Es muy fácil distinguir a los estadounidenses dentro del Museo del Prado porque son los que llevan gorra. Alva Noë (Nueva York, 1964) se quita sin embargo la suya para hablar con nosotros, como para destapar el tarro de sus esencias filosóficas. Como Ben Stiller en Noche en el Museo, Alva Noë se ha encerrado un mes en el Museo del Prado para ver si su filosofía cobraba vida en Goya, Velázquez y El Bosco.O más en concreto, si ellos cobraban vida en nosotros, sus visitantes. Si este profesor en la Universidad de Berkeley tiene razón y la mente no está en el cerebro, la veríamos vagando como un espíritu por los pasillos del Museo a través de la belleza. A ver si es verdad.. Empecemos al revés, ha pasado un mes en el Prado observando cómo miramos el arte. ¿Qué cree que verían Velázquez o El Bosco si pudieran observarnos ellos a nosotros, los visitantes del siglo XXI?. Esa es una gran pregunta. Los artistas crean sus obras y luego estas siguen su propio camino, viven su propia vida, y los artistas tienen poco que decir sobre ello. ¿Podría haber imaginado Velázquez que los cuadros que pintó para la realeza serían algún día propiedad del pueblo, y que él, Tiziano, Rubens y Goya colgarían juntos en un palacio moderno visitado por, literalmente, millones de personas normales y corrientes cada año? Ni de lejos. Una de las cosas que olvidamos es que mirar arte es difícil. De hecho, está hecho para ser difícil. Ver lo que sucede en un cuadro de Velázquez requiere concentración, esfuerzo, inteligencia, curiosidad y paciencia. Y el cuadro cambia mientras lo miras: se enfoca, se revela. Lo que hacen el Prado y otros museos es crear un lugar donde eso pueda ocurrir, un espacio en el que la gente tenga la libertad de mirar. Sospecho que Velázquez y los demás se sentirían profundamente agradecidos de ver sus obras vivas, creciendo y cambiando de esa manera.. En su libro Strange Tools usted sostiene que el arte no es solo representación, sino también investigación. ¿Podemos decir que los artistas piensan con los materiales igual que los filósofos con las ideas?. ¿Qué hacen estos artistas? ¿Por qué nos importa? ¿Qué logran? Es verdad que crean imágenes, pero… hay muchísimas. Y cómo es posible que podamos mirar la misma imagen una y otra y otra vez, y seguir encontrándola interesante o fascinante. ¿Qué está pasando ahí? ¿De qué están hechos realmente sus trabajos? Sí, de pintura, pero también de ideas, de materiales, y del hecho de que nosotros mismos también somos seres materiales. Así que, de algún modo, creo que las obras de arte arrojan luz sobre la naturaleza de lo humano.. ¿Y qué nos enseñan del mundo?. Creo que todo arte -música, performance, pintura- nos permite sorprendernos del acto mismo de volvernos conscientes. Cuando entras en una galería al principio no hay nada: solo un objeto colgado en la pared. El otro día, por ejemplo, fui a ver el concierto de Radiohead: al principio es solo ruido, tienes que enfocarte, sintonizar. El arte te permite sorprenderte mientras haces eso. Y en realidad hacemos eso constantemente en la vida. Cuando conozco a alguien cultural o políticamente distinto de mí, o más joven, más mayor, trans, lo que sea, necesito conectar, necesito verlo, si quiero. No diría que el arte nos enseña a hacer eso, pero sí es un entorno en el que podemos cultivar esa capacidad de ver -y cuando digo ver me refiero a percibir, en general.. Usted afirma que el arte interrumpe nuestras rutinas perceptivas. ¿Qué significa eso?. Una de las cosas interesantes del arte es que siempre es más, y que se resiste las etiquetas. Ves el cuadro, lees el título, y no te da la respuesta: tienes que pasar tiempo averiguando qué es. En cierto modo, se niega a definirse, se niega a resumirse. Así que, para ver la obra, tienes que cambiar tú mismo, interrogar tus propias expectativas. Esa es la disrupción: no puedes confiar en el hábito. No basta con decir «ah, la Virgen María, ya sé». Si miro un El Greco, tengo que reorganizarme por completo para poder verlo. Y eso es productivo.. ¿Y el arte contemporáneo sigue cumpliendo ese papel de despertar perceptivo?. Sí, absolutamente. Incluso más que el arte del Prado, porque las obras antiguas dependen mucho del contexto histórico, mientras que con el arte contemporáneo compartimos contexto. Los artistas trabajan directamente con nosotros. Pero es difícil: la gente quiere seguridad, que le digan «esto es bueno, esto vale la pena, te debe gustar». Con el arte contemporáneo no se puede, porque no lo sabemos aún. Tienes que decidir tú.. Ya que estamos en el Prado, ¿hay alguna obra o artista que nos enseñe especialmente a mirar?. He visto dos. La primera La Anunciación de Fra Angelico. Es una pintura alucinante, su contenido religioso es muy poderoso. Y vi algo que nunca había visto antes: gente rezándole al cuadro, allí mismo, en la sala. Fue muy impactante. Esa pintura es todo un universo de ideas sobre el pasado y el presente, lo divino y lo mundano, lo geométrico y lo emocional. Si te acercas con la mente y el corazón abiertos, cambia ante tus ojos. Otro ejemplo serían unos cuadros de Jan Brueghel el Viejo, hechos en colaboración con Rubens, llamados Los cinco sentidos. Cada uno es una forma de exploración de un sentido. En el del tacto, por ejemplo, aparecen herramientas, armaduras, obreros trabajando… pero también pinturas de pinturas, porque los artistas reflexionaban sobre el propio arte. Recomiendo a cualquier visitante del Prado que los vea.. «La historia del arte es la historia de nosotros. Cambiamos, evolucionamos. Cuando alguien pregunta ‘¿existe la inteligencia artificial?’, respondo: nosotros somos la inteligencia artificial». . Si pudiera invitar a un pintor a hablar sobre conciencia y arte -Velázquez, Goya, Duchamp o Warhol-, ¿a quién elegiría y de qué cree que hablarían?. Los artistas son misteriosos. No creo que ni siquiera ellos sepan realmente lo que hacen, o qué es eso tan importante que hacen. Pueden tener mucho que decir, pero su obra sigue siendo un misterio incluso para ellos mismos. El artista cuya obra modeló de manera más directa mi interés, fascinación y sed por la percepción es Cézanne. Él comprendió que pintar es hacer un experimento con la conciencia, y también cambiar el mundo. Pero todos los artistas hacen eso, en mayor o menor grado.. El arte y la manera de percibirlo han evolucionado a lo largo de los siglos. ¿Eso ha supuesto una evolución o una involución de la conciencia humana?. Trato ese tema en Strange Tools, pero lo desarrollo más en mi libro The Entanglement, que saldrá en España el año que viene. Creo que lo que los artistas crean realmente es a nosotros. La historia del arte es la historia de nosotros. Cambiamos, evolucionamos. Cuando alguien pregunta «¿existe la inteligencia artificial?», respondo: nosotros somos la inteligencia artificial.. ¿Puede el arte considerarse una forma de conocimiento al mismo nivel que la ciencia o la filosofía?. Creo que el arte no nos da conocimiento. El arte nos cambia. No responde nuestras preguntas: nos da preguntas nuevas, y nos ayuda a ver las que estaban ocultas detrás de lo que creíamos saber. En realidad, la filosofía se parece más al arte que a la ciencia. Los filósofos, como los artistas, experimentan, y el valor de sus experimentos no está en enseñarte la verdad, sino en cambiar la manera en que ves lo que ya sabes. El arte y la filosofía son hermanos.. ¿Cree que hemos desaprendido a mirar, especialmente la gente joven, por culpa de las pantallas?. Todos los padres estamos preocupados con eso. Mi hija acaba de cumplir 14 años y ya tiene su primer móvil. Esperé hasta los casi 14 porque quería que aprendiera a mirar el mundo antes de mirar a través de un teléfono. Mirar es más difícil de lo que creemos. Pensamos que abrimos los ojos y ahí está el mundo, pero en realidad la mayor parte del tiempo no vemos nada: vamos de un sitio a otro sin mirar. Cultivar el interés por dejar que lo que está ahí se nos presente y nosotros presentarnos ante ello no es algo biológico, es algo espiritual, cognitivo, personal. Hay un dicho que cito en The Entanglement: «Si quieres ver algo nuevo, camina todos los días por el mismo camino». Mira, vuelve a mirar, mira otra vez. Y el arte es el lugar donde aprendemos eso. Las pantallas, en cambio, nos enseñan a hacer clic, deslizar, clic, deslizar… Es como si buscáramos la satisfacción de haber visto sin ver. Las pantallas son algo peligroso, pero no van a desaparecer. Tenemos que aprender a convivir con ellas. Quiero que mis hijos disfruten de un texto corto, pero también de una novela; de un vídeo de YouTube de un minuto, pero también de una película de Almodóvar que exige atención. Además, hoy en día la gente fotografía todo: la cena, el cuadro, incluso un beso. ¿Por qué? ¿Qué necesidad hay? ¿Es evasión o una nueva forma de ser conscientes? Aún no tenemos el veredicto.. Si la mente no está en el cerebro, ¿qué tipo de ciencia necesitamos para estudiarla: biología, filosofía, teología?. Todas. El arte es nuestra forma de conocernos, no mediante información científica, sino mediante comprensión intuitiva. La ciencia debería mirar un poco de arte para entendernos. Los seres humanos somos como obras de arte: no somos fijos ni estables. La ciencia necesita objetos definidos, pero nosotros cambiamos continuamente, y al preguntarnos por nosotros mismos cambiamos más. Por eso no hay un Darwin, ni un Watson y Crick, de la mente humana. Eso revela que la conciencia no es fija: está siempre en un devenir. No es mágica, pero tampoco puramente natural. Es el trabajo que hace un ser vivo para relacionarse con su mundo, y depende del cerebro, del cuerpo, del entorno y de la cultura.. Esa expansión inmaterial del cerebro, ¿sería el alma?. En mi tradición intelectual no suelo usar la palabra alma, pero últimamente he empezado a pensar que quizá sea la palabra adecuada. Pero para mí el alma está encarnada: no es material, pero tampoco existe sin cuerpo. No hay alma sin cuerpo. Y no soy teólogo, así que debo ser prudente. Una de mis ideas es que no somos estáticos: estamos llegando a ser. Nos hacemos a nosotros mismos, en acción y en comunidad: familia, amigos, país, quizá iglesia. Somos más que cada uno de nosotros por separado.. Nuestra capacidad tecnológica y las fake news no nos están poniendo fácil lo de aprender a mirar.. La tarea de todo ser humano es estar presente. Permitir que el mundo se nos muestre, y eso no viene gratis: hay que trabajarlo. La verdad es muchas cosas, porque está conectada a historias: poéticas, míticas, fantásticas… y todas contienen verdad. Pero lo fundamental es mostrarse, sintonizar, relacionarse con el mundo. Debemos luchar contra la propaganda y los mecanismos de control que nos impiden hacerlo.. En Out of Our Heads invita a «salir de nuestras cabezas», pero no sé qué hay en ellas viendo el debate político actual. ¿Cree que el mundo necesita con urgencia una especie de terapia de fuga mental?. Vivimos en un mundo en crisis. No hay duda. Guerras, pandemias, inflación, desastre climático, migración. Convivimos con el miedo, y el miedo nos lleva a tomar malas decisiones. Lo que defiendo en el libro es que ya estamos, y siempre hemos estado, fuera de nuestras cabezas, en el sentido de que somos lo que somos, como individuos, en comunidad. Creo que son estas las que necesitan terapia. Hablando como estadounidense, y refiriéndome solo a mi propia sociedad, es más importante que nunca mirar a nuestros conciudadanos con amor, aprecio y amabilidad, y trabajar para transformar el miedo en una sensación de seguridad y posibilidad.. Si la inteligencia artificial aprende a ver, hablar y crear arte, ¿eso es percepción o simulación? ¿Qué le falta para que surja una conciencia verdadera?. Lo fundamental es recordar que la inteligencia artificial es una herramienta. Un instrumento nuestro. La hemos hecho para jugar a nuestros juegos. No inventa los suyos. Habla nuestro idioma, hace arte para nosotros, traduce para nosotros, nos sirve. Toda la inteligencia, la creatividad, el significado y el valor son nuestros. No hay más mente dentro de una inteligencia artificial que dentro de mi lápiz.. Sostiene que la conciencia es algo que hacemos, no algo que tenemos. ¿Pero no sé qué tipo de conciencia estamos haciendo rodeados de notificaciones, algoritmos y asistentes virtuales que parecen conocernos mejor que nosotros mismos?. Planteas una pregunta importante. ¿Es posible estar totalmente dispersos cuando estamos totalmente conectados? Sí. Y no hay duda de que los nuevos medios están cambiando nuestros hábitos de atención, imponiendo nuevos límites a nuestra paciencia. ¡Los jóvenes encuentran las películas muy largas! Nos hemos acostumbrado a esas dosis breves, intensas y rápidas de noticias, sabiduría o ingenio. Y los asistentes de IA que completan nuestros pensamientos contribuyen a la aceleración imparable de casi todo. También resulta alarmante que esas notificaciones y algoritmos sean creados y difundidos por personas que no necesariamente tienen en mente nuestros mejores intereses. Al mismo tiempo, hay motivos para cierto optimismo. Es verdad que todo lo nuevo no deja de ser una reinvención de lo que vino antes. Hubo una época en que se pensaba que la televisión nos arruinaría. Y mucho antes la gente se preocupaba por los efectos a largo plazo de la escritura. Así que quizá los jóvenes encuentren maneras de controlar estas nuevas formas de conectividad para que sean realmente eso: fuentes de conexión, amistad y comunidad. ¿Qué sería de nuestras vidas sin la escritura? ¿Sin televisión? ¿Sin mensajes de texto? ¿Sin inteligencia artificial? Son preguntas importantes en las que vale la pena pensar.. Después de tanto tiempo reflexionando sobre la percepción, ¿queda algo que pueda mirar sin analizar? ¿Va al supermercado en plan experimento filosófico?. Toda experiencia, por ordinaria, rutinaria o banal que parezca, es una oportunidad para descubrir. Una hoja que cae en la cuneta. Una taza sobre la mesa. Un viaje al supermercado. En cada experiencia hay siempre más si prestamos atención. Pero no siempre puedes hacerlo: a veces hay que concentrarse en la tarea inmediata -elegir el cereal de desayuno correcto, en lugar de contemplar la belleza de las diferentes opciones-. De eso trata el arte: de trabajar en esa frontera, de hacer más presente lo que ya está ahí. Pero no hace falta ser artista, ni filósofo, ni neurocientífico para apreciar todo lo que hay a nuestro alrededor y que normalmente pasamos por alto.. Y la última: si tuviera que resumir su proyecto filosófico en una sola pregunta, ¿cuál sería?. Esta es la pregunta más difícil. Déjame pensar… Bueno, improviso. Lo primero sería: ¿qué es un ser humano? Pero enseguida: ¿qué es el mundo? Porque un ser humano tiene un mundo. Y otra pregunta: ¿qué es el amor? Si tengo razón en que la conciencia es el trabajo de crear relaciones, entonces eso es amor. Quizá el trabajo de la conciencia sea el trabajo del amor. Decimos que caminamos por la vida sin ver, porque para ver hay que entrar en relación: con tu pareja, tu hijo, el teclado, el cuadro o la persona frente a ti. Le das un poco de ti, y entonces aparece. Antes no estaba. Es un amor breve, pero real. Así que mi trabajo trata de la conciencia, de lo humano y del amor. Y mis preguntas serían: ¿qué relación hay entre ser, conciencia y amor?
La Lectura // elmundo
Entre Velázquez, El Bosco y Goya, Noë reflexiona sobre cómo el arte nos cambia, interrumpe nuestras rutinas perceptivas y revela que la conciencia es, ante todo, una forma de relación: «Los artistas son misteriosos. No creo que sepan lo que hacen» Leer
Entre Velázquez, El Bosco y Goya, Noë reflexiona sobre cómo el arte nos cambia, interrumpe nuestras rutinas perceptivas y revela que la conciencia es, ante todo, una forma de relación: «Los artistas son misteriosos. No creo que sepan lo que hacen» Leer
