Noelia no es el nombre de la protagonista de El mal de la risa, novela más reciente de Isabel Bono (Málaga, 1964); es uno de los alias. Usa también Adelfa para enviar correos electrónicos con quejas al supermercado -señala que la gente que va sin camiseta o determinados dinámicas con los precios-. Se llama Adela y tiene 83 años, es una vieja, como la propia autora la llama, jubilada de su trabajo de profesora en un colegio de monjas. No se ha casado ni ha tenido hijos, vive sola en una rutina plácida que cambia cuando debe ocuparse de su hermana 11 años mayor y del marido de ésta, al que no soporta.. Su hermana y su cuñado, Marta y Eduardo, tienen dos hijos, Martita y Eduardito; al chico lo adora, a la chica no la soporta. Además de su familia, está Don Marcos/Marquitos, cura y amigo, con quien se ve pero también mantiene una conversación vía correo electrónico; (san) Javier, amigo primero del cura y luego también de ella, y del que va sabiendo (ella y el lector) muy poco a poco.. Completan el cuadro algunos vecinos del edificio, la joven Loli y Vreyma, con quien Adela chatea de vez en cuando. Aunque la novela tiene cuatro secciones diferenciadas (Salí dispuesta a comprar queso, Todo cambia cuando algo cambia, No somos superhéroes, dudamos, sudamos, Ojalá me dolieran las muelas), en cuanto a desarrollo y tono, podemos ver tres partes: la primera nos adentra en esa rutina de la vieja, la repetición es a la vez seguridad y aburrimiento; ahí aparecen las vecinas (un poco 13 rue del Percebe, un poco Perec), Loli, una amiga mucho más joven que conoce en una lectura de poemas, Marcos, etc…. La segunda parte es el relato de una nueva rutina en la que pasa mucho tiempo con su hermana y su cuñado, cuidándolos, haciéndoles compañía; es el relato un poco negro, pero divertido, de la vejez y de lo que supone cuidar de otros. Sin ponerse ni un solo pin de abridora de melones y sin perder nunca el sentido del humor, cosa que no sorprenderá a los que se hayan adentrado en las novelas o en la poesía de la escritora malagueña, Isabel Bono hace un retrato de eso a lo que nadie quiere mirar: qué pasa cuando nos hacemos viejos. La tercera parte se va hacia la oscuridad, es la parte triste; y si respetamos la división de la autora podemos ver su cuarta parte como una suerte de epílogo.. Bono es una escritora singular: novelas, libros de poemas, libros de poemas hechos con recortes de periódicos o un libro perequiano sobre su padre. Entre sus escritores de referencia está la húngara Agota Kristof y, por supuesto, Kurt Vonnegut. En alguna entrevista Bono ha explicado que hace tiempo decidió que sus protagonistas serían lectores, eso le permite hacer explícitos algunos de sus gustos, que le presta a Adela (el citado Vonnegut, Simic), y también explicar que el título es un homenaje-respuesta a la novela El mal de la muerte, de Marguerite Duras: «La risa contra el mal de la muerte. La risa contra todo mal», dice Adela.. Además de libros aparecen también canciones, versos que resuenan en la cabeza de Adela y a los que responde en su monólogo interior exteriorizado, algunas la acompañan en momentos determinados; a veces, le sirven para desarrollar reflexiones sobre el sentido de la vida, porque cuando se ve el final próximo uno empieza a preguntarse si ha aprovechado el viaje. «Tu corazón es como una piedra cubierta de musgo, nada le corrompe. Nunca escuches a Battiato [la cita es de Un irresistible reclamo, en Ábrete Sésamo] si estás un poquito triste, porque acabarás identificándote con todo lo que dice».. El mal de la risa es puro Bono, no solo por la gamberradilla de hacer que la palabra que cierre el libro sea «Bah», que ni siquiera es una palabra, sino por esa extrañísima y delicada mezcla de humor, crudeza y ternura que es la que le permite hacer ese retrato de la vejez y el deterioro físico y mental, de lo que supone ser cuidador y del ocaso de la vida sin endulzar ni moralizar, sin victimizar. Como diría Vonnegut, «es lo que hay».. Y así construye un personaje, Adela, que debería caernos mal, es un poco impertinente, a veces elige el conflicto pudiendo dejarlo pasar, etc., sí, y más cosas… pero a la vez, ¡qué divertida! ¡Y qué buen gusto con los libros y las canciones -cita hasta temas de Radio Futura y de El Niño Gusano-! Y sobre todo, qué bien construida está a través de ese pensamiento que se nos ofrece como bullendo a borbotones.. En El mal de la risa hay humor y costumbrismo y memoria y un poco de oscuridad, hay tristeza y muerte y amor y sexo y comida, es decir, todo lo importante de la vida. Es cierto que hay crudeza pero también muchísima ternura, en la relación entre Adela y su hermana, que parece basada en el clásico un poco de bofetón y otro de morreo, eso de donde hay confianza da asco, pero no exclusivamente ahí.. Se ve por ejemplo en la descripción que se hace de la foto de la portada en la novela: «Están en el campo. Supongo que han salido a pasear y al cabo de un rato se sentaron. Las mujeres arriba, Pili unos metros más abajo. Quizá no se sentó por gusto, quizá alguien dijo: ‘Pili, siéntate’. Y Pili, del susto, cayó de culo y todas rieron. […] La foto es una minúscula parte de una historia. La imagen suspendida en el tiempo».. Esa ternura con la que Bono mira y enseña no edulcora, sino que amplía la comprensión del ser humano y de nuestras vidas, pequeñas en la inmensidad, pero nuestras.. Tusquets. 272 páginas. 19,90 € Ebook: 10,99 €
La Lectura // elmundo
A través del personaje de Adela la escritora construye en El mal de la risa (Tusquets) un retrato de la vejez, del deterioro físico y mental y de lo que supone ser cuidador mediante una extrañísima y delicada mezcla de humor, crudeza y ternura Leer
A través del personaje de Adela la escritora construye en El mal de la risa (Tusquets) un retrato de la vejez, del deterioro físico y mental y de lo que supone ser cuidador mediante una extrañísima y delicada mezcla de humor, crudeza y ternura Leer
