Tratábamos la semana pasada de Alfredo Alvar y su reciente Cervantes. La verdad del hombre a través de sus documentos (La Esfera de los Libros). El acopio que Alvar ha hecho de papeles, probanzas, cédulas, testimonios o requerimientos es formidable, un trabajo de archivero a prueba de desalientos. Este libro, nos recuerda Alvar, es de hechos probados, ni un paso más, parándoles los pies a cuantos pensando en Cervantes ponen a volar las mariposas de su imaginación, amaestradas por supuesto.. Aquí figuran sus propias investigaciones y las de sus colegas en pesquisas pacientes, coronadas a veces por insólitos eurekas. Entre estas últimas, las del muy cervantino José Cabello, el primero en advertir que astillero («de los de lanza en astillero») no era, como se había creído durante demasiado tiempo en el Estado Mayor del cervantismo un armario para guardar armas (lo dibujaron incluso), sino algo más simple: lo que está listo para ser usado («de los de lanza en ristre»). ¿Y en qué se ha modificado la idea que se tenía de Cervantes hasta ahora? En algunos pocos, pero muy significativos, matices.. Costó décadas convencer a los mitómanos de que Cervantes no era un «espíritu lego» a quien, escribiendo el Quijote, le había sonado la flauta por casualidad. Bien al contrario: fue alguien con un bagaje cultural tan escogido como admirablemente asimilado. Costará décadas quizá admitir que Cervantes ni era un pobre de pedir ni alguien atenazado por la miseria. «La tupida red de relaciones sociales necesarias entre hombres de negocios, gentes cercanas al poder y «peritos» en materias financieras era espectacular», nos dirá Alvar refiriéndose a nuestro escritor. Sí, Cervantes fue un hombre de negocios con unos conocimientos de las finanzas tan sofisticados como los de un banquero, lo que le permitió vivir con desahogo tanto como peligrosamente. La cárcel le cerró las puertas de la Administración, para la que había trabajado como abastecedor y recaudador, pero no, cuando salió de ella, como avalista, las de los trapicheos y combinaciones: sí, le gustaba el dinero, sabía cómo hacerlo producir y con qué personas principales codearse y contar.. «Sin la vida de Cervantes, su obra seguiría siendo lo que es, pero agradecemos a quien la investiga. Cuanto más la conocemos más milagrosos parecen sus escritos». Los éxitos literarios de sus últimos diez años (principalmente del Quijote) le dieron un buen pasar social, pero no bastaron ni para hacerle rico ni para asegurarle un lugar en el Olimpo. Alvar lo refiere de un modo categórico: «Digo que al día siguiente de echarle tierra, el mundo se olvidó de él» (y reconoce que el documento a su juicio más importante no ha aparecido aún: su testamento). Este olvido ha sido causante de la dificultad de reconstruir su vida de un modo fiable.. Se sabe poco de ella (algo nos lo contó el propio Cervantes en algunos de sus prólogos; un poco también se deduce de los pasajes más autobiográficos de sus ficciones y otro mucho gracias a los alvares y cabellos). Por eso no es exagerado afirmar que sabemos infinitamente más y de modo más firme de don Quijote que de su autor. Y eso es lo que ha llevado a muchos a fantasear sobre su vida. Aun incurriendo en algunas deducciones aventuradas, Alvar reconoce el trabajo de los grandes: Rodríguez Marín, Astrana Marín y Martín de Riquer, cuya estela han seguido Florencio Sevilla, Lucía Mejías o el propio Alvar.. «Cervantino», dice muy pobremente el drae, es lo relativo a las obras de Cervantes. Lo cervantino excede, sin embargo, lo literario como sinónimo de discreción, humanidad y humor honesto y vago, y podrían los académicos añadir esta acepción a la definición de cervantino. Y cervantino lo es también Cervantes en grado sumo: alguien que si a veces presume de algo (el único defecto que vio en él Azorín), jamás se quejó ni dio la tabarra a nadie con sus lástimas, pudiendo haberse quejado como el que más. Alguien que trató a sus personajes, incluso los antipáticos, como hubiera querido ser tratado él mismo, pues siendo a menudo malicioso (porque era inteligente) jamás llegó a ser malvado (como lo fueron Lope, Quevedo o Góngora).. Sin la vida de Cervantes, sus obras seguirían siendo lo que son, pero agradecemos a quienes se han dejado la suya indagando aquella. Cuanto más conocemos de ella más milagrosos e inexplicables nos parecen sus escritos.
La Lectura // elmundo
Este libro, nos recuerda Alvar, es de hechos probados, ni un paso más, parándoles los pies a cuantos pensando en Cervantes ponen a volar las mariposas de su imaginación, amaestradas por supuesto Leer
Este libro, nos recuerda Alvar, es de hechos probados, ni un paso más, parándoles los pies a cuantos pensando en Cervantes ponen a volar las mariposas de su imaginación, amaestradas por supuesto Leer
