Leonor y su marido, dos pintores dedicados a la docencia, no estaban a gusto. Alquilar a turistas su casa de Granada, bajo el nombre La casa de los pintores, les hacía sentir mal. Decidieron cambiar la explotación. Ya no es un Airbnb. Ahora es una residencia artística. En la web son menos explícitos. «Espacio Cartuja es un nuevo espacio creativo multidisciplinar cuyo objetivo es dar cabida a la creación artística contemporánea».. La casa aparece todavía en Booking. «Nos hace sentir mejor. El alquiler turístico es un mercado donde no se está bien emocionalmente. Es un intercambio. Estás ofreciendo algo sólo por dinero. Nos sienta mejor enfocarlo para el arte que hacer un simple negocio», comenta Leonor.. La casa de dos plantas acoge a los artistas en tres habitaciones. Cuenta con un «work space» -taller- y un «exhibition space» -espacio de exhibición-. «La capacidad turística es para 10 personas. En el ámbito artístico, ubicamos tres habitaciones. No hemos cambiado nada. Para la gente que no es artista es un parque temático. Está casi igual a cuando lo alquilábamos. Nos sirve igual, sin reforma, para residencia de artistas», añade Leonor.. A diferencia de las residencias artísticas clásicas, el negocio de Leonor y Eugenio es más parecido a un hotel: «Los costes del viaje, gastos de subsistencia, hospedaje y los materiales no están incluidos», avisan en la web. Para disfrutar de un mes a 300 euros por semana -en caso de solicitar una habitación individual- o 500 si es doble, los artistas deben pasar una selección. El proyecto decanta la posibilidad de trabajar pagando en La casa de los pintores.. «Nos mandan el dosier. Los criterios son subjetivos, aceptamos la temática que más nos interesa. Luego le ayudamos a exponer, o preparamos la presentación del libro, o le aconsejamos. Los artistas pueden venir becados por alguna institución, claro, pero siempre hemos trabajado de manera independiente», explica Leonor.. Es el nuevo nicho de negocio para artistas: hoteles para la creación. Si las residencias artísticas están pensadas para becar a los creadores en un espacio donde evadirse de los problemas cotidianos con la liberación de sus ideas en una producción sin interferencias -ni económicas ni prácticas-, cada vez es más frecuente encontrar ofertas de casas situadas en lugares recónditos con financiación propia. El eufemismo de pagar. La habitación propia de Virginia Woolf, pero con reserva. En España, según el Localizador de residencias y espacios para la producción artística de Europa, hay un buen puñado de hoteles con precios que alcanzan hasta los 500 euros.. O más. «Son colectivos que tienen una casa, un espacio, etcétera. Y tienes que pagar 1.000 euros cada 15 días en algunos casos. Es una manera de decir: ‘búscate la vida, esto es un hotel’. Que cada uno haga lo que quiera. El mundo del arte ya es muy precario como para tener que pagar además por una residencia artística. Es el colmo». Habla Estibaliz Sábada Murguia, artista contemporánea y doctora en Arte e Investigación. Su nombre está asociado a «una reflexión sobre la dificultad histórica de la relación de las mujeres con el espacio público», como puede leerse en su perfil en Tabakalera, otra incubadora de artistas.. «Este fenómeno ha crecido muchísimo en los últimos años. Los artistas están pagando ‘hoteles’. Ahí no se trata del talento». Cristina Megía. Varias becas han permitido a Sábada operar en residencias artísticas oficiales. «He estado dos veces en la Academia de España en Roma. Es un proceso muy transparente». Convocadas por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo -dependiente del Ministerio de Exteriores-, estas becas salen de la criba de cientos de candidaturas. «Seleccionan a 50 finalistas y de ahí salen los 19 becados, después de defender el proyecto ante los patronos. Durante la estancia en Roma tienes un sueldo de 1.000 euros y cuentas también con un dinero para producción. Todo tiene que estar bien detallado. Hay un máximo de 15.000 euros para compra de materiales, por ejemplo». Sábada participó en 2016 y en 2018.. También ha vivido becada en París, en Lleida, en Lanzarote o en Génova, e n la residencia de la Fundación Bogliasco, una antigua casona en la costa de Liguria que perteneció a los Biaggi. Leo Biaggi, el padre, dirigía una planta de procesamiento de azúcar mientras, como delegado de la Cruz Roja italiana, evitó la deportación de judíos, refugiándolos en Suiza. A su muerte, los tres hijos decidieron crear la fundación y ofrecer becas a «personas excepcionales».. Las becas han permitido a Estíbaliz proyectar su obra. «La Academia de Roma, por ejemplo, me ha abierto muchas puertas. Me ha posibilitado un intercambio. Una galerista se interesó por mi trabajo y tuve una exposición individual en Roma», explica. «Pero ahora de repente todo son residencias. Antes las instituciones te daban un dinero y trabajabas en casa, no tenías que irte a ningún sitio. Si ahora me tengo que ir a Córdoba y pasar cuatro meses viviendo allí sin beca, dada de alta como autónoma y fuera de mi vida, no me salen las cuentas. No merece la pena», critica.. Para Juli Mesa es diferente. Tiene 35 años, transiciona al género femenino y es poeta. Pasó 10 días en septiembre en La Reposera, la residencia de la Fundación Canarina, fundada con el «convencimiento de que es de vital importancia promover un cambio en la forma que tenemos las personas de relacionarnos con la naturaleza y con toda la vida que la integra, incluidas las propias personas». Está en la Finca Tamaide, un paraje recóndito de Santa Cruz de Tenerife. Juli acudió en un momento personal delicado: acababa de morir su padre y la empresa familiar donde trabajaba de secretaria -y escribía a escondidas- cerró. «Compartí residencia con una chica. El objetivo de esta residencia es habilitar sinergias y conversaciones. Quería aunar los escritos que llevaba este año:había escrito en un Word, durante las horas muertas de trabajo, y no había podido tener ese espacio para leerlos juntos».. A los pocos días, el trabajo pendiente siguió pendiente, pero algo cambio en Juli. «Mucho de lo que pasó fueron conversaciones con Dana [la otra autora] en torno a la idea de escribir y de una escritura fuera de la idea de la literatura. Escribir sin necesidad de pensar en un proyecto. Hubo una ola de calor enorme y no salimos mucho. Nos pagaron los vuelos, hicimos una compra de comida y teníamos 50 euros para material fungible. A cambio, nos pedían dejar una actividad en el entorno del pueblo e hicimos un fanzine con alumnos», resume Juli su experiencia. Aunque no llegó a las dos semanas, pudo rozar la sensación de tener resuelta la vida. «No tuve la idea de rentabilizar el trabajo. Era un punto de contemplación. De visión política. El espacio permite que cualquiera pueda dedicarse a la contemplación sin pensar en ganarse la vida, lo que te sirve para desarrollarte como artista».. «¿Pagar por exponer? No. ¿Pagar por residencia? Puede. Hay abusos tremendos y ciertas plataformas no hay que pagarlas». Jorge de la Cruz. Codirector de Lab of Experimental Art. A los 25 años, la artista Cristina Megía, que era una pintora una sevillana de Castilla-La Mancha sin estudio y sin trabajo, envió una carta a la Fundación de Antonio Gala en Córdoba para solicitar su admisión en la primera promoción de la residencia artística. «Era un folio escrito a boli. No era una estrategia. Fue pura ingenuidad, pura inocencia. Conté mi situación, lo que significaba para mí la pintura y lo que hacía a diario». Y la aceptaron. «Era como un sueño, imagínate. No tenía un duro y de repente tenía una habitación, estudio, materiales, desayuno a las nueve, comida a las dos, cena y la ropa limpia los viernes. Sin gastos. Sentí que era una oportunidad enorme».. Cristina Megía, autora, por ejemplo, del retrato institucional del alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, empezó a entender su arte como una profesión. «¿Cómo se mide mi experiencia de manera concreta? No lo sé. Tengo amigos que se han quedado desde entonces. Nos insistían en que la residencia no era un trampolín, que no había ninguna expectativa comercial. La idea era olvidarse de las facturas y trabajar. A nivel profesional no sé qué me ha dado, porque no es como llegar a Hollywood, pero a nivel personal fue un crecimiento enorme a raíz de las miles de conversaciones y de estar con Antonio Gala».. La precariedad es el concepto bumerán: siempre vuelve. «El precario y la sensación de inseguridad son continuas. En 2008 y 2009 mis amigos avanzaban y yo no. Dejas de hacer planes como ir a una casa rural porque no tienes dinero. La crisis nos devolvió a hacer paellas en las azoteas y a buscar proyectos alternativos». Por eso, le resulta raro optar a una residencia artística con el dinero propio. «Es algo que ha crecido muchísimo. Los artistas están pagando hoteles. Ahí no se trata del talento».. Jorge de la Cruz, codirector de LEA (Lab of Experimental Art), defiende la residencia sin beca. LEA es un proyecto de mecenazgo apoyado por el Ayuntamiento de Madrid. «Buscamos la diferenciación con las residencias clásicas y lo llamamos estancia», explica. «Damos impulso con una estancia de como máximo un año y medio. No queremos que se acostumbren a vivir con nosotros como en casa de los padres», bromea. «Es una cuestión de acompañamiento. Los incluimos en expos nacionales, en galerías internacionales, hacen currículum con nosotros y, al cabo de un tiempo, se van», dice, y advierte:«La gratuidad es peligrosa. El artista está muy confundido por ayuntamientos y diputaciones. ¿Pagar por exponer? No. ¿Pagar por residencia?Puede. El artista piensa que si paga le están tomando el pelo, y no es así. Hay abusos tremendos y ciertas plataformas no hay que pagarlas».. Hay una solución para los artistas sin beca que solo tienen plaza en los hoteles. El modelo de Acción Cultural Española, la sociedad mercantil que depende del Ministerio de Hacienda, busca colaboraciones con las residencias pequeñas. «Proponen una serie de proyectos. Nuestro jurado los examina, puntúa y ofrece un presupuesto», explica Inma Ballesteros, directora de programación de ACE, que invierte 200.000 euros en las residencias nacionales. «Nuestro acuerdo es con la residencia. Nuestra naturaleza jurídica impide dar becas a las personas».. Ballesteros habla de lugares interesantes. Los relaciona con la España vacía. «Son espacios que están en el interior del territorio. Para que lleguemos a estos espacios deben optar a la convocatoria los impulsores de las residencias». ACE ofrece, además, intercambios con países y residencias internacionales. Puede que en algún lugar se esconda, por ejemplo, un Premio Nacional. Alguien tan a la intemperie que no tiene ni beca. «Nuestro acuerdo de residencia internacional con Angulema, Francia, permitió a Bea Lema, Premio Nacional de Cómic en 2024, desarrollarse. Apoyamos a jóvenes, autores emergentes y primeras firmas».
La Lectura // elmundo
Muchos espacios privados ofrecen el aislamiento y la estimulación creativa de las becas oficiales. A cambio de dinero. «El artista está confundido por ayuntamientos y diputaciones» Leer
Muchos espacios privados ofrecen el aislamiento y la estimulación creativa de las becas oficiales. A cambio de dinero. «El artista está confundido por ayuntamientos y diputaciones» Leer
