Este pequeño ensayo poético es un cuaderno de campo que funciona como diario de viaje. A través de su narración vamos conociendo la sensibilidad de Mariana. Su forma de mirar, de tocar, de escuchar es tan bella que quieres aprender a contemplar de esa manera.. Leerla fue sentirme inspirada todo el tiempo. Quería aprender a expresarme desde esa sencillez y amabilidad, pero sobre todo anhelaba amar como ella. Mariana sale a pasear y vuelve con cosas pequeñas enredadas en el cuerpo: desde un glaciar crujiente a un insecto en la mano, una roca, musgo, un volcán. Su vínculo con los seres de la tierra, desde los más grandes a los más diminutos, y su atención a todo lo que habita en la naturaleza, te obliga a sentarte junto a un río y sentir amor por él. Como si, solo contemplándolo, entendieras el sentido de la vida, que consiste en estar ahí, simplemente, observando.. Para Mariana, el amor crea paisajes internos; cuando amas a alguien ese amor entra y ensancha tu mundo. Cuanto más diversos son esos amores (amor a una persona o varias, pero también a un gato, un árbol), más amplio es ese paisaje que habita dentro de ti. Cuando lo terminé me di cuenta de que quizá no había mirado suficiente, que había paseado la vista por las cosas que me rodeaban pero no las había mirado más allá de la prisa. Me preguntaba si debería prestar más atención a quienes están junto a mí, a todo a mi al rededor. Escuchar y cuidar para llevar dentro tantos amores como pudiera; para estar lo más nutrida posible a la hora de mirar al mundo.. Almadia. Puedes comprarlo aquí.. La protagonista, Cheryl, de 43 años, vive sola entre su casa ordenadísima y sus manías, y eso es todo lo que te voy a contar de la trama porque, por más que intentara resumirte cómo se va a descolocar todo, no podría hacerlo y, además, daría igual. El viaje es entrar en sus páginas y vivirlo.. Lo que más me fascina de este libro es cómo una historia alejadísima de lo que soy, con personajes y tramas excesivas y bizarras, acaba hablándome exactamente de mí con una precisión emocional brutal. Tendemos a pensar que para conmovernos y sentirnos identificadas tenemos que leer autoficción o quizá encontrar un personaje espejo. Yo misma me he visto muchas veces buscando esas lecturas que me encajan en quien soy, esperando que me resuelvan algún misterio. El primer hombre malo desarma todo eso. Salvo la edad, la protagonista y yo no compartimos nada. Se encuentra en situaciones improbables (diría que imposibles), opuestas a lo que yo podría vivir. Y, sin embargo, lo que siente lo entiendo al milímetro y lo que eso me hace sentir me descoloca. Quizá es esa distancia la que me hizo bajar la guardia.. Entré con el sarcasmo, riendo por lo absurdo de las situaciones, de lo excesivo que es todo y, de repente, me vi llorando a moco tendido sin saber qué era exactamente lo que me estaba afectando tanto. July empuja lo extraño hasta que aparece lo común. A través de sus excesos y situaciones límite te habla de temas que nos vertebran a todas: el deseo feroz, la necesidad de cuidados, la vergüenza, los límites de la maternidad… Va pasando por tantos lugares como si estuvieras viendo una película de ciencia ficción divertidísima. Ríes a carcajadas hasta que dejas de reír y ves la forma exacta de lo que ya estaba ahí, que eres tú misma negando con la cabeza.. Random House. Puedes comprarlo aquí.. En Aguas Claras, a la orilla del lago Milagro, Kaila, de 19 años, entra en un duelo extraño tras la muerte de su padre. Mientras, en el pueblo, empiezan a desaparecer misteriosamente mujeres de cierta edad en las proximidades del lago. La novela tiene mucho de thriller rural, pero también de novela de aprendizaje, de humor negro y una veta fantástica que vertebra todo, sin ser ninguno de esos géneros completamente.. Kaila no se comporta como nos gustaría; no trata a la madre como sentimos que se merece y su madre tampoco reacciona con la energía que nos encantaría. Ahí está lo magnífico: un personaje que roza lo insoportable porque refleja nuestras propias acciones, y creo que mucha gente siente rechazo por Kaila por eso: al no querer que sea así, niegan algo que también tienen. No se reconocen en esa manera horrible de hablar a un ser querido porque no quieren verse ahí.. A mí, sin embargo, me resulta liberador toparme con un personaje que me inquieta, al que zarandearía y le diría, «por favor, ¿puedes hablarle bien a tu madre, coño?» y aún así admitir que yo he sido eso. He estado en esa posición y me he comportado igual. Reconocerme ahí es lo que hace grande al personaje y a la novela.. Seix Barral. Puedes comprarlo aquí.
La Lectura // elmundo
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