Corre el año 1672 en la República Neerlandesa, en ese momento el lugar más rico, libre y tolerante del planeta. Johan de Witt, el gran estadista y arquitecto de esa «Edad de Oro», camina hacia la prisión de La Haya. De repente, una turba enfurecida, alimentada por el pánico a una invasión extranjera y el odio populista, lo rodea junto a su hermano. La multitud no se conforma con lincharlos y colgar sus cuerpos desnudos boca abajo; en un acto de salvajismo final, los destripan y asan partes de sus cadáveres para devorarlos allí mismo.. Este episodio brutal no es una nota al pie de una era oscura, sino el sangriento epílogo de una de las civilizaciones más brillantes de la historia. También supone un recordatorio visceral de que el progreso no es una garantía inmutable, sino un frágil milagro que puede ser literalmente devorado cuando el miedo reemplaza a la razón.. Esta advertencia histórica es el corazón del nuevo y fascinante ensayo del historiador sueco Johan Norberg (Estocolmo, 1973). En Momentos cumbre de la humanidad (Editorial Deusto), el autor no se limita a celebrar el ascenso de civilizaciones como la Atenas de Pericles, el Califato Abasí o la China de los Song, sino que disecciona la autopsia de su caída. Su tesis es tan provocadora como urgente para nuestro tiempo: las edades de oro nunca mueren por causas naturales, sino que se suicidan cuando las sociedades, asustadas por el futuro, deciden cerrar sus mentes y sus fronteras.. Conversamos con Norberg sobre los patrones que se repiten y sobre cómo evitar que nuestra propia era se convierta en el próximo capítulo de este ciclo de auge y autodestrucción.. En su libro introduce el concepto del «filtro del statu quo» y sugiere que el final de las civilizaciones es autoprovocado cuando el miedo lleva a las élites a cerrar la sociedad. Hoy vemos un auge del proteccionismo y del populismo tanto en Europa como en América. ¿Estamos viendo en tiempo real cómo nuestra propia civilización elige el estancamiento por miedo al futuro?. Me temo que sí. Desafortunadamente, es un momento muy oportuno para escribir sobre el fin de las civilizaciones. En parte, creo que esto es lo que he estado describiendo en otras civilizaciones: este miedo a un mundo peligroso a menudo nos lleva a retirarnos y tratar de escondernos. Lo vemos con el proteccionismo, con el nacionalismo, con el populismo. Así que todos esos peligros están ahí. No significa que todo vaya a terminar, pero significa que deberíamos estar preocupados.. Usted es muy duro con Esparta: la describe como una sociedad cerrada y brutal, y desmonta el mito de los 300, mientras que celebra el aspecto comercial y -según sus críticos de la época- «afeminado» de Atenas. Dado el resurgimiento actual de una retórica política que valora al llamado «hombre fuerte» y la autarquía militarista, ¿por qué cree que nos sigue seduciendo la narrativa espartana frente a la complejidad desordenada y comerciante ateniense?. La idea de Esparta siempre ha apelado a la inseguridad masculina a lo largo de los siglos. Da la sensación de que fueron los más fuertes y que todo lo que se necesita es fuerza de voluntad y algo de músculo para superar las situaciones. Creo que eso siempre nos ha interpelado de alguna manera, y por eso me pareció tan importante atender a la historia real y subrayar que no eran muy buenos luchadores, precisamente porque no eran innovadores. Intentaban lo mismo una y otra vez, y por eso no lograron crear, no ya una civilización próspera, sino que tampoco fueron muy buenos en la batalla a largo plazo. Esa es una lección importante para nosotros hoy también. No nos dejaron literatura, ni filosofía, ni un gran arte, y ni siquiera derrotaron a los persas, como vemos falseado en las películas de Hollywood.. «Las edades de oro de las civilizaciones no las deciden la geografía ni la religión, sino si la sociedad está lo suficientemente abierta a otras ideas para seguir aprendiendo». Una de las tesis más provocadoras del libro es que Roma no cayó por la inmigración, sino que ascendió gracias a ella y a su capacidad de absorción cultural. Usted llama a esto «tolerancia estratégica»: ser inclusivo no por bondad, sino por egoísmo y poder. En el debate migratorio actual en Occidente, ¿hemos olvidado cómo convertir al «bárbaro» en un activo social?. Es una buena pregunta. En cierto modo, obviamente entendemos que la migración es un activo; por eso la gente sigue viniendo a nuestros mercados laborales y por eso España, por ejemplo, ha sido mejor lidiando con los déficits laborales que muchos otros países al estar abierta a la inmigración. Pero una cosa es entenderlo en la práctica y otra en la teoría, porque teóricamente siempre tenemos miedo del otro, de los extraños, de los migrantes. Existe una desconexión entre lo que las sociedades y los mercados laborales necesitan, y lo que dicta un debate más influenciado por el nacionalismo y el populismo. Ese es un equilibrio difícil y no creo que lo hayamos resuelto. Y, por supuesto, no ha ayudado que en muchos países europeos no hayamos sido muy buenos integrando a los migrantes en nuestros mercados laborales. Por eso creo que necesitamos esta discusión teórica sobre cómo las sociedades a menudo prosperan cuando están abiertas a algo que viene de otros lugares, de otras experiencias, de otros orígenes. Por eso los migrantes suelen estar sobrerrepresentados en las startups, en los premios Nobel y cosas por el estilo.. El capítulo sobre el Califato Abasí es fascinante porque narra cómo el mundo islámico fue, en un momento dado, el centro de la ciencia y la razón global, hasta que una alianza entre el Estado y la ortodoxia religiosa -representada por Al-Ghazali- asfixió ese espíritu. ¿Es este el ejemplo histórico más claro de cómo una civilización puede «desaprender» y elegir la ignorancia deliberadamente?. Así lo creo, sí. Lo que veo al analizar las edades de oro es que no las decide la geografía ni la religión, sino cómo sostenemos estas ideas; si están lo suficientemente abiertas a otras ideas para seguir aprendiendo. A veces el cristianismo, el islam y el paganismo han estado abiertos a otras ideas, y a veces han estado cerrados a ellas. El Califato Abasí fue extraordinariamente abierto; incluso tenía un plan político para aprender constantemente de otros pueblos, de otras fes, y construir sobre su conocimiento, y eso los hizo exitosos. Pero, obviamente, eso también es una amenaza. Los gobernantes y las élites a menudo construyen su poder sobre ideas específicas, y cuando sienten que están amenazados, surge este impulso de reconstruir ortodoxias. Eso es lo que vemos hacia el final del Califato Abasí: la construcción de la alianza Estado-Iglesia, sofocando la disidencia y la tolerancia, y estrangulando conscientemente la edad de oro islámica. No se trata solo del islam; ha sucedido en otros lugares y puede suceder en nuestro mundo también.. Escribe que la China moderna está repitiendo el error de la dinastía Ming al cerrarse y recentralizarse, condenándose al estancamiento, a diferencia del ejemplo de la Dinastía Song. Sin embargo, la evidencia actual muestra a una China que es el motor comercial del mundo, profundamente integrada en la economía global y liderando la innovación en sectores como la inteligencia artificial (IA) o las energías renovables. Si China logra sostener esta «Edad de Oro» tecnológica y económica sin la libertad política, ¿tendríamos que admitir que existe una vía autoritaria viable hacia el progreso humano sostenible?. China es una paradoja. La China moderna es, en cierto modo, una combinación de la dinastía Song y la dinastía Ming al mismo tiempo. Una de las razones por las que han sido tan tremendamente exitosos desde finales de los años 70 es que reformaron y se abrieron. Fue realmente un eslogan de la era Song acerca de cómo abrir los mercados, cómo integrarse en las redes globales de conocimiento y la economía global. Pero todavía conservan la tendencia centralizadora Ming, y oscilan de un lado a otro. Creo que Deng Xiaoping era más un personaje Song, mientras que Xi Jinping es más un personaje Ming. Y creo que la batalla entre esos dos instintos decidirá el futuro de China.. ¿Cómo?. Lo que realmente funciona en China son algunas áreas de innovación -por ejemplo, hemos visto una tremenda expansión en el sector tecnológico, tecnología verde e IA-, pero han venido de empresas de propiedad privada con capital extranjero, integradas en los mercados internacionales. Mientras que, desafortunadamente, Xi Jinping parece querer recuperar el control y patrocinar una industria de propiedad estatal y más nacional, y no han sido tan productivos. Por ejemplo, DeepSeek: ¿de dónde vino ese modelo de IA? No vino de una empresa estatal, ni de una universidad estatal, ni de capital riesgo estatal; vino de un hedge fund cuantitativo, un área, legado de una desregulación anterior, que a Xi Jinping no le gusta. Ha hablado de cómo aplastar esa industria antes de que le sorprendieran con este modelo de IA. Así que, si el éxito de China depende de industrias que el Partido Comunista aún no ha decidido aplastar, siempre es un poco difícil y complicado. Eso por un lado: por el otro, creo que deberíamos estar un poco preocupados por el éxito manufacturero de China. Parece amenazante porque están volcando tantos bienes en nuestros mercados y amenazando a nuestras empresas, pero en realidad no están ganando mucho dinero. Los márgenes de beneficio han colapsado en los vehículos eléctricos, por ejemplo, en la industria de las baterías. Y es así porque están tan fuertemente subsidiados. El FMI y otras instituciones han hablado de cómo esto tiene un coste enorme para la economía china, una enorme sobreproducción que realmente no crea productividad a largo plazo en la economía. Van a necesitar más de la personalidad Song y menos de la Ming en su futuro.. «Si piensas que Dinamarca y Canadá son tus enemigos es que has malinterpretado la historia. Estados Unidos se ha vuelto más peligroso para todos y por eso todos tenemos que rearmarnos». Usted defiende la Revolución Industrial británica no desde la perspectiva de los románticos o los aristócratas, sino desde las autobiografías de los trabajadores que por primera vez tenían comida y ropa. ¿Por qué cree que, culturalmente, sigue siendo tan difícil «vender» la idea de que la industrialización y el mercado libre han sido los mayores liberadores de la clase pobre?. Esa es una gran pregunta, porque es el elevamiento más monumental de los estándares de vida sociales y económicos en la historia y, sin embargo, es el que más disgusta a la gente cuando hablas con ellos sobre el pasado. ¿Por qué ocurre esto? Una razón es que no fue solo un éxito tremendo, sino que fue también el momento en que realmente «descubrimos» la pobreza en el mundo. Porque la pobreza siempre había estado ahí. «A los pobres siempre los tendréis con vosotros», como señaló Jesús. Por primera vez durante la Revolución Industrial, la gente comenzó a ver que ese no es el destino humano. Lo podemos cambiar a través del conocimiento, la educación, la productividad, la tecnología. Lo que significó que, por primera vez, también comenzamos a ver los malos estándares de vida social como problemas sociales. Y entonces tuvimos periodismo, tuvimos libros, tuvimos teorías intelectuales, tuvimos el marxismo y a otros señalando todos los problemas del mundo que la Iglesia siempre nos había dicho que esto es lo que sucede en el planeta Tierra y obtendrás tu recompensa más tarde. Así que creo que se asoció en la mente de todos con la pobreza y el trabajo infantil, a pesar de que la industrialización fue nuestro escape de todo ello. Esa es una razón por la que pensé que, aunque los historiadores económicos han debatido durante 200 años, resultaba más revelador mirarlo desde la perspectiva de quienes lo vivieron. Los diarios de agricultores y trabajadores que hablaron sobre su propia experiencia y dijeron que no había «buenos viejos tiempos»; por primera vez ahora podemos poner comida en nuestros platos.. Cierra el libro hablando de la «Pax Americana» y cita a Abraham Lincoln diciendo que si Estados Unidos cae, no será por una invasión extranjera, sino por un suicidio interno. ¿Cree que la superpotencia actual está ya en esa fase de desmantelar sus propias instituciones de apertura y tolerancia? Y, ¿qué pretende exactamente Trump en Venezuela o Groenlandia?. Nadie lo sabe, creo que ni siquiera Donald Trump. Pero sí, parece que Abraham Lincoln escribió sobre los Estados Unidos de 2026 en muchos sentidos. Es la superpotencia del mundo y tiene una riqueza, tecnología y ejército únicos, y un sistema único de alianzas en todo el mundo que lo hace casi invulnerable en cierto modo. Pero puede ser amenazado desde el interior. Por ejemplo, sofocando esas alianzas al alienar constantemente a amigos y aliados… Si piensas que Canadá y Dinamarca son tus enemigos, de alguna manera has malinterpretado la historia. El problema para el mundo es esto significa que EEUU se vuelve un poco más peligroso para todos y todos tenemos que rearmarnos. Pero también es un problema para Estados Unidos, porque el problema tradicional para una superpotencia hegemónica es que todos los que se acercan a ella buscan, en realidad, derrocarla para tomar el control de los recursos locales y las rutas comerciales, etc. Estados Unidos ha construido un sistema de alianzas que implica que Europa, Japón, Australia, Canadá y otros siempre dan un paso al frente para ayudarle cuando una potencia autoritaria local intenta hacer algo. Y nosotros también hemos hecho nuestra parte, en cierto modo, para ayudar a mantener el orden mundial estadounidense en marcha. Pero si Estados Unidos comienza a parecer una amenaza, si acaban invadiendo Groenlandia… Quiero decir, en ese caso comenzaremos a tratar de encontrar nuevos amigos, y existe el riesgo de que pensemos que será en nuestro interés comenzar a derribar a Estados Unidos de su trono. Es una forma increíblemente miope de usar el poder propio y de volverlo en tu contra.. «La revolución industrial nos hizo entender que la pobreza no es el destino humano, que podemos cambiarlo a través del conocimiento, la educación, la tecnología». ¿En qué sentido?. Me recuerda a Atenas durante el Imperio Ateniense, cuando Atenas pensaba en sí misma como invulnerable y dijeron: «Vale, en ese caso podemos usar este poder para amenazar a nuestros aliados y tomar sus recursos». Lo que significó que hubo una opción para Esparta, porque de repente fueron vistos como una alternativa. Los actuales enemigos de EE.UU son incluso peores, pero podemos usarlos como una especie de escudo para defendernos. Y creo que esa es una razón por la que no estamos viendo esta gran alianza contra China, que los presidentes estadounidenses anteriores buscaban, porque de repente Europa y muchos aliados asiáticos están empezando a pensar que podríamos incluso necesitar a China, en cierto modo, para encontrar algún equilibrio en las relaciones internacionales. Así que es un momento peligroso para el mundo y para Estados Unidos.. El mensaje final de ‘Momentos cumbre de la humanidad’ es que el progreso no es automático, sino una elección constante de «abrirse». Si tuviera que dar un solo consejo a un líder político actual para evitar que nuestra Edad de Oro termine, basándose en los 3.000 años de historia que ha analizado, ¿cuál sería?. Mi consejo principal sería: cuenta hasta diez y relájate un poco. Lee un libro y lee algo de historia. Porque lo que aprendemos de la historia es que no son siempre las grandes fuerzas anónimas las que deciden, sino que también son los sentimientos heridos, y es el prestigio, y es el estatus, y es tu sentimiento de ser traicionado por antiguos aliados y cosas así lo que juega una parte increíblemente importante. Y entonces, en ese momento, es importante dejar ir algunos de esos sentimientos y, en su lugar, tratar de mirar qué es realmente importante y qué no lo es. Qué tipo de instituciones necesitamos realmente para mantener en su lugar -y para mí, obviamente, se trata de este mundo abierto y el sistema basado en reglas- y qué no es tan importante. Ese sería el consejo más importante.
La Lectura // elmundo
El historiador disecciona el auge y caída de los grandes imperios para alertar del riesgo de que nos autodestruyamos por el miedo: «Las edades de oro no mueren por causas naturales: se suicidan» Leer
El historiador disecciona el auge y caída de los grandes imperios para alertar del riesgo de que nos autodestruyamos por el miedo: «Las edades de oro no mueren por causas naturales: se suicidan» Leer
