«¿Cómo te llevas con Verdi?» «Le adoro». Adorar a quien interpretas quizás no sea un requisito para el éxito, pero ciertamente ayuda. Que se lo digan a Lara Diloy (Madrid, 1986), una de las batutas más prometedoras del panorama español, que a sus 39 años ha trazado su propio camino hacia el triunfo en la dirección orquestal. Paso a paso, nota a nota, foso a foso. El próximo 6 de diciembre, Almería acogerá la obra más afamada de Giuseppe Verdi,La Traviata, con la dirección orquestal en manos de la madrileña que, además, en 2026 tomará la batuta del foso del Teatro de la Zarzuela en Jugar con fuego, de Francisco Asenjo Barbieri. Formada en trompa y dirección, Diloy se ha puesto al frente de algunas de las principales formaciones españolas y se ha consolidado como uno de los nombres más sonados del panorama actual: versátil, rigurosa y con una energía contagiosa.. Desde su inauguración en 1856, menos de diez mujeres han ocupado el podio de dirección en la Zarzuela; Diloy es una de ellas. Desde la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), la directora lo ve como algo estructural: «Creo que todos coincidimos en que la respuesta está en la educación». Y continúa: «Se están aplicando muchas políticas de igualdad, lo cual es fantástico, pero tenemos que estar convencidos de lo que se hace e ir evaluando los resultados para que el camino hacia la equidad tenga sentido y futuro». Ser minoría no viene sin etiquetas, y desprenderse de ellas suele ser difícil. En su caso, formar parte de ese pequeño porcentaje de mujeres que ha tomado la dirección musical de obras de tal calibre llega con cierto lastre: «El hecho de que me sigan preguntando al respecto refleja que todavía hay una cuestión de género que debemos afrontar».. No le molesta, dice, pero sí lo ve como un síntoma: «Demuestra que hay una barrera que aún debemos superar». La directora, que se encontró con la música a partir de un antiguo Casio eléctrico para luego volverse trompista y, finalmente, directora, afronta las partituras de Verdi con más naturalidad que otra cosa. «Es cierto que todos decimos que la partitura que tenemos delante es nuestra favorita en ese momento», explica. «Pero con Verdi conecto de forma natural, porque es muy universal». El oficio del director de orquesta, dice, es dejar que la melodía fluya: «Es ser un intermediario, sacar lo mejor de la música con la que se trabaja». El próximo 25 de marzo, Diloy volverá a la Zarzuela, lo que ella llama su «hogar».. «La música clásica tiene una gran capacidad de transformación». «Llevo trabajando allí diez años: primero como asistente, luego dirigiendo el coro y, más recientemente, con mis propias producciones. Es un lugar muy familiar al que me encantaría que más gente se acercara». Ópera, zarzuela, música clásica. Puede sonar arcaico, soporífero, intimidante, lamenta. Pero ¿por qué? La directora percibe esta distancia como una barrera que se debe superar. «Es crucial que la gente no tenga reticencia a ir pensando que es algo antiguo e inaccesible. Son barreras que la gente siente y que hay que romper». No es pop, no es rock, pero ¿y qué? Para acercarse a este terreno, dice, solo hace falta entender que estamos hablando «de un espectáculo en el que tenemos estímulos de todo tipo. Hay música, sí, pero también hay orquesta, un coro, solistas, danza en muchos casos… es un espectáculo. Además, están las artes plásticas, la escenografía, la moda. A nivel sensorial es increíble». La música clásica es «alimento para el alma», sostiene.. «Tiene una gran capacidad de transformación, a nivel social e individual». Esto, dice, se transmite a través de compositores de gran talla como Chaikovski: «Plantean en una sinfonía la búsqueda de toda una vida. Eso requiere muchas horas de estudio, de preparación, de beber de la tradición.Es difícil que géneros más recientes -con lógicas distintas- tengan ese mismo recorrido vital». Lo que estos compositores ponen en la partitura es toda una vida de aprendizaje y una visión del mundo. Y como la de cualquier director musical, la relación con el público es la esencia del oficio: «Cada función es distinta, aunque sea la misma obra con las mismas personas. Eso es lo más poderoso de la música y del teatro. No hay otra palabra mejor: es magia». Diloy habla de una relación tangible con el público. Tomar la batuta y afrontar el arsenal sinfónico frente a ella conlleva sentir cómo los espectadores reciben la música.
La Lectura // elmundo
«La clásica es alimento para el alma», dice la madrileña, una de las 10 mujeres que han dirigido el foso de la Zarzuela desde 1856 Leer
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