Tras haber colocado en la vitrina de clásicos las series Breaking Bad y Better Call Saul, Vince Gilligan reaparece con Pluribus (Apple TV+), una producción de ciencia ficción donde late parte de aquel universo. Al menos, en las referencias menos inmediatas. La paleta de colores de Albuquerque. El ritmo contemplativo del arranque de Pirate Lady, el segundo capítulo. Y Rhea Seehorn, la musa de Gilligan que interpreta a Carol Sterka, una escritora de bestsellers descreída del mundo que ha construido. No soporta a sus lectores, un fandom compuesto por mujeres y hombres demasiado agradables que busca refugio en sus libros. No soporta vivir rodeada de adultos que nunca dejan de mostrarse como niños. Y es una de las pocas personas en toda la Tierra inmune al virus llegado desde el espacio que ha convertido a la población mundial en zombi: felices y dispuestos a ayudar en lo que haga falta.. Pluribus es un apocalipsis asombroso donde el cambio no resulta dramático. A diario, en la actualidad, en el ascensor, en la panadería o en el trabajo, aparecen estos monstruos contentísimos. Que hacen proselitismo de la felicidad en cuanto disponen de un momento. Son los adictos a la felicidad. Pluribus es una distopía de cercanías. ¿Cómo escapa de la pandemia de la felicidad? «¿Yo, personalmente? Creo que nací para ser miserable», responde Gilligan. «No soy una persona particularmente feliz. Finjo serlo en las entrevistas, pero soy más como Carol Sterka. En realidad no soy miserable, ni tengo razones para serlo: soy la persona con más suerte que conozco. Y eso lo hace peor cuando pienso: ‘No soy feliz’, y me pregunto: ‘¿Por qué demonios no soy feliz, si soy tan afortunado?’. Y, a su vez, me hace sentir más infeliz. Es un círculo vicioso», confiesa Gilligan, que ha tenido la idea, la ha escrito y ha dirigido los capítulos.. Gilligan traduce todas las obsesiones de nuestra época con la felicidad. Los autores de Happycracia (Paidós) hablan del «giro a la felicidad» de la sociedad. La autoayuda, las charlas motivacionales, los coach, los eslóganes disfrutones y hasta los calendarios con mensajes motivacionales llevan adherido un golpe tóxico trasladado por Gilligan a la pantalla en los encuentros entre la protagonista y sus vecinos contagiados.. Carol Sterka (Rhea Seehorn) entiende lo que sucede cuando un alto cargo del Gobierno de los Estados Unidos se dirige a ella a través de su televisión. El intercambio es una crítica a la realidad. Muestra lo atosigante que resulta la comunión entre extraños forzada por la industria de los cursis, una de las más rentables de los últimos tiempos. Y alienante. ¿Quién no ha tenido la sensación de estar fuera de lugar cuando en una comunidad se produce un hallazago biempensante? ¿Por qué todo el mundo se refiere a nosotros? Se lo pregunta la protagonista, pero podríamos preguntarlo, precisamente, nosotros. «Nosotros somos nosotros»: We is us, responde el portavoz de los felices.. «Creo que la felicidad es solo química en el cerebro», añade Gilligan. «Algunos tienen más. Otros, menos. Pero también pienso que las personas infelices hacen avanzar el mundo. Los felices se conforman. Si todos fuéramos felices desde la prehistoria, seguiríamos sentados en un charco de barro mirando el sol. Son los inconformes quienes inventan la ropa, la vivienda, los coches, la democracia, el arte. Así que, en cierto modo, el equilibrio entre ambos estados es lo ideal», reflexiona.. Hay ecos de la pandemia del coronavirus. Gilligan, de alguna manera, emprende el camino de la ciencia ficción para exponer el conformismo de cierta parte de la sociedad desde el mismo lugar por el que caminaron personajes míticos como Huell Babineaux -el guardaespaldas de Saul Goodman en Breaking Bad- o los hermanos Salamanca en Better Call Saul: Albuquerque. «La respuesta es aburrida, pero importante. No hay un significado profundo. La única razón es que amo a mi equipo técnico. Todos viven allí. Y llevo casi 20 años trabajando con muchos de ellos. Quería seguir colaborando con el equipo y ayudarlo a mantener su empleo. Podríamos haber rodado en Albuquerque y llamarlo de otra forma, pero eso cuesta mucho más».. En el último scroll en su perfil de IMDb -la base de datos de películas y series- aparece Expediente X. El camino de la ciencia ficción es, de hecho, una vuelta a los orígenes. Pluribus es una cóctelera de referencias. «The Twilight Zone fue clave», responde. La serie, emitida por el canal estadounidense CBS entre 1959 y 1964, contó con la colaboración de Ray Bradbury. También participaron actores como Robert Redford o Charles Bronson. Cada capítulo planteaba un dilema moral. Metía al telespectador en el cuadrilatero para enfrentarse a la realidad. «El nombre Carol Sterka viene de Carol Burnett, a quien Rhea Seehorn y yo adoramos, y de un personaje de un episodio de The Twilight Zone. Me gusta mucho La invasión de los ladrones de cuerpos [Don Siegel, 1956], Soy leyenda, la novela de Richard Matheson, e historias postapocalípticas como The Walking Dead o The Last of Us. Habría que añadir el cine clásico de ciencia ficción: Planeta prohibido [1956], Regreso a la tierra [1955] o 2001: odisea del espacio [1968]. Incluso los westerns me siguen inspirando. Se nota más en Breaking Bad, pero el espíritu sigue ahí».. Todas las certezas desprendidas de su manera hablar no aparecen en la serie. «Creo que la gente quiere respuestas inmediatas, pero no siempre sucede. Pienso en la publicación del último libro de Harry Potter. La gente hacía cola toda la noche. Lo compraba. Y leía hasta la última página enseguida. Qué triste. Déjate llevar por la historia. No la persigas», defiende. «Si necesitas todas las respuestas ya, probablemente te decepcione. Llevará tiempo revelar todos los misterios de Pluribus. Ni siquiera conozco todas las respuestas. Mis maravillosos guionistas y yo ya trabajamos en la segunda temporada y todavía estamos descubriendo cosas».. Alrededor de la protagonista todo se ha esfumado. Odiarnos. El cinismo. La mirada pesimista. Nuestro olor en el metro. La envidia. Hablar mal. No saludar a nadie. No detenerse en un paso de cebra. No sujetar la puerta al vecino. Y en ese aroma a The Leftovers -en Pluribus sobran todos lo que se quedan-, Rhea Seehorn traza a sorbos el mapa de la Humanidad. Un mundo en el que no existen nuestros defectos resulta absurdo y, lo peor, triste. «La ciencia ficción nos permite explorar cosas que no podríamos examinar tan claramente en historias realistas. Me interesa la idea de un mundo donde todos se aman y se llevan bien. ¿Sería tan bueno como suena? Quizá perderíamos individualidad, y eso no sería tan positivo. También está esa sensación de ser el único que no encaja. Como cuando entras a una fiesta y todos se conocen menos tú. Tal vez hay algo de eso en Pluribus», resuelve.. Gilligan empezó a trabajar en la idea hace ocho años. Así que, en realidad, no es una ficción de actualidad. El virus como representación del optimismo no es un reproche. «Supongo que podría verse como muy simbólico, aunque no fue necesariamente mi intención. Trabajo muy despacio. Mucho más de lo que quisiera. Empecé a desarrollar la idea que se convirtió en Pluribus hace al menos ocho años, tal vez más de diez. El mundo se ha vuelto más aterrador en la última década, como si estuviéramos al borde de algo muy malo, pero no estaba pensando en esos términos», concede.. ‘Pluribus’ contiene el ‘escollo’ gilligan: «No es para todos. perseguimos la idea de hacer una serie para todo el mundo, pero no existe». A lo largo de esta década, Vince Gilligan ha manejado como ha podido la ansiedad. «Siempre la tengo», añade. «Lo malo es que preferiría no tenerla. Me gustaría disfrutar algún momento sin ansiedad. Lo bueno es que te acostumbras». Es inevitable hablar de Breaking Bad. Las expectativas con su trabajo son una condena. Estar a la altura, en un sector tan volátil como el de las plataformas y haciendo productos tan sobreanalizados como las series, es una prueba de las Olimpiadas de la inmediatez. «La buena y la mala noticia son que siempre tengo nervios. Hubo algo de presión. Aunque no por parte de Sony, mi casa desde hace casi 20 años. Tal vez deseaban que hiciéramos otro proyecto relacionado con Breaking Bad, pero debo decir que fueron muy comprensivos. Me decían: ‘¿Qué piensas sobre hacer algo en el universo de Breaking Bad?’. Y yo respondía: ‘No lo sé, quizás deberíamos tomarnos un descanso. Tal vez sea hora de seguir adelante. Tengo otras ideas que me interesan’. Y, para que conste, respondieron: ‘Está bien’».. Gilligan avisa. El tema elegido no es tan importante. «Es probable que parezca al revés, y quizás a nivel subconsciente lo esté, pero en realidad pensé primero en el personaje, igual que con Breaking Bad y con Better Call Saul. Me intrigan los personajes. Así encuentro mi camino en cualquier proyecto. Intento no pensar en los temas. En un ideal, dejo que el público se encargue de hacerlo. Dicho eso, entiendo que hay mucho potencial simbólico. La pandemia. La IA generativa. Tengo mis opiniones, pero no intento imponer ningún mensaje, ni político ni de otro tipo. Solo quiero contar una historia que intrigue a la gente y les haga reflexionar sobre la felicidad. También me gusta pensar: ¿cómo sería el mundo si todos fuéramos un poco más amables? Esa idea no pasa de moda. ¿Cómo de importante es? Todos la buscamos, pero ¿es tan esencial para vivir?».. Y en Pluribus también ha añadido el mítico escollo Gilligan. Es un checkpoint justo donde el ritmo de la serie baja. De esta manera, criba a los espectadores más impacientes. La primera temporada de Better Call Saul es un badén. Mosca, el décimo capítulo de la tercera temporada de Breaking Bad, es una pared vertical. Al salvar el escollo Gilligan, a partir de ahí, el espectador contemplativo puede disfrutar de estar en un esquinazo sin algoritmos. A salvo de los virales, puede darse el gusto de establecer una conexión con la secuencia de capítulos que, si los cálculos no fallan, será considerada un clásico en poco tiempo. Más o menos. «Claro. No es para todos. Tampoco lo fueron Better Call Saul o Breaking Bad. Todos perseguimos la idea de una serie para todo el mundo, pero no existe. Algunos la verán con curiosidad esperando sangre y violencia y no les gustará. Otros, que no disfrutaron de Breaking Bad, quizá sí conecten con Pluribus», que significa, para continuar con el juego de sombras, símbolos y mapas del tesoro de cada proyecto, «muchos» en latín.
La Lectura // elmundo
Tras el largo ciclo formado por Breaking Bad y Better Call Saul, Vince Gilligan reaparece con Pluribus, una crítica a la pandemia de felicidad que inunda la actualidad. «La felicidad es solo química», dice Leer
Tras el largo ciclo formado por Breaking Bad y Better Call Saul, Vince Gilligan reaparece con Pluribus, una crítica a la pandemia de felicidad que inunda la actualidad. «La felicidad es solo química», dice Leer
