposición temática de envergadura vista en el museo barcelonés.. Es curioso que incluso la antológica dedicada en 2018 al escultor catalán Jaume Plensa, que despertó una gran expectativa, resulte un tanto decepcionante. Al parecer los responsables del MACBA no supieron o no quisieron ofrecer una visión completa y brillante de su larga trayectoria, quizá porque Plensa, defensor de la belleza y de la poesía, no se ajusta a sus parámetros del artista-activista…. En los últimos años bajo la dirección de Elvira Dyangani Ose el programa de exposiciones del MACBA ha sido el paradigma de las derivas que afectan la creación actual, es decir la revisión poscolonial, el ecologismo radical, el neofeminismo, el activismo de las comunidades LGTBQIA2S+; temas recurrentes que se abordan aquí en propuestas irrelevantes como la del colombiano Carlos Motta o la muestra de la norteamericana Cuco Fusco que todavía se puede visitar.. En 30 años el MACBA no ha conseguido imponerse como el buque insigne del arte contemporáneo en Barcelona, y visto lo visto necesitaría un nuevo impulso y sin duda un cambio de rumbo radical, sin el cual la futura ampliación prevista para 2026 no será más que un espejismo.. Marie-Claire Uberquoi es crítica de arte, comisaria, autora del ensayo ‘¿El arte a la deriva?’ y ex directora de Es Baluard.
La Lectura // elmundo
El museo de arte contemporáneo de Barcelona, sumido en la irrelevancia, desperdicia su cumpleaños con una programación tediosa centrada en el activismo político Leer
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