Al principio solo hay unas sillas dispuestas en círculo. No hay decorado, apenas luz. En ese gesto -sentarse, escucharse, mirarse- podría empezar tanto un grupo de ayuda como un ensayo de teatro. En Personas, lugares y cosas, la obra que dirige Pablo Messiez en el Teatro Español con Irene Escolar como figura central, ambas cosas parecen lo mismo: una reunión de quienes intentan entender por qué están ahí, cómo se sostienen y qué los salva. La obra, una adaptación de la exitosa propuesta de Duncan Macmillan, se presenta como uno de los estrenos más esperados de la temporada.. Messiez y Escolar comparten una idea del teatro como lugar de encuentro y no tanto de exhibición. La historia -la de una actriz ingresada en un centro de rehabilitación- se convierte en una exploración sobre la culpa y la necesidad del otro. «La obra no pretende resolver nada ni juzgar a nadie», dice Messiez. «Me interesa hablar del consumo sin bajar a una línea moralista».. Para Irene Escolar, que interpreta a Emma, la protagonista, el punto de partida fue parecido: «La obra no es nada para el ejemplo. No te dice qué está bien ni que está mal, simplemente te expone a una situación y cada uno hace el viaje que pueda y que quiera».. La actriz se documentó asistiendo durante cuatro meses a grupos de terapia con personas con consumo problemático. «Ha sido de las cosas más nutritivas y más especiales que he hecho nunca», recuerda. «Me ha cambiado la perspectiva y me ha traído algo muy esperanzador, de creer en los demás y en cómo el grupo te puede salvar», asegura.. En escena, el espectador ve el mundo a través de los ojos de Emma. «Vemos lo que ella ve», explica Messiez, con una primera parte en la que la actriz está intoxicada y una segunda en la que se ha «limpiado». Para Escolar, ese tránsito ha sido físico y emocional: «Durante los primeros minutos estoy en un estado de tensión muy difícil de sostener. No hay nada que dé más miedo a un actor que tener que hacer un estado alterado. Pero me he dejado guiar por Pablo, confiando al cien por cien en él, lanzándome sin red porque estaba él».. Alberto di Lolli. El montaje juega con la tensión entre lo real y lo subjetivo. «Al final siempre estamos fatalmente anclados en nuestra subjetividad», dice Messiez. «Aquello que percibimos lo tomamos como lo real, y luego salimos y vemos que eso que llamamos realidad no es más que aquello que creemos que es». En el texto, la protagonista dice que se da cuenta de que nada es real, que todo son convenciones: el lenguaje, el dinero e incluso el propio grupo de terapia.. Ese espejo entre el teatro y la rehabilitación atraviesa toda la pieza. «Cuando estás intentando salir, tú solo no puedes», reflexiona Irene. «Te tiene que ayudar otra persona y te tienes que dejar ayudar». Para Messiez, la función se sostiene en esa misma lógica: «Los grupos de Narcóticos Anónimos funcionan igual que el teatro: nos reunimos, nos miramos, decimos en voz alta lo que nos pasa y descubrimos que no estamos solos».. En ese sentido, la comunidad se convierte en una forma de salvación. «Son espacios revolucionarios», dice Irene. «Estar con gente, sin poder mirar el móvil y escucharnos los unos a los otros es un gran acto revolucionario». Messiez lo amplía: «Entender el teatro como un lugar en el que nos reunimos a pensar juntos cosas, a intentar entender algo de lo humano, de cómo somos y cómo nos comportamos».. También comparten una mirada sobre la verdad del cuerpo, al que Messiez da un papel protagonista en su creación. «Procuro pensar el teatro desde el cuerpo y la relación del cuerpo con el espacio como cosa fundamental», dice él. «La verdad del cuerpo está en sus latidos, en cómo respira, en cómo le cambia el ritmo de respiración, en cómo aparece el sudor o la lágrima». Escolar lo vive desde dentro: «He trabajado muchísimo el cuerpo con Josefina Gorostiza. Había algo de tensión, de atravesar un límite. Y me he puesto en sus manos, porque con juicio y con miedo no vas a ningún lado».. «Sé perfectamente lo que quiere decir mi personaje con que todo tiene más sentido cuando está actuando. Yo también lo he sentido». Irene Escolar. Esa confianza y el trabajo con Messiez ha sido «una de las mejores cosas que me han pasado como actriz, creo que el proceso más placentero que he vivido», dice Escolar, que destaca en él una humanidad e inteligencia emocional «que escasea tanto».. Para ambos, el teatro es una forma de verdad compartida. «Es mentira si tú quieres, pero no tiene por qué», dice Messiez. «Puede ser un espacio donde revelar cosas. Está en la otra punta de la mentira». Irene coincide: «Muchas veces he sentido que mi vida era más auténtica y más real estando en el teatro. Ha sido una gran tabla de salvación muchas veces». Por eso, entiende a su personaje «cuando dice que todo tiene más sentido cuando está actuando. Porque yo también lo he sentido».. Al final, en el escenario y fuera de él, el gesto se repite: sentarse, escuchar, hablar. Unas sillas en círculo. «Quiero que el público sienta cosas en la piel, que se conmueva y que humanice a los que caen bajo el yugo de la adicción», dice Irene. Entre una frase y otra, Personas, lugares y cosas propone algo tan sencillo y urgente como volver a reunirnos. Escucharnos, repensando el teatro casi como si fuera la última forma de comunidad.
La Lectura // elmundo
El director se alía con Irene Escolar en una obra que acompaña a una actriz en su desintoxicación. Su proceso permite hablar de la comunidad, de la escucha como acto revolucionario y de cómo el encuentro puede convertirse en el único refugio Leer
El director se alía con Irene Escolar en una obra que acompaña a una actriz en su desintoxicación. Su proceso permite hablar de la comunidad, de la escucha como acto revolucionario y de cómo el encuentro puede convertirse en el único refugio Leer
